Fue condenado a la silla eléctrica, pero era inocente

Juan Meléndez pasó 17 años en el pabellón de la muerte, hoy lucha por abolir la pena capital en el país
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Fue condenado a la silla eléctrica, pero era inocente
Meléndez pasó casi 18 años de su vida en el pabellón de la muerte, por un crimen que no cometió.

Trata de recordar por un instante todo lo que viviste en los últimos 17 años. Ahora intenta imaginar si, en cambio, hubieses estado todo ese tiempo en el pabellón de la muerte, esperando a ser electrocutado, a pesar de ser inocente.

Eso es exactamente lo que le ocurrió a Juan Roberto Meléndez-Colón, un puertorriqueño que fue sentenciado a muerte por un crimen que no cometió.

“Mi pesadilla comenzó el 2 de mayo de 1984, en Florida, cuando fui acusado de asesinato en primer grado, por dos testigos cuestionables”, recordó Meléndez.

Cuando fue arrestado, Meléndez no podía pagar por un abogado. Y, en el lapso de una semana, sin evidencias físicas que lo acusaran, fue sentenciado a morir en la silla eléctrica.

“Pasé 17 años, 8 meses y 1 día de mi vida en el pabellón de la muerte, por ‘habladeras’”, recordó Meléndez,  exonerado en 2002.

El activista fue declarado culpable del brutal asesinato de Delbert Baker, un hombre blanco encontrado muerto con tres disparos y la garganta cortada. No fue hasta 16 años después que las autoridades encontraron la transcripción de una grabación con la confesión del verdadero asesino.

“Cuando entré al pabellón de la muerte, mi alma se llenó de odio”, confesó. “Uno de los peores momentos era cuando se llevaban a alguien para ejecutar”, recordó. “Por años, uno comparte secretos, emociones con los otros convictos del pabellón. Ellos se convierten en tu familia, la gente que amas. Y un día, ves que lo sacan de la celda y sabes que llegó su hora. Todavía tengo en mi mente el zumbido que hacía la electricidad, cuando cargaban los 2010 voltios necesarios para electrocutar a una persona”, recordó con dolor. “Y lo más triste de todo es que muchas veces son inocentes”.

Meléndez también destacó el dolor por el que pasó su familia, en particular su madre, quien nunca dudó de su inocencia. “Durante todos esos años, la sostuvo su fe en Dios y en la Virgen de Guadalupe”, explicó. “Después de haber sido liberado, un día entro al cuarto y veo a mi mamá con lágrimas . Cuando le pregunté por qué lloraba, ella me confesó que, todos estos años había estado ahorrando para poder enterrar mi cuerpo en Puerto Rico. Ninguna madre debería pasar nunca por ese dolor”, señaló.

Juan Meléndez es un activista en contra de la pena de muerte. /Cortesia Witness to Innocence
Juan Meléndez es un activista en contra de la pena de muerte. (Foto: Cortesia/Witness to Innocence)

Libertad y activismo

Desde que recuperó su libertad, Meléndez vive en Alburquerque, Nuevo México, con su compañera Judi Caruso, y se dedica a compartir su historia, documentada en el filme Juan Meléndez 6446.

“No tengo otra opción”, explicó. “Dejé muchas buenas personas atrás y las están matando. Se lo debo a ellos y no voy a parar hasta que se revoque la pena de muerte en todos los rincones de la nación”.

“La pena de muerte es racista y costosa. Se puede ahorrar mucho dinero y evitar matar a más inocentes si se revoca”, aseguró Melendez, refiriéndose a la proposición 62, que busca abolir este tipo de condena y que será sometida a voto en las elecciones del 8 de noviembre en California.

“La pena de muerte está plagada de errores que no se pueden arreglar”, coincidió Caruso, defensora pública y miembro de la junta directiva de Witness to Innocence, una organización de personas exoneradas y sus familiares.

Según Caruso, existen dos factores principales por los cuales la pena de muerte es propensa a errores. Uno, es el hecho de que los casos capitales son siempre casos atroces, que impactan a la comunidad.

“Esto hace que aumente la presión en las autoridades, que sienten que tienen que encontrar rápido a un culpable. Por la presión, muchas veces se rompen las reglas y esto hace que se cometan errores”, opinó.

El otro motivo de las condenas erróneas, según Caruso, es que los jurados tienen que calificar para estos casos, y no se aceptan personas que se opongan a la pena de muerte. “Por eso generalmente excluyen a latinos, muchos de ellos católicos que se oponen por su fe”, indicó. “Los jurados en estos casos, siempre favorecen este tipo de sentencia”.

Según datos del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, desde 1973, 156 personas condenadas fueron encontradas inocentes.

Y un estudio realizado por investigadores de las universidades de Michigan y Pennsylvania (Rate of false conviction) encontró que por lo menos 1 de cada 25 sentenciados son condenados por error.