El muro entre EEUU y México los separa, pero no apaga el amor de las familias

Cada fin de semana pueden verse pero temen que bajo la presidencia de Donald Trump pudiera cerrarse el acceso
El muro entre EEUU y México los separa, pero no apaga el amor de las familias
El pequeño Daniel Arizméndi intenta tocar a su padre a través de la malla metálica que recubre los barrotes del muro fronterizo Estados Unidos-México en Tijuana.
Foto: Araceli Martínez / La Opinión

TIJUANA.– Sentada en su silla de ruedas, María de Los Ángeles Güemes se aferra a los barrotes del muro fronterizo México-Estados Unidos del lado de Tijuana. A través de las barras, no le despega la vista a su hijo que está del lado estadounidense.

Quisieran abrazarse, pero se contentan con mirarse por poco más de tres horas; y por ratos, se hablan casi a gritos.

Custodiados por elementos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, las familias de uno y otro país se reúnen cada fin de semana. Estos encuentros se han dado desde que el presidente Bill Clinton construyó el muro en los años 90.

En las últimas semanas, la Patrulla Fronteriza ha comenzado a ponerse más rígida y pedir documentos a los que viven del lado estadounidense y quieren bajar a las Playas de Tijuana para encontrarse con sus familiares del lado mexicano.

María de Los Ángeles Güemes vino desde la ciudad de México para ver a su hijo Fernando Solís a través del muro fronterizo Estados Unidos-México en Tijuana. (Araceli Martínez/La Opinión).
María de Los Ángeles Güemes y su hijo Fernando Solís se miran a través del muro fronterizo Estados Unidos-México (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

“No me siento muy bien de que tengamos que vernos así. Pero de pérdida puedo verlo de lejos”, dice Güemes, de 75 años.

Su hijo, Fernando Solís, de 47 año,s confiesa que anhela poder estrechar a su madre. “Quisiera pasar del otro lado para abrazarla. Por ahora me conformo con verla de cerca. Gracias a Dios, ya es bastante que pueda venir de México a Tijuana. Para mí es una emoción muy grande verla y saber que está bien”, reconoce.

Entre esta anciana madre y su hijo hay al menos dos metros de distancia.  Sus miradas por entre los espacios de los barrotes están cargadas de nostalgia y alegría.

Cada fin de semana, familias del lado mexicano y del lado estadounidense se encuentran en el muro fronterizo Estados Unidos-Tijuana. (Araceli Martínez/La Opinión).
Cada fin de semana, familias del lado mexicano y del lado estadounidense se encuentran en el muro fronterizo. (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

El viento helado del invierno que sopla con fuerza en el Parque de la Amistad, al pie del Faro de las Playas de Tijuana donde el muro acaba en el mar, no parece incomodar a esta madre.

Llegó puntual a las 10:00 de la mañana. Su hijo Aníbal Solís y su novia que viven en Tijuana, la llevaron.

“Aquí vamos a estar hasta las 2:00 de la tarde que es cuando se acaba el permiso para poder vernos”, expresa la madre.

Güemes vive en la Ciudad de México, pero viajó hasta Tijuana para ver a su hijo a través del muro.

“El año pasado vine por primera vez a verlo. Tenía 27 años que no lo veía. Regresé hace un mes. Esta es la segunda vez que nos vemos este año”, dice.

Tres horas desde Palmdale

Fernando manejó tres horas desde Palmdale, en el norte del condado de Los Ángeles, para ver a su madre en el muro de Tijuana. Después de dejar su auto estacionado, caminó casi una hora para llegar al punto de encuentro. Él y su esposa cargaron con sillas de lona plegables para estar sentados durante el encuentro.

Estoy en trámites para obtener la residencia. Y tengo permiso de trabajo, pero no puedo salir de Estados Unidos”, dice su hijo, quien se dedica a la construcción en Los Ángeles.

El encuentro de familias se da bajo la supervisión de elementos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. (Araceli Martínez/La Opinión).
El encuentro de familias se da bajo la supervisión de elementos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

Cada fin de semana, el gobierno de Estados Unidos permite el paso de 25 personas para reencontrarse con sus familias a través de la muralla, en un horario de 10:00 de la mañana a 2:00 de la tarde. Los que vienen del lado estadounidense tienen que hacer una caminata que puede durar 40 minutos o hasta una hora. A veces, si ha llovido mucho, tienen que caminar por terreno fangoso y llegan con los zapatos atascados de lodo.

Una cuerda de contención a varios metros del muro impide que se toquen. Hay un segmento del muro que permite un encuentro más cercano, pero una gruesa malla de metal no los dejan ni siquiera entrelazar manos.

‘Las mañanitas’ en el muro

A un lado de la madre y su hijo, del lado mexicano del muro, tres jóvenes empiezan a cantar y tocar con sus guitarras Las Mañanitas, la canción tradicional mexicana de celebración de cumpleaños. Del lado estadounidense, Zury García Hernández no puede contenerse y empieza a llorar.

Le estamos celebrando su cumpleaños número 24. Se fue a Estados Unidos desde los 12, 13 años. No la veíamos desde entonces”, dice llena de emoción su tía, Dana García.

Zury García viajó desde Oakland, California para reencontrarse con sus primos y tíos en Tijuana. “Su cumpleaños fue el 8 de febrero. Y como nosotros no podemos ir allá festejarla, ella decidió venir para encontrarnos en el muro. Está en proceso de arreglar su residencia, pero no puede cruzar a México. Nosotros no tenemos papeles para ir”, dice la tía.

Varios familiares se juntaron para llevar las Mañanitas al muro fronterizo Estados Unidos-México en Tijuana para festejar el cumpleaños de la prima que no habían visto por más de una década. (Araceli Martínez/La Opinión).
Varios familiares llevaron las Mañanitas al muro fronterizo para festejar el cumpleaños de la prima que no habían visto por más de una década. (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

Una familia transfronteriza

Daniel Armendáriz es ciudadano estadounidense pero solo puede ver a su esposa, Alejandra Quintana y sus dos hijos Daniel y Alejandra, a través de la malla fronteriza.

“Estoy en libertad condicional porque cometí una travesura y no puedo salir del país. Vivo en San Diego. Mi esposa no puede venir del lado estadounidense. No tiene visa. Yo espero terminar mi libertad condicional este año y arreglar los papeles para que ellos puedan venir a vivir conmigo a Estados Unidos”, cuenta.

La pareja escogió para verse la parte del muro que tiene una malla metálica. El pequeño Daniel  introduce el dedo más chico de su mano y roza el mismo dedo de su padre que está del otro lado.

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Alejandra Quintana va todos los fines de semanas junto con sus hijos Daniel y Alejandra a ver a su esposo Daniel Armendáriz a través del muro. (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

La verdad me siento triste sin mis hijos y mi esposa. Llevamos viéndonos por el muro desde abril pasado. Quisiera poder tocarlos y darles un abrazo”, admite Armendáriz.

Alejandra Quintana no falta a la cita con su esposo todos los sábados y domingos. Llega armada con una cobija para protegerse del frío y el fuerte viento que azota con fuerza en esta época del año.

Un punto de reencuentro

El muro fronterizo Estados Unidos-México en Tijuana comenzó a edificarse en 1994 cuando era presidente Bill Clinton bajo el programa Operación Guardián a cargo de la fiscal general Janet Reno.

El pastor de la Iglesia Metodista Guillermo Hernández dice que antes del muro, cuando no había deportaciones y solo un alambre de púas, las familias se reunían y hasta hacían carne asada. “Era el Parque de la Amistad inaugurado por Pat Nixon, la esposa del expresidente Richard Nixon“, recuerda.

“Cuando Clinton levantó el primer muro, este lugar se convirtió en Monumento de Reunificación Familiar. Es la única opción que tienen las familias en toda la frontera para encontrarse. A veces se dan el beso del meñique como le llamamos al contacto de los dedos más chicos de la mano”, explica.

El muro fronterizo Estados Unidos-México en Tijuana separa físicamente a las familias pero no apaga el amor entre ellas. (Araceli Martínez/La Opinión).
El muro fronterizo Estados Unidos-México en Tijuana separa físicamente a las familias pero no apaga el amor entre ellas. (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

Algunas veces, cuenta, los visitantes logran escapar la vigilancia y tener un encuentro más cercano, corriendo el riesgo de ser sancionados. “Recuerdo a un muchacho que después de que pasó el vigilante, brincó el cordón que limita el acceso y corrió a darle un largo beso a su pareja. Regresó de inmediato a su posición detrás de la cuerda. El vigilante no se dio cuenta”, dice.

Hay cambios

“Bajo la administración del presidente Donald Trump, el único cambio que han notado es que han comenzado a pedir documentos a los que vienen de Estados Unidos al reencuentro con las familias”, dicen el pastor

Desde hace unas cuatro semanas, los agentes de la Patrulla Fronteriza tienen una actitud más prepotente y andan con armas largas. Lo peor que tememos, es que quieran cerrar el lugar“, confiesa el pastor.