Solteras a los 40… ¿y felices?

Lo que las mujeres de 40 y más valoran de no haber encontrado todavía al "príncipe azul"
Solteras a los 40… ¿y felices?
Después de los 40, las mujeres toman con mayor pausa el asunto de buscar al hombre ideal.

Bien sea porque así lo prefieres o porque no ha llegado la pareja de tus sueños, lo cierto es que estar soltera tiene sus ventajas.

Mucho se habla de que con el pasar de los años, el asunto de la soltería se complica en vista de que se tiende a ser más exigente con esa persona cuya compañía anhelas. La lista de “requisitos”, fuera de acortarse, se alarga.

En este grupo -aunque para muchas estar sin pareja después de los 40 años puede ser motivo de frustración- hay mujeres que optan por dejar atrás la desesperación por encontrar a esa otra mitad. ¿Será porque han tirado la toalla? ¿O porque genuinamente prefieren estar solas?

Según los expertos en la conducta humana, mientras más tiempo pasa más te vas aferrando a la libertad, a la independencia de tomar decisiones sin consultar con alguien y menos dispuesta te muestras a tolerar “los defectos” de los posibles candidatos.

Una de nuestras entrevistadas, Vanessa Berríos, reconoce que a sus 44 años toma con mayor pausa el asunto de buscar al hombre ideal: “A estas alturas de mi vida soy más cautelosa. Los hombres de hoy día a la primera te dicen ‘no compromiso, no romance, no relación, solo amistad’. Ya sabemos qué clase de amistad. Ya no estoy para eso. Y aclaro, tampoco es que lo conozca hoy y ya quiera algo serio y casarme mañana, porque sé que hay que darse tiempo”.

La mujer, que nunca se ha casado, añade que “hay muchas cosas que no permitiría y a lo mejor eso está influyendo en que siga soltera. Para muchas personas serían tonterías, pero para mí no son negociables, como por ejemplo, no me gustan los hombres que tomen bebidas alcohólicas al extremo y, para colmo, que se pongan violentos o payasos. Tampoco que sea fumador, ni que sea un vegetal, que no haga nada con su vida”.

mujer madura

De estar soltera disfruta “que cocino cuando quiera y lo que quiero, por ejemplo. Hago los quehaceres del hogar cuando me plazca, a veces no me preocupo por mi aspecto; me encanta la libertad de hacer lo que quiera cuando quiera y como quiera. Si me quiero consentir comprándome algo, lo hago, no tengo que consultarlo con nadie”.

También, le encanta el asunto de no dar explicaciones, “porque por más confianza que haya en la pareja siempre hay ese compromiso de que debes ser considerada y hacerle saber a tu pareja en dónde estás y qué planes tienes. Hay que hacerlo partícipe de las decisiones que tomes en la vida porque en cierto modo lo puedes llegar a afectar”.

Feliz de comparar

Elaynne Irizarry estuvo casada por nueve años. Hace siete que vive su soltería, tras enterarse de la infidelidad del hombre.

Y aunque no imaginaba estar sin pareja a sus 40 años, reflexiona que “me dedico más tiempo. Pienso más en mí. Incluso se me hace hasta fácil porque no le tengo que cocinar a nadie, no tengo que estar pendiente a hacer cosas por esa persona, quizás para que se sienta bien o para ayudarlo. Si salgo, salí y se acabó. No tengo que dar explicaciones a nadie, ni a qué hora llegué. Comparto con mis amistades cuando quiera”.

Según compara, el exesposo, quien con la llegada de los tres hijos le pidió que dejara su empleo para él hacerse cargo de la economía del hogar, “siempre me preguntaba todo: ‘para dónde vas’, ‘por qué a esta hora’. Él me vigilaba mucho y cuestionaba. Por ejemplo, si me comía cualquier cosa, de un fast food, preguntaba que con qué dinero lo compré. Era fuerte, aparte de la incomodidad que me provocaba y hasta ansiedad, porque quizás eso podía provocar una discusión. Hoy día trabajo, me encanta mi libertad, pero con él llegó un momento en que me convertí en una codependiente”.

Lo otro que le encanta es la flexibilidad de salir a donde quiere y estar el tiempo que desea.

“A él le gustaba salir, pero no era tan frecuente como me gusta a mí y tampoco era de estar hasta las tantas de la madrugada. Me pasaba mucho que íbamos a una actividad y él ya a la 1:00 o 2:00 de la mañana se despedía, mientras que yo soy de las que puedo estar hasta las 6:00 de la mañana feliz. Pero para evitar problemas, lo complacía aunque me quedara con las ganas de quedarme en el ‘party’. Me alegra que eso quedó en el pasado”.

Elaynne confiesa que a pesar de sus experiencias no ha perdido la fe en el amor. “No he encontrado una persona que realmente llene mis expectativas y ya no acepto menos”.

Además, evalúa que “conozco mujeres que por ese miedo a quedarse solas hacen malas elecciones. ‘Al menos tengo a fulano, que no es tan bueno, pero me ayuda con los gastos; o bebe mucho, pero me paga el carro o si se daña algo en la casa él lo arregla’. Para mí, eso no justifica sufrimientos. Eso lo tengo muy claro”.

– Rosa Escribano