Editorial: Río 2016, una oportunidad para el mundo

Los Juegos Olímpicos son una oportunidad para que Brasil muestre ante el mundo sus virtudes
Editorial: Río 2016, una oportunidad para el mundo
Un grupo de samba baila en la calle a la espera de la llegada de la antorcha olímpica a Río.

A horas de la apertura de los Juegos Olímpicos, los testimonios desde Río de Janeiro se repiten: no hay mosquitos, no se ve ni se siente el crimen callejero, las sedes se ven espectaculares, y todo lo que se hablaba por semanas acerca de los peligros de la sede olímpica era, claramente, muy exagerado.

Por supuesto, la ciudad de Río de Janeiro y sus autoridades van a tener que jugar su mejor partido a partir de ahora y por los siguientes 17 días, en los que el mundo asistirá a los Juegos Olímpicos con miles y miles de visitantes, y miles de millones de seguidores a la distancia a través de los medios de comunicación.

Se puede establecer que la mala imagen que se ha pintado acerca de Río de Janeiro y, en general, de Brasil, responde a un pobre trabajo de relaciones públicas del país amazónico, que no supo defenderse de las críticas ni tampoco respondió con acciones vigorosas a tiempo ante temas preocupantes como el de las aguas contaminadas en sedes de deportes acuáticos.

Pero también es cierto que, como ha sucedido otras veces en ciudades sede de los Juegos o Copas del Mundo de fútbol, los temores y escepticismo se disparan y crean un mal entorno.

Es justo indicar que todos los países del mundo que se atreven a organizar eventos gigantescos como unos Juegos Olímpicos tienen sus propios problemas y retos. Pero los Juegos mismos se presentan como una oportunidad; una oportunidad para que Brasil muestre ante el mundo sus virtudes y no solo sus defectos.

Y sin duda que el gigante sudamericano, apenas el segundo país de Latinoamérica en recibir unos JJOO, tiene muchas cosas buenas que compartir con los demás países del mundo.

Río 2016 es, asimismo, una oportunidad para la sociedad internacional; una oportunidad para que al menos por los siguientes 17 días el deporte, el esfuerzo noble de los competidores cuando no se hace trampa, el entusiasmo y la ilusión de los aficionados, el color del movimiento olímpico con sus principios originales y la gloria del triunfo, le den al mundo un respiro en tiempos de violencia extendida y odio y tensión por distintas regiones del planeta.

Ése es el poder del deporte: es capaz de inspirar a la gente y unir a los pueblos. Que Río 2016 sea una verdadera fiesta, una que el planeta Tierra necesita.

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