Editorial: Nacionalismo contra realidad

El presidente le pide a los empresarios no hacer las contrataciones que él sí realiza en su empresas
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Editorial: Nacionalismo contra realidad
El presidente le pide a los empresarios que no hagan las contrataciones que él sí realiza.

El nacionalismo económico del presidente Donald Trump es una parte fundamental de su discurso populista. Pero esta filosofía tiene poco que ver con la realidad o con las convicciones del mandatario.

Trump firmó recientemente dos órdenes ejecutivas: una para promover la compra de productos estadounidenses y otra para evitar el desplazamiento de trabajadores nacidos en Estados Unidos por mano de obra extranjera más barata.

Una de las medidas se centra en eliminar el “uso abusivo” de excepciones en las compras gubernamentales que socavan las leyes “Buy American”. La segunda, pide al Ejecutivo hacer cumplir las leyes sobre visas laborales y específicamente con respecto a la H-B1 para trabajadores especializados.

El acto en Wisconsin fue más proselitista que de gobierno. El tono del discurso populista no se reflejó en el limitado alcance de las medidas. No se puede esperar mucho en cuanto a la protección de los trabajadores estadounidenses de un presidente empresario y un Congreso afín a los intereses del sector privado.

El presidente carece de credibilidad en este tema. Como empresario, Trump utilizó una “brigada polaca” de 200 indocumentados subcontratados para demoler un edificio y hacer espacio para una de sus torres.

Hasta el día de hoy en su club de Mar-a-Lago hay más de 60 empleados como jardineros, camareros y cocineros, entre otros, con visas H-2B. Esta es la visa para trabajadores no especializados.

Trump dice que no encuentra personal estadounidense para hacer labores temporales. Seguramente lo hallaría si pagara más por ese trabajo. Esa es la ley del mercado libre.

El presidente le pide a los empresarios que no hagan las contrataciones que él sí realiza en sus empresas.

Del mismo modo, el neoyorquino usó acero chino para construir sus edificios de Chicago y Las Vegas.

Desde la década de los treinta hay leyes para estimular el “Buy American”. Con posterioridad se crearon excepciones cuando el costo del producto estadounidense “no es razonable” o va contra “el interés público”. Esas protecciones al bolsillo del contribuyente no garantizan necesariamente más empleo.

Antes y después de la elección, Trump dijo que en el controversial oleoducto de Keystone se iba usar acero estadounidense. En una misma ceremonia ligó las órdenes ejecutivas que reanudaban la construcción del proyecto y la prioridad del producto nacional. Después de eso, se hicieron cambios, y el proyecto continúa, construido con material producido en Canadá por una filial rusa.

“Cree en lo yo diga y no en lo que haga”, es la filosofía de Trump para quienes votaron por él con la esperanza de que protegería los puestos de trabajo.

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