¿Por qué mataron a mis niñas?

El asesinato de madre e hija se suma a la ola violenta en Long Beach
¿Por qué mataron a mis niñas?
La abuela y el padre de la menor asesinada abrazan con dolor la cobija que era de la pequeña Jennabel.

“¿Por qué mataron a mis niñas?” es la pregunta que lanza Bertha Gámez, entre gritos de dolor y desesperación.

Gámez es madre de Carina Mancera, de 26 años de edad y abuela de la pequeña Jennabel, de 4 años de edad. Ellas fueron asesinadas a balazos el sábado por la noche frente a su hogar de Long Beach, cuando regresaban del supermercado.

“¡Mis niñas! ¡Ay, mis niñas!”, dice sin hallar consuelo. “Ellas no merecían morir”.

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Imagen de las víctimas. / Jorge Luis Macías

El asesinato de madre e hija se suma a las más de 40 muertes ocurridas en los últimos 12 meses en Long Beach.

La balacera ocurrió a las 10:20 p.m., en la intersección de la calle 9th y la Avenida Locust. Carina murió en la escena y su hija en un hospital.

“Hasta el momento se desconocen los motivos del ataque”, dijo Nancy Pratt, portavoz del Departamento de Policía de Long Beach. “No tenemos informacion disponible de ningún sospechoso”.

En el humilde departamento de sus suegros, Luis Anaya, se recargaba en el hombro de la madre de la que fue su esposa. Ambos sostenían en sus manos las mantas con las que cubrían del frío a la pequeña Jennabel.

Sin más lagrimas que derramar, Bertha Gámez repetía: “Mis niñas, ¿Por qué me las quitaron?”. El drama y la pesadilla que vive esta familia latina ha conmovido a los residentes de Long Beach.

Luis Anaya, el ahora viudo se tapaba el rostro que denotaba la hinchazón de sus ojos. No da crédito a la pesadilla que vive.

“Acabábamos de venir del mercado; ellas se me adelantaron cuando yo abrí el carro y escuché los gritos cuando escuché los disparos”, dijo a La Opinión. “Yo pensé que se trataba de una bomba”.

Anaya dijo que cuando volteó alcanzó a gritarle al asesino y también le tiró balazos a él, aunque no lo hirió. “¿Por qué no pude defenderlas?”, lamentó.

Aunque no pudo identificar al solitario tirador ni el automóvil en que huyó, dijo: “creo que era un afroamericano; en esta zona no hay cholos [pandilleros] ni nada”.

Luis, nacido en Long Beach relató que conoció a su esposa por medio de la familia de ella. “Siempre estaba feliz, me cuidaba y me decía no comas esto o lo otro porque soy diabético”, dijo. “Yo nunca le hacía caso”.

A todas horas, en la esquina de las calles 9th. y Locust la gente acudía a depositar flores, veladoras y globos en memoria de Carina y Jennabel.

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Residentes del lugar se acercan a dejar flores y veladoras al altar donde Carina y Jennabel fueron asesinadas.

Entre lágrimas, la vecina Itzia Vargas, originaria de Michoacán, México, dijo que la violencia y muerte en Long Beach “es inaudita y las autoridades tienen que hacer algo para controlar lar armas”.

“Mi hijo Bryan me avisó de estas muertes y está conmocionado porque apenas acaba de ser papá”, comentó. “Me duele saber de estas muertes, porque, aunque no son parte de mi familia es raza de uno…Aquí ya está peor la situación que en México”.

Los abuelos de la pequeña Jennabel no pueden ocultar su dolor por la pérdida.
Los abuelos de la pequeña Jennabel no pueden ocultar su dolor por la pérdida.

Aumenta la criminalidad

En los reportes anuales del índice de criminalidad en toda la ciudad, el Departamento de Policía de Long Beach se destaca un total de 30 asesinatos se cometieron en 2012; 28 en 2013; 23 en 2014 y 36 en 2015.

Sin embargo, hasta el 8 de agosto de 2016 se suscitaron 19 asesinatos, -incluidas las muertes de Carina Mancera y su hija Jennabel-. También, en los primeros seis meses de este año se registraron 109 violaciones sexuales, 540 robos y 744 asaltos agravados.

Aunque en los últimos 42 años la ciudad de 469,428 habitantes, donde 42.1% son hispanos, 28.7% blancos, 12.9% afroamericanos y 12.4% asiáticos, experimentó el número más bajo de crímenes violentos -incluido los asesinatos- en los últimos 12 meses la delincuencia en general ha aumentado 5.3%.

Las estadísticas, sin embargo, no significan nada para Ignacia Murguía, quien afirmó que su hijo Agustín Murguía Jr.,  fue abatido a tiros a sus 22 años por un equipo de tácticas especiales en octubre de 2005.

“Yo sé el dolor que se siente perder a un hijo”, declaró la mujer vecina de Bertha Gámez. “A mi hijo me lo mató la policía”. Agustín, un presunto pandillero que se encontraba en libertad condicional mató de un disparo a “Ranger” un perro policía, antes de morir a manos de los agentes.

Ayer, Luis Anaya y sus suegros acudieron a la morgue donde se encuentran los cuerpos de Carina y Jennabel, aunque no saben cuándo se los entregarán para darles cristiana sepultura.

“Me robaron a mis dos más grandes tesoros”, dijo Luis. “No lo puedo creer…Me han destruido la vida…Imagínese ¿Qué voy a hacer en una casa sola y sin ellas?”

Aboga por ayuda de la comunidad

Hoy Luis Anaya busca apoyo de la comunidad para sepultar a sus familiares. Si deseas dar algún donativo visita la pagina de GoFundme en https://www.gofundme.com/Jennabel-Carina. Hasta hoy se han recaudado $16,500 de los $25,000 que necesitan.

Piden cooperación de testigos presenciales

Los detectives Scott Lasch y Michael Hubbard, quien están a cargo del doble asesinato de madre e hija, creen que había gente en la zona que pueden haber sido testigo del incidente y están alentando a todas las personas con información a colaborar con la investigación.
Las personas que llaman pueden permanecer en el anonimato. Por favor, póngase en contacto al (562) 570-7244. De forma anónima se puede dar informacion llamando al 1-800-222-TIPS (8477), enviar mensajes de a TIPLA, además de CRIMES (274637) o visitar www.lacrimestoppers.org.