Devotos de Los Ángeles rinden honor al Cristo Negro de Esquipulas

El llamado ‘Cristo Mojado’ paseó en una anda de 1,000 libras de peso en los alrededores de la iglesia Santa Cecilia
Devotos de Los Ángeles rinden honor al Cristo Negro de Esquipulas
Unas 30 mujeres cargaron ayer el anda del Cristo Negro de Esquipulas. / fotos: jorge luis macías

Entre lágrimas y fe, centenares de feligreses latinos celebraron ayer el 15 aniversario de la procesión y devoción al Cristo Negro de Esquipulas, en la Iglesia Santa Cecilia de Los Ángeles.

La fiesta patronal del también llamado Milagroso Señor de Esquipulas o Cristo Mojado reunió a devotos católicos de Guatemala, El Salvador, Honduras y México, quienes fueron parte de una solemne procesión y rezos a lo largo de la avenida Normandie y calles aledañas a la parroquia.

“Mis padres me enseñaron la devoción al Cristo Negro de Esquipulas”, dijo Willy Meono, de 21 años y estudiante de negocios en Cal State Los Ángeles. “Me ha salido del corazón ser parte de la comitiva que lo ha cargado; él siempre me cuida y es así como puedo pagarle”.

Willy Meono fue uno de los jóvenes que acudió a la procesión. / Foto: Jorge Luis Macías
Willy Meono fue uno de los jóvenes que acudió a la procesión. / Foto: Jorge Luis Macías

Como cada año, los fieles se congregaron primero durante una misa, antes de efectuar la procesión que tiene más de cuatro siglos de historia.

Tan solo la imagen y la cruz pesan 125 libras, aunque la anda —hecha de roble— pesa más de 1,000 libras que cargan en sus hombros grupos de 30 personas, hombres, mujeres y jóvenes.

Después de la conquista de Esquipulas, Guatemala, en 1530, los misioneros españoles iniciaron el trabajo de evangelización de los pueblos tomados.

Para 1594, cuando la religión católica ya había echado raíces en Guatemala, los habitantes de Esquipulas aprovecharon una fecunda cosecha de algodón y decidieron encargar una imagen de Jesús crucificado.

De esa forma, se encomendó al escultor portugués Quino Cataño para que concibiera dicha imagen.

“Yo soy devota del Cristo Negro de Esquipulas desde hace 24 años”, dijo Doris Márquez, de Puebla, México.

“Le pedí de favor que él y Dios me ayudaran a conseguir mis papeles de migración y me concedió el milagro. Ya soy ciudadana de Estados Unidos”.

Antes de la procesión se llevó a cabo una misa en la iglesia Santa Cecilia en Los Ángeles. / Foto: Jorge Luis Macias
Antes de la procesión se llevó a cabo una misa en la iglesia Santa Cecilia en Los Ángeles. / Foto: Jorge Luis Macias

“El Cristo Mojado” llega a California

La tarea inicial para Guillermo Palencia, quien tiene 15 años al frente del comité organizador del festejo al Cristo Negro de Esquipulas en L.A., fue unificar a la comunidad guatemalteca de la iglesia Santa Cecilia por encargo del padre italiano, Luigi Sonoto.

“Tú puedes”, fueron las únicas instrucciones a seguir para Palencia. Pero no había un guion escrito.

“Lo único que nos puede unir es el Cristo de Esquipulas”, dijo Palencia al sacerdote. El religioso ya sabía la respuesta, pero dejó que el hombre nacido en Tanarate, Departamento del Progreso (Guatemala) la encontrara por sí mismo.

Junto con la tesorera, Verónica Turris organizaron un fondo para traer de Guatemala una imagen del Cristo Negro de Esquipulas y en tres meses de trabajo, mexicanos, salvadoreños, hondureños y chapines se logró adquirir la la pieza.

El problema era que ninguna aerolínea quería transportar al Cristo. Fue entonces cuando el yerno de Palencia, Edgar Mota y quien era dueño de un negocio de transportes en Guatemala, se animó a traerlo.

“Cuando el Cristo ya estaba en Tijuana, nos dimos cuenta no tenía papeles para cruzar la frontera”, recordó Palencia. “Por ignorancia, nunca hicimos ningún trámite”.

Y recibieron una noticia que lo puso a temblar: “Si no recogen el Cristo [de la empresa de Tijuana], se los vamos a confiscar”.

En ese momento Mota, de origen mexicano, se encontraba en Arizona. Y aunque con los dolores de costillas debido a su trabajo que, en ocasiones, lo llegaban a paralizar fue por el Cristo a Tijuana.

Edgar se echó al hombro al Cristo que pesaba 90 libras, más otras 35 porque venía montado en la cruz.

Y en la garita de San Ysidro, un agente de aduanas lo vio y dijo a unos inmigrantes: “¡Ayúdenlo!”.

“Esas personas que le ayudaron tampoco tenían papeles, pero pasaron [la frontera de EEUU] junto con el Cristo”, narró Palencia.

A la proseción acudieron niños vestidos con trajes típicos de Guatemala.
A la proseción acudieron niños vestidos con trajes típicos de Guatemala.

“Y cuando se detuvieron [en una segunda revisión]en la garita de San Clemente les tocó suerte que el semáforo les dio luz verde”. Así llegaron con el Cristo a California.

“Así trabaja Dios, de forma misteriosa”, comentó Palencia. “Y cuando vi la cara de mi yerno, de inmediato pensé, como decimos en Guatemala: Este venao [venado] ya viene baleado”.

En efecto, aquel enero de 2002 comenzó la transformación espiritual de Edgar, quien dijo: “Yo solamente no quería meterme en problemas”.

Al final, él mismo abrió con suma delicadeza el empaque donde habían guardado al Cristo Negro de Esquipulas al que hoy miles de latinos veneran en Santa Cecilia.

El milagro de la fe

En 15 años al frente del comité organizador del festejo al Cristo Negro de Esquipulas, su fundador, Guillermo Palencia ha tenido numerosas experiencias que han marcado su vida.

La más reciente: el pasado 13 de septiembre de 2016. Un automovilista todavía no identificado atropelló y dio muerte a Nathaniel, su nieto.

Nathaniel tenía 17 años de edad. Acababa de terminar sus clases en Santa Cecilia; lo estaban preparando para que tomara las riendas del grupo de jóvenes.

“El niño de los abrazos”, como recuerdan a Nathaniel cruzaba entre la oscuridad la intersección de la Avenida Normandie y la calle 42. El impacto fue brutal. Murió al instante.

“Yo pude haberme caído; estaba perdiendo un poco de confianza, pero estoy admirado por la fortaleza que Dios me ha dado”, dijo Palencia. “A veces, salía del trabajo, iba a llorar al cementerio y ahí sentía la presencia del Señor que me acompañaba en mi dolor”.

Por azahares del destino, el sacerdote de la preparatoria Vermont High School pasaba por la zona. Se dio cuenta del accidente y atravesó su automóvil en la calle para que nadie más golpeara el cuerpo yaciente en el asfalto. Le dio los santos óleos.

Un día después, el religioso se dio cuenta que aquella noche del 13 de septiembre el atropellado a quien ungió era su alumno.

En Guillermo Palencia aún hay dolor. Está consciente que, de la vida y el día de la muerte, sólo Dios es el dueño.

“Cada uno de nosotros tiene marcado su día. El de mi nieto era en aquella fecha”, dijo. “Por fe sé que Dios no se equivoca y yo he acudido a Él para sanar mi dolor con el milagro de la fe”.

Réplicas en diversos países del Cristo Negro de Esquipulas:

Existen réplicas del Cristo de Esquipulas que son veneradas en: Cuastecomate, Jalisco; Moroleón, Guanajuato; en Aldama (Irapuato); Miahuatlán (Oaxaca), en el templo de San Andrés; en Aguascalientes; en la ciudad e Juayúa, El Salvador; en Alajuelita, Costa Rica y en El Sauce, (León, Nicaragua).

En la ciudad de Villahermosa, Tabasco se honra la imagen del Señor de Esquipulas, una imagen réplica del original, que fue escondida durante la persecución católica encabezada por Tomas Garrido

En Sudamérica se edificó una capilla que está consagrada al Cristo Negro de Esquipulas, en El Paramito (Estado Mérida) Venezuela, además de otra imagen en la Iglesia de La Paz, en Quito, la capital de Ecuador.