Sexo virtual: tecnologías para disfrutar la experiencia (videos)

El video ya no es la única manera de acortar distancias; hay otras tecnologías que ofrecen prácticas más reales
Sexo virtual: tecnologías para disfrutar la experiencia (videos)
El sexo a distancia ha mejorado, sin duda, gracias a la tecnología.

Julita se nos ha puesto de novia, y la única desgracia es que él vive en una ciudad de Argentina y ella en otra. Pero su entusiasmo es tal que ya está pensando en cómo zanjar los kilómetros que carnalmente los separan, y que en tiempo serán como tres horas de avión, 20 de autobús.

¡Qué grande es esta Argentina!, y pensar que en las redes de citas yo no me movilizaba por nadie que viviera a más de 1 km de casa! El asunto es que Julita tiene 81 y su candidato 75, y por medio de su hija me ha mandado a preguntar pícaramente como es “eso del Skype”, tal vez pensado en que quizá tengo experiencia en el terreno del sexo virtual.

Mágica es la vida, eh. Cuando pensabas que ya no te ibas a enamorar y habías jubilado tus ganas de desnudarte frente a desconocidos, aparece alguien que te sacude el polvo, como aquella vez en el reservado de alguna discoteca oscura de tu adolescencia.

No he sido fan de las relaciones a distancia pues soy de las que creen que “el roce hace el cariño”, ya lo dice el refrán. Sin embargo admito es una gran opción para lograr que los vínculos duren y no los marchite el aburrimiento o los trapitos sucios de la convivencia (como le escuché decir hace unos días al cajero de un supermercado del barrio “no tengo novia porque todas te vienen con planteos”…

Según un estudio realizado en los Estados Unidos hace dos años y publicado en la revista científica Journal of Communication, solo en aquel país hay 3 millones de parejas casadas que viven separados; entre el 25 y el 50% de los estudiantes universitarios se encuentran (en aquel momento) en relaciones a distancia y hasta el 75% de ellos ha tenido en algún momento de su vida un vínculo en esas condiciones.

Pienso qué sería de sus encuentros eróticos sin la tecnología, pues con todos sus defectos en este siglo XXI parece la única manera de aventar el fuego de una relación partida por océanos, asfaltos y montañas, tal como lo habían adelantado en 2005 Louis Roche y Yannic Chatelain en su libro In Bed With The Web, que como contrapartida también planteaba el crecimiento de adulterio a causa de Internet.

Me aplico entonces a la búsqueda de soluciones hot para Julita y le mando a decir que lo primero será comprarse una tablet, segundo borrarse los tatuajes del cuerpo (si es que los tiene), tercero cambiar el celular y cuarto… empezar a acumular millas.

Luego reviso post anteriores y recuerdo que anticipamos acá la existencia de ropa interior para parejas con vibradores incorporados que se activan mediante una aplicación de teléfono. El invento de Fundawear puede ser efectivo, siempre y cuando una tormenta eléctrica no deje a alguno de los dos sin conexión justo en el momento epifánico.

Es una instancia potable y preferible a la cámara web, porque aunque te quieran locamente mejor será prestarse al juego sexual sin asomar la cara en la pantalla y habiendo borrado antes los tatuajes, por si un día acaba el hechizo y alguno de los dos decide subir el videito porno a las redes.

Para el caso quizá sirva el Real Touch, un aparato para hombres y mujeres. Se conecta a una computadora y sintoniza el movimiento, el calor y la humedad de los cuerpos para que coincidan con los eventos que aparecen en la pantalla en tiempo real, explica en la página web (va el video).

Algo parecido ofrece otro chiche inalámbrico fabricado por LovePalz, en Taiwán y que funciona como el anterior pero provoca sensaciones mucho más reales, dicen, porque copia instantáneamente las respuestas sensoriales de los genitales con materiales parecidos a la piel humana. Y el aspecto del artefacto parece más amigable, cuestión básica.

No le he comentado nada de esto a Julita en persona sino que lo hago a través de este post, por si algún día se compra la tablet y lo lee. Aunque rápida de reflejos, ya empezó por el último de mis consejos: contó sus millas y sacó un boleto. ¡Sabe bien que nada como el roce!

– Amanda Jot