Mandan a la escuela a quienes pagan por sexo en Los Ángeles

Los hombres que son detenidos por buscar favores sexuales en las calles de LA deben completar un programa de rehabilitación
Mandan a la escuela a quienes pagan por sexo en Los Ángeles
Prostitución
Foto: Archivo / EFE

Durante años, Bill Margolis —un exdetective de la brigada de vicios del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD)— vio a cientos de hombres ofrecer dinero a niñas, adolescentes y jóvenes a cambio de favores sexuales.

Cuando los observaba no podía dejar de pensar: “Si estos hombres supiesen lo que yo sé, no estarían haciéndolo”.

“La mayoría de las niñas y jóvenes que trabajan como prostitutas en las calles tienen historias traumáticas de abuso, violencia, alcohol o abuso de drogas. Ver cómo estas adolescentes son obligadas a tener sexo con cientos de hombres por día, es realmente devastador”, recordó

“Los clientes sexuales, comúnmente conocidos como Johns, generalmente no son criminales, ni malas personas, sino hombres que desconocen la realidad que viven las meretrices”, opinó Margolis.

“Un gran porcentaje de hombres cree que la prostitución es un crimen sin víctimas, solo un intercambio de alguien que busca favores sexuales y alguien que recibe dinero y en el cual nadie sale lastimado… Pero no hay nada más alejado de la realidad”, indicó.

Gran parte de las jóvenes que trabajan en las calles son niñas y adolescentes que huyen de hogares de abuso y violencia o del sistema de cuidado, conocido como foster care.

La mayoría de las meretrices son víctimas de proxenetas o pimps que les pegan, las violan y abusan y las obligan a tener sexo con cientos de hombres.

En muchos casos, los pimps incluso llegar a tatuar a las menores, como si se tratase de mercancía de su propiedad.

“Arrestar a las jóvenes tampoco es la solución, porque si hubiese alguien que realmente se preocupara por ellas, no estarían trabajando en las calles”, reflexionó.

En Los Ángeles, los corredores de mayor actividad criminal son la intersección de la calle Figueroa y la calle 65th, en Los Ángeles, y los bulevares Sepulveda y Lankershim, en el Valle de San Fernando.

Solo en esta ciudad, alrededor de 2,000 hombres son arrestados cada año por intentar pagar por sexo a niñas, adolescentes y jóvenes.

L.A. John School

En busca de una solución al problema, Margolis conceptualizó un programa de rehabilitación para Johns. Fue así como nació la idea de una escuela para clientes de prostitutas.

En julio de 2008, Margolis junto a la fiscal adjunta de la ciudad, Sonja Dawson, abrieron las puertas de la Escuela para Johns de L.A. (http://lajohnschool.com). A la primera clase del programa asistieron siete hombres que habían sido citados por la corte.

Este tipo de programas de desvío o Diversion Programs, ofrece a los criminales la posibilidad de rehabilitarse y de este modo evitar la cárcel y antecedentes criminales en su historial.

“La mayoría de los hombres que asisten coinciden en que la Escuela para Johns es una experiencia que les cambió la vida”, aseguró el exdetective.

En la actualidad, el programa cuenta con un índice de reincidencia de menos del 1%, un récord entre programas de rehabilitación.

Muchas de las trabajadoras sexuales son menores de edad.
Muchas de las trabajadoras sexuales son menores de edad. / Foto: Arhivo

Las muchas caras de los Johns

Margolis señaló que los Johns o clientes sexuales, no pertenecen a un grupo social o cultural en particular, sino que vienen de un amplio espectro de la sociedad.

En muchos de los casos, se trata de hombres con educación y trabajos importantes, que tienen familia e hijos y son adictos al sexo.

“He visto desde actores famosos de Hollywood y ejecutivos de corporaciones, pasando por deportistas, campeones olímpicos y gerentes de equipos de béisbol, hasta científicos y profesores de la universidad”, describió.

El exdetective pidió no revelar los nombres de los participantes, por cuestiones de confidencialidad.

Entre los muchos casos, Margolis citó al jefe de cirugía de un renombrado hospital que perdió su licencia como resultado de su adicción al sexo.

“El cirujano tenía adicción a los sitios de pornografía de la Internet y entre cirugía y cirugía, corría a su computadora, para mirar fotos y videos”, contó el exdetective.

“Más de una vez, a pesar de tener una cirugía temprano al día siguiente, se quedaba hasta la madrugada viendo pornografía y llegaba a operar sin haber dormido”.

También recordó un conductor de autobuses, con cinco hijos, que le agradeció la participación en el programa.

“Pude haber perdido mi trabajo y mi licencia y ya no hubiese podido mantener a mi familia”, le dijo el conductor, al finalizar el día.

En una ocasión, un joven de 21 años y que apenas podía hablar inglés, se acercó a Margolis luego de una de las clases y le contó que había estado casado por dos años, que tenía un bebé de 18 meses y que tenía problemas con su pareja.

“Ahora entiendo que los problemas que tengo con mi pareja vienen de mi adicción al sexo”, le confesó llorando.

“Estos hombres no son criminales. Son personas que desconocen las ramificaciones de sus acciones y no se imaginan los peligros a los cuales se exponen”, explicó el exdetective. “No se dan cuenta de que están poniendo en riesgo sus vidas, su salud y la salud de sus familias”.

En lugar de arrestar a las jóvenes, la Escuela para Johns ofrece una alternativa de rehabilitación.
En lugar de arrestar a las jóvenes, la Escuela para Johns ofrece una alternativa de rehabilitación. / Foto: Archivo

En detalle

El día en la escuela comienza a las 8:00 de la mañana y termina a las 4:00 de la tarde. Entre 12 y 15 personas participan en el desarrollo del programa voluntario que ocurre ocho sábados al año.

A lo largo del día, los participantes reciben información y testimonios personales de expertos en adicción sexual, agentes de la ley y trabajadores de salud.

“Cuando se comparten los testimonios de personas adictas al sexo no se escucha ni el zumbido de una mosca”, aseguró Margolis. La escuela ofrece folletos informativos para quienes están interesados en tratar su adicción.

Los participantes también escuchan el testimonio de una mujer que trabajó en las calles y descubren la perspectiva diametralmente opuesta que tienen las víctimas sobre la situación.

  • Para ser elegible para el programa, el John no debe tener arrestos previos por prostitución, drogas o crímenes violentos. Los hombres también aceptan someterse a un examen de VIH y obtienen los resultados ese mismo día.
  • Al terminar la jornada, los Johns reciben un certificado que deben presentar en la corte.
  • Las clases cuentan con intérpretes en español.
  • El costo del programa es de $600 dólares. El dinero recaudado vuelve a la comunidad en donaciones a organizaciones como Mary Magdalene de Van Nuys (http://journeyout.org), que ayuda a víctimas de explotación y tráfico sexual a dejar la vida de abuso y violencia en la que se encuentran y desarrollar su verdadero potencial.