¿Cuándo dejó de importar la verdad en las elecciones de EEUU?

Una lección puede surgir tras el áspero debate presidencial entre Hillary Clinton y Donald Trump o el escándalo por la grabación en que éste habla de forma soez de las mujeres
¿Cuándo dejó de importar la verdad en las elecciones de EEUU?
Falta menos de un mes para que Estados Unidos elija a su próximo presidente.
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Falta menos de un mes para que Estados Unidos elija a su próximo presidente.

Estas elecciones en Estados Unidos serán recordadas por varios motivos, incluida la grabación de Donald Trump hablando de manosear mujeres, o su áspero choque con Hillary Clinton en la noche del domingo, durante el segundo debate de candidatos presidenciales.

Pero esta campaña también podría pasar a la historia como una gran lección sobre el problema de olvidar el valor de la verdad en política, advierten expertos.

Cuando el magnate Trump irrumpió en el escenario político, lo hizo con una catarata de exageraciones, promesas imposibles de cumplir o simples mentiras.

Por ejemplo, tachó a los inmigrantes mexicanos de violadores o narcos, sostuvo que levantará un enorme muro en la frontera y México pagará por él, o afirmó que “una fuente extremamente creíble” le dijo que el acta de nacimiento del presidente Barack Obama es falsa —alimentando la teoría conspirativa de que nació en Kenia y no tenía derecho a ser presidente.

Nada de eso parecía detener a Trump: ganó las primarias del Partido Republicano y, al menos hasta hace unos días, las encuestas le daban alguna posibilidad de ganar las elecciones.

Los líderes republicanos relativizaban o justificaban sus palabras. El senador Ted Cruz llegó a definir a Trump como un “mentiroso patológico”, pero luego apoyó su candidatura.

Kathleen Willey, Juanita Broaddrick y Kathy Shelton estuvieron con Trump en el debate.  Scott Olson/Getty Images
Kathleen Willey, Juanita Broaddrick y Kathy Shelton estuvieron con Trump en el debate. Scott Olson/Getty Images

Momentos antes del debate presidencial del domingo, Trump hizo una rueda de prensa con un grupo de mujeres que ha acusado a Bill Clinton de acoso sexual.

El fin de semana ocurrió finalmente una estampida en el partido de Trump, con varios congresistas retirándole el respaldo tras difundirse un video donde habla de forma vulgar y sexista sobre las mujeres. En una campaña en la que ambos candidatos presidenciales se han acusado de mentirosos, el rompimiento de Trump con muchos jerarcas de su partido ocurrió al salir a flote una verdad que el magnate hubiese preferido mantener oculta.

Pero Trump rechazó los reclamos para que abandone su candidatura y se mantuvo desafiante.

En el debate del domingo a la noche, recordó acusaciones de abusos sexuales que enfrentó el marido de su rival, el expresidente Bill Clinton, y sostuvo que ella atacó a esas víctimas, tres de las cuales estaban en las tribunas.

Ambos candidatos se acusaron una y otra vez de mentir, en un espectáculo de 90 minutos lleno de descalificaciones y tensión.

Entonces, ¿cómo pudo llegar EEUU a esto?

¿Cómo un país que tenía orgullo por su democracia y se ha atribuido la misión de exportarla al mundo ofrece un espectáculo así en sus propias elecciones?

“Algo se ha roto”

Algunos analistas creen que lo que ocurre en la actual campaña estadounidense es el resultado de un proceso que comenzó antes.

“Algo se ha roto en cuanto al respeto a la verdad, y no se pudo haber roto de la noche a la mañana”, dice a BBC Mundo Andrew Norris, profesor de ciencia política en la Universidad de California en Santa Barbara y coautor del libro “Verdad y Democracia”.

La candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton.
La candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton.

La honestidad de Clinton ha sido cuestionada por haber usado un servidor privado de correo electrónico cuando era secretaria de Estado.

Claro que la mentira y la demagogia están lejos de ser un fenómeno nuevo en la política.

Vota por el que te prometa menos“, aconsejaba el fallecido financista estadounidense Bernard Baruch, “será el que te decepcione menos”.

La propia honestidad y transparencia de Hillary Clinton es cuestionada por muchos, entre otras cosas por haber usado un servidor privado de correo electrónico como secretaria de Estado y negarse a divulgar miles de esos mensajes.

Trump dijo en el debate que buscaría nombrar un fiscal especial para investigarla .

Pero él mismo es visto como alguien que llevó las cuestión de la mentira en política a otro nivel.

“Trump es el máximo exponente de la política ‘post-verdad’”, definió recientemente la revista británica The Economist, describiendo el fenómeno como “una confianza en afirmaciones que se ‘sienten verdad eras pero no se apoyan en la realidad”.

La publicación indicó que esto tampoco es exclusivo de Trump, y que por ejemplo quienes triunfaron en la votación para que Gran Bretaña abandone la Unión Europea hablaban de la llegada de “hordas de inmigrantes” como resultado de lo que ellos describían como inminente adhesión de Turquía al bloque.

Y aunque Trump sea derrotado en las urnas, es probable que los efectos de su candidatura se sientan más allá de las elecciones de noviembre.

“Profunda vergüenza”

Norris, cuyo libro surgió ante las mentiras que justificaron la guerra en Irak en 2003 durante el gobierno de George W. Bush, atribuye la situación actual a problemas endémicos en el sistema educativo y la cultura política estadounidense.

“Espero que miremos esto con profunda vergüenza y podamos aprender algo”, sostiene, aunque duda que eso vaya a ocurrir.

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“Trump le imprime confianza a afirmaciones que se ‘sienten verdad’ pero no se apoyan en la realidad”, expresó The Economist.

Buena parte de los estadounidenses no sólo parece haber perdido confianza en los políticos tradicionales, sino también en especialistas y científicos.

Una encuesta del centro Pew, un instituto independiente de investigación sobre opinión pública estadounidense, mostró la semana pasada que cerca de tres de cada cuatro adultos en este país desconfían del consenso científico sobre la responsabilidad del comportamiento humano en el cambio climático.

La paradoja es que esto ocurre justo cuando la gente tiene más acceso que nunca a información.

Hay mucha información, pero es muy difícil decir lo que es correcto“, dice Michael Milburn, un profesor de psicología en la Universidad de Massachusetts especializado en actitudes políticas.

A su juicio, muchos seguidores de Trump saben que el multimillonario que ganó fama con un reality de TV inventa cosas, pero votarán igual por él para expresar lo enojados que están por su situación económica.

“La verdad se vuelve menos importante para ellos”, explica Milburn en diálogo con BBC Mundo.

Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes de EEUU, ha sido uno de los republicanos en retirar su apoyo a Trump.

La tormenta política del momento gira en torno a la escandalosa grabación que le hicieron al magnate.

La pregunta tras la grabación, que fue realizada en 2005, es cuántos votos han perdido Trump y su partido, que está sumido en una crisis y además podría perder el control del Congreso.

El rechazo al lenguaje soez con que Trump se refiere en el video a las mujeres, hablando de acosarlas y tomarlas por los genitales, es generalizado.

Pero la indignación surge también de lo que puede verse allí sobre quién es Trump y cómo se comporta en privado, dicho por él mismo y no por rivales o periodistas.

Una verdad que salió a flote sobre un aspecto preocupante del carácter del dirigente.

Aunque el candidato se ha disculpado por esos comentarios, también pareció relativizarlos.

Pese a todo, este momento bajo de la política estadounidense podría ofrecer a algunos razones para el optimismo.

“El hecho de que Trump mienta sobre tantas cosas que dice, y que muchos líderes republicanos lo estén abandonando ahora”, reflexiona Milburn, “me da una esperanza de que este tipo de deshonestidad será menos tolerada en el futuro”.