Los 120 kilómetros de muro fronterizo que Trump no podrá construir

Se enfrenta a la resistencia de la etnia indígena pápagos, asentada entre el municipio de Sonoyta, Sonora, y la región de Luckeville, Arizona
Los 120 kilómetros de muro fronterizo que Trump no podrá construir
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Foto: archivo / EFE

MÉXICO – A menos que el presidente estadounidense Donald Trump esté dispuesto a violar la ley, no podrá construir 120 kilómetros de su prometido muro fronterizo. Específicamente entre el municipio de Sonoyta, Sonora, y la región de Luckeville, Arizona, donde tiene la más dura resistencia que jamás a enfrentado sobre el tema: la de la etnia indígena pápagos también conocida como la Nación Tohono O’odham.

Poner un muro en esta reserva autónoma es para los pápagos tan absurdo y retorcido como dividir un país en pleno siglo XXI porque aunque el tratado de La Mesilla en 1853 quitó legalmente a México este territorio ellos siguieron su vida igual que en tiempos ancestrales: yendo de aquí para allá a visitar familiares, ceremonias religiosas, atención médica o estudiar sin límites fronterizos.

“Sobre mi cadáver construirá un muro”, declaró recientemente a la prensa local Verlón José, vicegobernador de la nación soberana Tohono O’ Odham.

José y los más de 30,000 indígenas que representa están dispuestos a escalar su oposición hasta niveles legales si es necesario, pero antes quieren invitar al magnate para que “observe con sus propios ojos que el muro que quiere construir no es una buena idea”.

Comunicado de Prensa de la Nación TOHONO O'ODHAM sobre la orden ejecutiva del presidente Trump sobre el muro fronterizo.
Comunicado de Prensa de la Nación TOHONO O’ODHAM sobre la orden ejecutiva del presidente Trump sobre el muro fronterizo.

Pero si Trump no razona a sus planteamientos e insiste, los pápagos se acogerían al convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que obliga a los gobiernos de los países firmantes (entre ellos Estados Unidos) a realizar una consulta a los pueblos originarios si resultan afectados.

Y la respuesta -adelantó José- sería un rotundo “no”.

De lado mexicano, los pápagos han anunciado que harán todo lo posible para apoyar las acciones de “sus hermanos” en Estados Unidos desde las siete comunidades donde se encuentran dispersos:  Caborca, Puerto Peñasco, Sáric, Altar y Plutarco Elías Calles.

“Siempre hemos pasado así no’ más, por el monte”, afirmó Socorro Velasco, del comité de Vigilancia de la etnia en una entrevista con el portal de internet La Silla Rota para el cual mostró una credencial del gobierno de EEUU que lo acredita como visitantes pero que nunca les es requerida, ¿quién se las iba a pedir si es un territorio autónomo?

Los pápagos practican la religión católica, tienen iglesias, y requieren en ocasiones de sacerdotes. Celebran algunas fiestas cristianas y tienen un santo titular para cada pueblo; pero en realidad, su religión gira en torno al culto del “hermano mayor”, deidad que controla los elementos de la naturaleza.

Las celebraciones más importantes son la Vikita, la cual consiste en rituales en el plenilunio de junio para pedir lluvias y a la que asisten representantes de todos los pueblos, incluyendo de Arizona, para realizar una procesión por el pueblo de Quitovac donde los personajes ritualistas reciben ofrendas de las familias.

“Trump no nos va a dividir”, adelantó Velasco.

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