Problemas psiquiátricos, el drama escondido de los mexicanos

Uno de cada cuatro mexicanos ha padecido alguna enfermedad mental alguna vez en su vida
Problemas psiquiátricos, el drama escondido de los mexicanos
Britani Sosa muestra sus papeles del psiquiátrico donde estuvo hospitalizada como una muestra de superación personal que se reconoce poco en México.

MÉXICO – Cuando Britani Sosa comenzó a entender lo que pasó ya estaba amarrada a una silla, atada de manos mientras un grupo de personas la encaminaba al hospital. “Me estaban trasladando como una verdadera loca”, cuenta ocho años después, ya totalmente recuperada, aún indignada, pero feliz de estudiar para abogada y haber dejado atrás aquella crisis que la llevó a un intento de suicidio por una ruptura familiar a los 15 años.

“Mi papá regresaba de una estancia por trabajo en EEUU, mi mamá y él se quieren divorciar, peleaban por todo, por nuestra custodia y pensión (mi hermano tenia 13 años); rompí con mi novio,  bajé de calificaciones: era un cúmulo de todo y no lo soporté: intenté suicidarme”.

Britani pasaba por un cuadro de depresión, uno de los perfiles de las enfermedades mentales que padecen uno de cada cuatro mexicanos alguna vez en su vida, según estadísticas el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.

Britani tuvo suerte de ser atendida en un hospital público después de que se tomó un frasco de tranquilizantes “Dalay” que usaba su mamá y con las navajas de los rastillos se cortó la muñeca hasta caer inconsciente en la regadera hasta que su mamá la encontró al regresar a casa.

Entre el total de enfermos que el Instituto de Psiquiatría calcula que necesitan atención sólo una quinta la recibe a pesar de que oficialmente se reconoce que “México atraviesa por un momento difícil en el tema de salud mental debido a los problemas económicos y la inseguridad que afecta la calidad de vida y generan estrés e incremento de adicciones”.

Según los datos oficiales, entre 2003 y 2012, han fallecido 31,905 personas por trastornos mentales y del comportamiento por consumo de sustancias psicotrópicas, reporta el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (SISVEA).

Foto: Gardenia Mendoza

Actualmente existen sólo 49 hospitales para todo el país con un presupuesto de alrededor de 45 millones de dólares, lo que equivale al mismo gasto que el ex gobernador de Quintana Roo gastó en renta de aeronaves y helicópteros particulares para su servicio personal tal como declaró ante la secretaría de Hacienda la empresa la empresa Taxi Aéreo Villa Rica.

“La salud mental está olvidada en el país, representa sólo 2% del gasto en salud (debajo de la media mundial que es de 3.5%). Los servicios que el gobierno ofrece son insuficientes, escasos y están absolutamente rebasados” denunció Óscar Galicia, analista de la Universidad Iberoamericana

Las consecuencias de esta desatención gubernamental las vivió Britani en carne propia con el ascinamiento: 30 o 40 camas en una habitación donde convivían todas las personas por igual, independientemente de si tenían cuadros de depresión, ezquizofrenia, psicóticos o habían sufrido abusos o violaciones y eso representaba un riesgo para las demás.

“Considero que el personal no era suficiente ni eficiente: había alrededor de cinco enfermeras para las mas de 20 internas, un par de psicólogos y un psiquiatra. Las enfermeras atendían de buena manera, pero sólo se ocupaban de su trabajo. El psicólogo me regañaba en vez de ser comprensivo y todo el personal era frío, déspota y el ambiente se volvía muy pesado: creo que es porque les pagan poco”.

María Elena Medina,  directora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente ha reconocido públicamente que “en la Secretaría de Salud, es necesario proponer nuevos y mejores tratamientos, aumentar la cobertura de atención y atender las necesidades de la población en condiciones de mayor rezago”, sin embargo, este año el congreso disminuyo un 2% el presupuesto para salud.

Otro problema es la falta de comprensión en la familia. Después de estar internada y tratada con Bushetina y Disperdal; una dosis en la mañana, tarde y madrugada que la hicieron subir de peso, pero ella recapacitó.

“Me dieron de alta porque presenté buena conducta y porque mi caso no se agravó, no porque sus terapias hubieran funcionado”, precisa al recordar toda la odisea que le dejó dos lecciones de vida: qye ella tenía que salir de su depresión casi sola y que su historia sería un tabú familiar.

“Hace 8 años que salí del psiquiátrico y en mi casa no se toca el tema y todavía ahora me tratan como enferma porque los médicos indicaron que no se me debía recordar lo sucedido, lo cual me parece indignante y mejor opt por tomar terapias con un psiquiatra particular, cuando puedo hacerlo”.