En Los Ángeles, hay una casa que alberga a menores indocumentados

El albergue ayuda a los menores que cruzaron la frontera y no tienen familia en Los Ángeles, pero solo a los varones

Emmanuel Zepeda (i) acompaña a Miguel Guarchaj (d) durante una lección de inglés interactiva en el estudio de Casa Libre, en el albergue de esa organización en Los Angeles. Se trata del único albergue en los Estados Unidos que ayuda a menores indocumentados no acompañados y se concentra en brindarles todo tipo de apoyo. "Muchas veces los jóvenes llegan a estar completamente indigentes, sin hogar. Entonces, lo primero es proveerles ese techo, esa cama, y después podemos seguir con el resto, lo educativo, las cuestiones legales", dijo su director, Federico Bustamante. /EFE

Los menores no acompañados en casas con licencia del estado serán más supervisados bajo una nueva ley. (Archivo/La Opinión) Crédito: EFE

Decenas de menores indocumentados que llegaron al país sin la compañía de un adulto deambulan por Los Ángeles en busca de un hogar. Los más afortunados lo hallan en Casa Libre, organización que desde hace años les permite empezar una nueva y mejor vida.

“Muchas veces los jóvenes llegan a estar completamente indigentes, sin hogar. Entonces, lo primero es proveerles ese techo, esa cama, y después podemos seguir con el resto, lo educativo, las cuestiones legales”, dijo Federico Bustamante, director de Casa Libre.

Este proyecto arrancó con la idea de dar asesoría legal a indocumentados menores de edad, en su mayoría adolescentes. Sin embargo, hace seis años la estrategia de ayuda cambió, y en la actualidad los servicios se concentran en brindar un apoyo integral de adaptación social, educación, servicios de salud y motivación.

“La gente no sabe que lo que estos jóvenes verdaderamente necesitan es un hogar, no un programa”, explicó Bustamante.

Ese calor de hogar fue el que precisamente encontró el salvadoreño Emmanuel Zepeda, quién en 2014 dejó atrás a sus padres y doce hermanos para embarcarse en una aventura que, de primera mano, no auguraba muchos triunfos.

“Ninguno de mis hermanos había tenido el valor de venirse solo, fue una decisión que yo, solo, tuve que tomar para mi futuro y para mis futuras generaciones”, aseguró.

La casa es la única de su tipo que provee albergue a niños migrantes que llegaron solos y no tienen un hogar en esta ciudad. /AURELIA VENTURA
La casa es la única de su tipo que provee albergue a niños migrantes que llegaron solos y no tienen un hogar en esta ciudad. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Trabajar para hacer dinero era la meta que el inmigrante traía en su mente, pero el arresto que sufrió en la frontera por parte de las autoridades estadounidenses fue el camino que lo llevó a su nueva vida. Zepeda fue entregado en custodia a un familiar, que no pudo proveerle sus necesidades.

“Como cualquier inmigrante yo venia a buscar trabajo, no a estudiar. En Casa Libre fue que aprendí a cómo mantenerme en la escuela y educado“, explicó el salvadoreño.

Después de ser acogido por la organización, Zepeda ingresó a la escuela secundaria. En estos dos años aprendió la importancia de educarse y encontró en el deporte una esperanza para poder ingresar a una universidad.

El joven ingresó al equipo de lucha de la Escuela Fremont y en menos de un año ganó más de 24 medallas. Ahora sólo espera obtener un amparo migratorio para lograr su sueño de ir a la universidad.

Federico Bustamante (i) observa a Miguel Guarchaj (d) y Emmanuel Zepeda (c) mientras juegan al billar en el cuarto de recreación del albergue Casa Libre en Los Angeles. /EFE
Federico Bustamante (i) observa a Miguel Guarchaj (d) y Emmanuel Zepeda (c) mientras juegan al billar en el cuarto de recreación del albergue Casa Libre en Los Ángeles. (Foto: EFE)

Educación y ayuda legal

La mayoría de jóvenes que llegan a Casa Libre solicitan el amparo migratorio de la Visa Especial de Inmigrantes Juveniles (SIJS, por sus siglas en inglés).

Y aunque dentro de los servicios que brinda la organización está la ayuda legal, Bustamante cree que encauzar a los jóvenes en un sueño educativo les asegurara un futuro dentro o fuera de Estados Unidos.

“Se les conseguía la visa pero después qué hacían. No sabían hablar inglés, no habían terminado la escuela, entonces esa herramienta que se habían ganado con esa visa no la usaban de una manera productiva”, indicó el director.

Junto a la educación, el albergue se ha dedicado a contrarrestar la soledad que experimentan los jóvenes inmigrantes.

Ese fue el caso del guatemalteco Miguel Elías Guarchaj, quién llamó a su puerta hace dos años en busca de alguien con quién hablar.

“Sólo tenía un primo acá, nos contactamos y me dijo ‘Yo estoy en Casa Libre y aquí nos dan apoyo, así que me vine para acá’” relató.

Cuando llegó al país en 2014, Guarchaj tuvo muchos problemas para comunicarse, pues este joven de origen indígena solo hablaba quiché, una lengua Maya que muy pocos conocen en Los Ángeles. Tras varios meses de estadía en la casa, el guatemalteco aprendió las bases del inglés y el español, pero lo más importante fue que encontró muchos amigos.

El director de Casa Libre, Federico Bustamante (c) se reúne con Miguel Guarchaj (i) y Emmanuel Zepeda (d) en el albergue de esa organización en Los Angeles. Se trata del único albergue en los Estados Unidos que ayuda a menores indocumentados no acompañados y se concentra en brindarles todo tipo de apoyo. /EFE
El director de Casa Libre, Federico Bustamante (c) se reúne con Miguel Guarchaj (i) y Emmanuel Zepeda (d) en el albergue de la organización. (Foto: EFE)

La vivienda

Y es que en la casa se siente el calor familiar. La vivienda fue construida en 1902 por Susana Machado Bernard, una hispana que necesitaba darle un hogar a sus 11 hijos en 35 cuartos. Este año la monumental residencia cumple 20 años de haber sido adquirida para brindar una función social.

En las paredes están colgados los diplomas, los certificados y las medallas que prueban el éxito de la iniciativa. Sin embargo, el modelo de este hogar no se ha replicado en ninguna parte del país y los servicios sólo se prestan a hombres. Algo que muchos de los beneficiados encuentran injusto.

Quisiera que hubiera apoyo tanto para hombres como mujeres migrantes“, consideró Zepeda.

Los dos migrantes cumplieron la mayoría de edad y ya no viven dentro del albergue, pero aún se benefician de algunos de sus programas.

El salvadoreño cree que, con el apoyo de su nuevo hogar, irá a la universidad a estudiar justicia social, mientras el guatemalteco sueña con convertirse en traductor.

Eso sí, los dos inmigrantes quieren seguir los pasos del director, al que consideran como su hermano, y hacer que la familia de Casa Libre siga creciendo. Ideal del que Bustamante se siente orgulloso.

“Todos siguen regresando a casa”, afirmó

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