Resguárdate del frío: abren refugios de invierno para indigentes en L.A.

Empiezan a abrir los refugios temporales para desamparados de Los Ángeles
Resguárdate del frío: abren refugios de invierno para indigentes en L.A.
Mireya Cotrina, de 54 años, se acomoda lo mejor que puede en el refugio de invierno de la Iglesia Episcopal de Todos los Santos en Highland Park.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

Haciendo línea media hora antes de que abrieran un refugio nocturno de Highland Park, Mireya Cotrina, de 54 años, esperaba ansiosa el jueves por la noche para entrar y descansar en un lugar “calientito”. Después de vagar por meses buscando donde dormir y con temor al peligro, un amigo de Cotrina le dijo que el “Winter Shelter” (refugio de invierno) de la iglesia episcopal Todos Los Santos ya estaba abierto.

Una vez en su banca, la cual sirve como cama improvisada, Cotrina acomodó sus pocas pertenencias, tendió su cobija y su almohada y se recostó. El proyector de la iglesia instalado en el altar funcionaba como una pantalla mostrando la película “Edward Scissorhands”.

Poco a poco las bancas adyacentes se iban llenando con otros desamparados que llegaban para cubrirse del frío. La iglesia episcopal de Todos los Santos en Highland Park daba la bienvenida a todos los que llegaban sin importar su nacionalidad, edad, orientación sexual o estatus migratorio. Hasta las mascotas eran bienvenidas.

El refugio – uno de numerosos albergues que sirven a personas indigentes en Los Ángeles cuando llega la temporada de frío, abrió sus puertas desde el 1 de diciembre y estará abierto hasta finales de febrero.  El último conteo de indigentes indica que en el condado de Los Ángeles hay 44,359 personas sin hogar. Los hispanos suponen 5,411 de ellos (21%).

El brasileño Renato Rashkovsky, de 43 años, con su perro Bobbie Brown, también llegaron al refugio de invierno. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
El brasileño Renato Rashkovsky, de 43 años, con su perro Bobby Brown, también llegaron al refugio de invierno. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Con llagas en los pies

En una esquina al fondo de la iglesia se acomodaba el brasileño Renato Rashkovsky junto a su mascota de servicio Bobby Brown. Tras colocar sus cosas de modo que su espacio asimilaba una diminuta habitación, Rashkovsky trataba de curar las heridas de sus pies. Tras caminar por días sin rumbo fijo los zapatos le lastimaron y le causaron llagas, explicó.

Rashkovsky, de 43 años, dijo que estaba muy contento de recibir ayuda sin discriminarlo a él o a su mascota. “Aquí todos son muy amables, nos dan de cenar y nos hacen sentir como en familia”, dijo el hombre, quien dijo ser gay e indocumentado.

Rashkovsky contó que llegó a Estados Unidos hace nueve años con una visa de estudiante y se quedó después que esta se venció. En 2010 fue detenido por inmigración y pasó cuatro meses en un centro de detención. Logró impedir su deportación bajo el temor de regresar a su país debido a su orientación sexual.

Sin embargo, a principios del 2015 fue acusado de un robo de su propio auto después que no pudo pagarlo. “La migra me agarró de nuevo y fui enviado al centro de detención de Adelanto por siete meses”, relató. “Perdí todo, mi casa, mi trabajo…yo soy universitario pero no me he podido recuperar”, añadió.

Mireya Cotrina, de 54 años, fue una de las personas afortunadas en encontrar refugio en el albergue temporal. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
Mireya Cotrina, de 54 años, fue una de las personas afortunadas en encontrar refugio en el albergue temporal. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Lo pierde todo por el alcoholismo

Cotrina dijo que ella llegó a Estados Unidos hace 24 años del Perú con sus dos hijos. Hace tres años perdió su hogar debido al alcoholismo y desde entonces duerme en casa de algunos amigos o en la calle.

“No puedo rentar un apartamento ahorita porque están muy caros”, dijo sin poder contener las lágrimas. Su estatus de indocumentada y desempleada no le permite salir adelante y lo último que supo de sus hijos es que ambos viven en Tijuana, México.

Cotrina desconoce si ellos fueron deportados o viajaron por voluntad propia. “Yo no tengo familiares aquí”, añadió la peruana.

Ayuda para los desamparados

Sin embargo, gracias a la caridad de voluntarios y la organización no lucrativa Recycled Resources for the Homeless a pocos días de la Navidad los desamparados han encontrando un lugar al que pueden llamar hogar, aunque solo sea temporalmente.

Una tras otra se tejen las historias de desamparados dentro de la iglesia. Aquellos que alguna vez tuvieron un hogar estable pero por distintas razones lo perdieron cuentan sus penas y comparten sus odiseas. Algunos cuentan que se involucraron en las drogas, otros dicen que sus familiares los abandonaron y algunos más no dicen nada; permanecen ausentes.

Voluntarios ofrecen comida a los desamparados que llegan al refugio. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
Voluntarios ofrecen comida a los desamparados que llegan al refugio. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Pese a que el año pasado la ciudad de Los Ángeles intentó proveer ayuda para crear refugios para los desamparados, esta nunca se concretó. Algunos voluntarios del noreste de Los Ángeles decidieron poner manos a la obra. Con la ayuda del pastor W. Clarke Prescott, la iglesia episcopal de Todos los Santos se convirtió en un santuario nocturno. El refugio abre sus puertas diariamente de las 7:00 p.m. y los huéspedes deben partir a las 6:00 a.m. Todos reciben un saco de dormir, una almohada, una cobija y productos esenciales de higiene. Con la ayuda de diferentes voluntarios todas las noches se sirve una cena caliente justo a las 8:00 p.m.

Este año el refugio logró un contrato de La Autoridad de Servicios para Indigentes de Los Ángeles (LAHSA) que provee fondos para 35 camas. Sin embargo, la iglesia puede alojar hasta 50 personas por noche, dijo Mónica Alcaraz, voluntaria y organizadora en el refugio.

Agregó que el albergue de invierno no solamente es un lugar donde las personas pueden dormir, pero también reciben asesoramiento. “Les ayudamos a conseguir vivienda permanente, ya sea con sus familiares o por medio de un vale”, dijo Alcaraz. “También las personas reciben servicios de ayuda mental. El año pasado llevamos a varios a conseguir su identificación de California”, añadió.

Alcaraz explicó que este es el segundo año consecutivo que tienen abierto el refugio, que trae mucha dicha a las personas que llegan. “Aquí no les hacemos una revision de su pasado ni los revisamos al entrar, solo les pedimos que sean respetuosos“, añadió Alcaraz.

Se estima que en el noreste de Los Ángeles hay más de 1,000 personas desamparadas muchos de los cuales tenían sus hogares en esa área y los perdieron.

El refugio recibe ayuda de voluntarios diariamente que preparan y sirven comida para los desamparados que duermen en la iglesia. Otros ofrecen donación monetaria o productos de higiene, ropa y artículos para la cocina.

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