Un reportero frente al cártel de Sinaloa

Javier Valdez ha desnudado a la organización criminal en siete libros y ha sobrevivido para contarlo, ¿cómo se siente tras la extradición de El Chapo?

MÉXICO –  Javier Valdez (Culiacán, 1967) está sentado en el rincón de Café La Habana, uno de los sitios favoritos de los periodistas en la capital mexicana. Lleva un sombrero de ala corta que lo distingue del resto de los comensales y que resultaría poco efectivo si quisiera pasar desapercibido ante el enemigo que él ha desnudado en siete libros: el cártel de Sinaloa.

Pero Valdez no quiere esconderse. Ni siquiera porque la reciente extradición del líder de la organización, Joaquín “El Chapo” Guzmán, puede significar un trato más hostil a la prensa: “con Guzmán casi siempre ganaba la idea de no calentar la plaza”, dice el escritor en entrevista con este diario; en cambio, “las nuevas generaciones son más beligerantes y sanguinarias”.

El cartel de Sinaloa ha tenido en Valdez un observador persistente, presente y prolífico que lo exhibe con tantos detalles como los títulos de su obra: “Miss Narco”, “Malayerba”, “Los Morros del Narco”, “Levantones”, “Huérfanos del Narco”, “Con una granada en la boca” y “Narcoperiodismo”.

Este último libro es el que lo tiene de visita en la Ciudad de México, el que lo despega de su natal Culiacán de donde pocas veces se mueve si no es estrictamente necesario aunque sabe que vive en la misma boca del lobo al que sobrevive día a día con cierta maña.

“Me gusta Culiacán, el chapopote. Soy muy territorial, como un perro que mea los bares y los cafés, me gusta sentir que es mi ciudad: por ese cariño escribí mi único libro que no es de narco (De Azoteas y Olvidos)”, dice Valdez mientras bebe lentamente un café y da sorbitos de agua mineral. “No me iría a menos que cerrara obligatoriamente Río 12 (un semanario especializado en seguridad, lo que en Sinaloa significa narcotráfico)”.

Desde su fundación en 2003, Río 12 ha sido la lupa del Cartel de Sinaloa y sus aliados en la política, el gobierno  y en la sociedad, gatilleros, paisanos y simpatizantes…¡saber de de dónde vendría el granadazo a las instalaciones del semanario y la veintena de amenazas de muerte contra Valdez, su director, quien también corresponsal del diario nacional La Jornada, y la familia!

“Estoy vivo, pero esta carrera tiene sus repercusiones en la salud: tengo gastroenteritis, problemas de circulación, tengo que tomar antidepresivos, pastillas para dormir y también ir al psicólogo: durante dos años fui cada fin de semana a terapia y ahora voy una vez al mes… también lloro mucho: soy un hombre llorón”.

Razones no le faltan para soltar las lágrimas. Basta contar las historias de mujeres hermosas que se han puesto al servicio de narcotraficantes obligadas o persuadidas; basta narrar cómo algunos “morritos” esperan que un día su padre vuelva de un lugar que reconocen como “Desaparecido” o basta sumergirse en las entrañas de su propio gremio y escribir un libro sobre el narcoperiodismo.

“En muchos periodistas hay mediocridad, deshonestidad, corrupción, arrogancia y tenemos que reconocerlo: el narcotráfico, el crimen organizado, se ha infiltrado en los medios de comunicación en todos los niveles como lo ha hecho en el gobierno”, precisa mientras se inspira en la letra de un clásico de la trova cubana,  “Resumen de Noticias”, de Silvio Rodríguez.

“No cuesta nada mirarse para adentro (cita la canción): en estados como Sinaloa, Chihuahua, Michoacán o Tamaulipas muchas veces mandan en las redacciones o cuentan con espías y todos en las redacciones lo saben”.

Aún así, hay niveles de censura. En el estado de Sinaloa, observa Valdez, aún el nivel de represión a la libertad de expresión es bajo en comparación con Tamaulipas donde los diarios tienen que cerrar o donde los delincuentes entran a las salas de redacción para disparar a mansalva.

“Creo que todavía podemos hacer periodismo porque hay un solo cartel y no dos o más en disputa como en otras zonas, pero de todos modos muchas veces sabemos que es prudente callarse porque el crimien organizado en Sinaloa es una dulce amenaza, un fusil AK 47 que te apunta y te sonríe”.

En una de sus última ediciones, Río 12 llevó tres temas a la portada: la historia de Oscar Lara, tres veces tesorero del gobierno de Sinaloa y diputado federal al quien se le acusa de tener una cuenta de seis millones de dólares en Andorra; una entrevista con Dámaso López Nuño, El Licenciado, del grupo en pugna con los hijos del Chapo y la captura de un gatillero.

“Todos los ejemplares desaparecieron cuando llegaron a los puntos de venta, ¿quién los recogió? No sé”, dice Valdez  mientras tomas su portafolio para explicar la arena movediza en la que se mueve como reportero y a la cualestá a punto de volver después de esta entrevista. “Lo que sé es que entre todos los miembros que conforman el crimen organizado yo le tengo más miedo a los políticos”.