Padres viven momentos de miedo y confusión tras tiroteo en San Bernardino

"Una piensa en lo peor, uno piensa en la masacre de San Bernardino"
Padres viven momentos de miedo y confusión tras tiroteo en San Bernardino
Una madre abraza a su hija afuera de la secundaria Cajon en San Bernardino.
Foto: Getty Images

Hubo abrazos, lágrimas y alivio.

Decenas de padres se aglomeraban y estrechaban a sus hijos al salir de la secundaria Cajon en San Bernardino, a donde fueron llevados algunos de los estudiantes de la primaria North Park, sitio del tiroteo que cobró la vida de una madre, su esposo y aparente atacante quien se suicidó y el estudiante Jonathan Martínez, de 8 años.

Era el final de un día muy largo, en que temieron lo peor y vivieron momentos de pánico y confusión.

Gladys Delacruz sostiene a su hija Liliana, estudiante de Kinder en la primaria North Park. (Getty Images)
Gladys Delacruz sostiene a su hija Liliana, estudiante de Kinder en la primaria North Park. (Foto: Getty Images)

La escena alrededor de la escuela primaria ubicada en el 5378 al norte de la Calle H -un área residencial y callada- era de caos y zona militarizada, Había una multitud de policías de diferentes agencias del orden con armas largas y chalecos antibalas que resguardaban la escuela y todo el lugar. Era imposible contar los autos policiales.

Visiblemente nervioso, Roberto Chevez, de 39 años de edad, intentó divisar a su hija de entre decenas de estudiantes mientras estos eran trasladados de la escuela primaria North Park, lugar en donde ocurrió el homicidio-suicidio, hacia un lugar seguro.

Chevez, oriundo de El Salvador, se encontraba en la acera de enfrente acompañado de su hijo René, y con teléfono en mano para mantener a su esposa informada.

“Allá esta, allá esta, es la niña de blusa rosita”, dijo Chevez a La Opinión mientras daba un respiro de alivio. “Gracias a Dios que está bien. Gracias Dios mío, gracias”.

Padres preocupados preguntan por sus hijos a agentes del SBPD. (Foto: Alejandro Cano/Especial para La Opinión)
Padres preocupados preguntan por sus hijos a agentes del SBPD. (Foto: Alejandro Cano/Especial para La Opinión)

De inmediato, Chevez trató de llamar la atención de su hija quien cursa el kínder. Su intento fue en vano, sin embargo su rostro tomó color al ver a su hija abordar el autobús que la transportaría a la Universidad del Estado de California San Bernardino, en donde los estudiantes fueron retenidos mientras se los entregaban a los padres.

“Yo estaba en casa cuando escuche las sirenas. Luego escuche que hubo un tiroteo y de volada que me lanzo. Agarré a mi hijo y corrí hacia la escuela. Para cuando llegué ya la policía había acordonado el lugar. Entonces me imaginé lo peor”, dijo Chevez. “Uno siente que se le para el corazón, es una situación que nadie debe pasar”.

A unos metros de Chevez se encontraba Michelle Chow, de 44 años de edad, visiblemente angustiada. Pese a que su hija ya estaba en un lugar seguro y acompañada de su padre, Chow no podía dejar de pensar en el estado de salud de los niños heridos durante el incidente.

“Se me parte el corazón de saber que dos niños están heridos. Mi hija está bien gracias a Dios, pero dos pequeñitos no regresarán a casa hoy y en vez lucha por sus vidas”, comentó Chow mientras se mantenía en comunicación con su mama.

Más tarde, las autoridades confirmaron que uno de los menores, Jonathan Martínez de 8 años falleció a causa de sus lesiones. Otro niño de 9 años se encuentra estable en el Centro Médico Loma Linda.

Chow, empleada del colegio comunitario San Bernardino Valley, abandonó su trabajo cuando se enteró del tiroteo por medio de su esposo. Chow dijo que el tramo de su trabajo a la escuela fueron los minutos más angustiosos de su vida.

“Una piensa en lo peor, uno piensa en la masacre de San Bernardino. Uno quiere llegar de inmediato y abrazar a sus hijos”, dijo Chow.

Miembros de diferentes agencias del orden resguardan la zona de la escuela North Park (Getty Images)
Miembros de diferentes agencias del orden resguardan la zona de la escuela North Park (Getty Images)

Vecinos afectados

Rosa López, cuyo hogar fue cateado por las autoridades en busca de posibles prófugos, dijo a La Opinión sentirse impactada por los hechos y pese a que no tiene hijos en la escuela aseguró sentir la angustia de no saber la condición de los niños durante mucho tiempo.

“Yo salí a ver qué estaba pasando porque escuché mucha conmoción, y fue entonces cuando me dijo la policía que fuera hacia ellos. Mi casa fue cateada para nuestra propia seguridad. Sí me dio mucho miedo, en 16 años viviendo aquí nunca había visto algo semejante. Pobrecitos padres, imagínate la angustia”, comentó López, de 60 años de edad.

Estudiantes esperan ser recogidos por sus padres. (Foto: Alejandro Cano/Especial para La Opinión)

La imagen fue similar en todos los alrededores de la escuela, con padres de familia angustiados y deseosos de abrazar a sus hijos. Y no es para menos, en sus mentes están muy frescas las imágenes de la masacre ocurrida en diciembre de 2015, cuando 14 personas fueron asesinadas por dos personas que habían profesado lealtad a un grupo terrorista.

El incidente ha conmovido a la comunidad que ahora exige mayor seguridad. En entrevista con La Opinión, legisladores locales, incluyendo el congresista Pete Aguilar, la asambleísta Eloise Reyes, y la miembro de la junta escolar Abigail Medina, aseguraron estar trabajando para incrementar la seguridad en la zona.

“Nuestros niños y la comunidad deben saber que su seguridad es nuestra prioridad”, dijo Reyes.

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