Carroza del Desfile de las Rosas demuestra la importancia de crear una cadena de donación

Latina sigue viva gracias a la donación de órganos de diferentes personas
Carroza del Desfile de las Rosas demuestra la importancia de crear una cadena de donación
Sonia Valencia, una maestra de Commerce y recipiente de una donación de riñón, posa junto a la carroza de Done Vida. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / vImpremedia/La Opinion

A la edad de 12 años Sonia Isabel Valencia notó que algo raro pasaba con su cuerpo. Cuando sus padres la llevaron al doctor recibió la terrible noticia de que sus riñones no funcionaban apropiadamente. Valencia fue diagnosticada con nefropatía por IgA, conocida también como la enfermedad de Berger, la cual obstaculiza la capacidad de que los riñones filtren los residuos.

Diez años después, en el 2002, a medida que su enfermedad progresaba, Valencia tuvo que comenzar un tratamiento de diálisis.

“Tuve diálisis por seis años”, recuerda Valencia, quien participará el próximo 2 de enero en el Desfile de las Rosas 2017 con la carroza de la organización de donación de órganos, Done Vida.

 

La carroza de Done Vida será parte del Desfile de las Rosas. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
La carroza de Done Vida será parte del Desfile de las Rosas. (Aurelia Ventura/ La Opinion)

Valencia recuerda que mientras recibía su intensa diálisis en una visita a su doctor conoció a una persona que sin tener ninguna relación con ella se ofreció a donarle un riñón.

“Celia Contreras no era amiga cercana ni nada, ella solo escuchó mi historia y quiso donar”, dijo Valencia.

En ese momento Valencia tuvo esperanzas de alejarse de la dolorosa e incomoda diálisis. Dejaría atrás el cansancio, la falta de energía y el mal humor que le causaba estar conectada todos los días por 10 horas a una máquina que realizaba su diálisis.

Sin embargo, poco después de la grata noticia de la donante, Valencia recibió la mala noticia de los doctores; su donante y ella no eran compatibles. Sus esperanzas quedaron en una propuesta sin culminar y su vida continuaba atada a una máquina.

Pasaron unos meses y mientras Valencia continuaba en la lista de espera para encontrar un donante compatible recibió una llamada inesperada del Programa de Intercambio de Donantes de Riñón del centro médico UCLA.

“Me [preguntaron] si podía participar en una cadena de donación”, dijo Valencia sin entender exactamente a qué se referían.

 

Verónica Cosme, quien es recipiente de un órgano, junto a su esposo Jason y su hija Lauren. Sostienen una imagen de su sobrina de 18 años, Alyssa Galván, cuya fotografía sera parte de la carroza de Done Vida en el Desfile de las Rosas. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
Verónica Cosme, quien es recipiente de un órgano, junto a su esposo Jason y su hija Lauren. Sostienen una imagen de su sobrina de 18 años, Alyssa Galván, cuya fotografía sera parte de la carroza de Done Vida en el Desfile de las Rosas. (Aurelia Ventura/ La Opinion)

Cadena de Donación

Después de perder a su hijo, Harry Damon de Grand Rapids, Michigan, intentó buscar paz interior. Fue cuando decidió compartir su salud con alguien en necesidad a través del trasplante de órganos. Después de contactar al programa de Intercambio de Donantes de Riñón de la UCLA bajo la batuta del cirujano de trasplante Jeffrey Veale, crearon una cadena de donantes y receptores en todo el país.

Una cadena de riñones comienza cuando un donante altruista—como Damon—quiere donar a alguien que lo necesita, y la cadena provee a las personas que no pueden recibir un riñón de un ser querido o amigo, debido a problemas de incompatibilidad, con la oportunidad de recibir un riñón a través de un intercambio entre otros pares de receptores y donantes que son incompatibles.

Damond logró donar un riñón a Sheila Whitney, una residente afroamericana de Compton, quien llevaba seis años con la enfermedad de lupus. Esta le causaba estar conectada a una máquina de diálisis diariamente por tres horas.

El hijo de Whitney, Reginal “Reggie” Arnes Griffin, quien no pudo donar a su madre, sí pudo donar su riñón a Keenan Cheung, un hombre asiático-americano de La Cañada, quien experimentó insuficiencia renal. La esposa de Cheung, Jeanne Cheung, continuó la cadena donando su riñón a Valencia, quien actualmente tiene 36 años y trabaja como maestra en Rosemead.

 

La carroza de Done Vida incluirá a 96 hombres, mujeres y niños que han dado y recibido trasplantes de órganos. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
La carroza de Done Vida incluirá a 96 hombres, mujeres y niños que han dado y recibido trasplantes de órganos. (Aurelia Ventura/ La Opinion)

Mientras tanto su donante original, Celia Contreras, donó su riñón a una persona quien decidió mantenerse en el anonimato.

“Queremos dar el mensaje que en esta época que hay muchos problemas raciales, la donación de órganos trasciende la raza, genero y todo”, dijo Tania Llavaneras, portavoz con Done Vida. “Por dentro todos somos iguales, todos somos [color] rosas”.

Ya han pasado ocho años desde el trasplante de riñón de Valencia. Pese a que éste ya no funciona al 100 por ciento dentro de su cuerpo, ella agradece los años extra de vida que el riñón le ha dado. Ahora se encuentra nuevamente en lista de espera para otra donación.

“Les digo a las personas que no tengan miedo de participar, no tienen que esperar a que la persona fallezca para donar órganos”, dijo Valencia, asegurando que la donación cambia vidas positivamente.

Llavaneras señaló que aun cuando una persona se registra en vida para ser donante de órganos, una vez que muere las probabilidades de que sus órganos sean donados es una en 200. Por eso recomienda donar en vida.

 

La carroza llevará imágenes florales de personas que han donado sus órganos para salvar la vida de otros. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
La carroza llevará imágenes florales de personas que han donado sus órganos para salvar la vida de otros. (Aurelia Ventura/ La Opinion)

La Carroza

La Carroza 2017 de Done Vida en el Desfile de las Rosas, que lleva el lema de Compañeros de la Vida, presenta a un espectacular catamarán al estilo polinesio, el cual navega gracias a un equipo de 24 recipientes de trasplantes de órganos, córneas y tejidos, quienes reman en unísono gracias a la fortaleza que recibieron de sus donantes.

Las velas del barco exhibirán 60 imágenes de personas que son donantes, dijo Llavaneras, explicando que estas personas se habían registrado como donantes en vida o cuando fallecieron sus seres queridos decidieron donar sus órganos.

Doce donantes vivientes caminarán a lo largo de la carroza cargando flores, para celebrar la vida que han dado a otros, y la calidad de vida que continúan disfrutando ellos mismos. Entre ellos estarán Damon y Valencia como donante y receptora.

Las olas del mar de la carroza incluirán 1,000 rosas Akito blancas, dedicadas individualmente en memoria o en honor de aquellos cuyas vidas han sido influenciadas por la donación.

Los vibrantes pájaros i’iwi y ‘amakihi se encuentran posados a lo largo de un paisaje frondoso de flores tropicales y palmeras, mientras un par de tikis que representan la vida y la luz, la abundancia y la paz; se asoman entre la jungla. La carroza estará llena de vida con flores exóticas y coloridas provenientes de Hawaii, traídas especialmente para esta ocasión.