“Todos nos apuntaban con sus armas”

Latina narra cómo Los Ángeles se convirtió en un polvorín de violencia y muerte en 1992 y su evolución hacia la justicia social para afroamericanos e hispanos
“Todos nos apuntaban con sus armas”
Un military vigila un supermercado en la esquina del Bulevar Martin Luther King y la Calle Wetern después de ser saqueado. (Archivo)

“Todos nos apuntaban con sus armas porque no querían que nadie se acercara a sus negocios; el levantamiento había iniciado y la policía no estaba ahí para proteger a la población”, recuerda Aurea Montes Rodríguez, testigo ocular a los 17 años de los peores disturbios raciales jamás ocurridos en Los Ángeles, en 1992.

Aurea, de 42 años, fue traída por su madre, Josefina Figueroa de Puebla, México a Estados Unidos cuando ella tenía cuatro años. Asistió a las escuelas públicas del sur centro de Los Ángeles.

Un día después, de aquel fatídico miércoles 29 de abril de 1992, como de costumbre, Aurea se dirigía a la escuela Magnet de la secundaria Roosevelt donde estudiaba.

Un jurado había absuelto a tres de los oficiales del LAPD involucrados en la paliza grabada en video contra Rodney King, pero no pudo ponerse de acuerdo sobre uno de los cargos contra Lawrence Powell.

El alcalde de Los Ángeles, Tom Bradley, dijo: “El veredicto del jurado no nos cegará lo que vimos en esa cinta de video, los hombres que golpearon a Rodney King no merecen usar el uniforme del LAPD”.

Un comerciante coreano proteje su negocio sobre la calle Western, al sur del bulevar Santa Mónica. (Archivo)
Un comerciante coreano proteje su negocio sobre la calle Western, al sur del bulevar Santa Mónica. (Archivo)

“El alcalde anunció el estado de emergencia y que los autobuses escolares dejarían de funcionar”, rememoró Aurea. “Y se dictó un toque de queda”.

El autobús escolar pasó por el Este de Los Ángeles y Huntington Park, pero no se le permitió avanzar más en Imperial Highway. Aurea y todos los estudiantes tuvieron que bajarse.

“Tuve que recorrer tres millas a pie”, contó. “Caminaba por la calle y veía los negocios que estaban siendo saqueados o quemados”.

Aurea contó a La Opinión que en un swap meet de Compton, ubicado en la esquina del Bulevar Long Beach e Imperial Highway había decenas de vigilantes uniformados.

“Todos estaban apuntando sus armas hacia nosotros, contra la población”, expresó. “No querían que nadie se acercara a los negocios…seguí mi camino y en la tienda Top Value, en la esquina del Bulevar Compton y Long Beach la gente estaba sacando comida; eso ya era un levantamiento y la policía no llegó para ayudar a nuestra comunidad…un residente afroamericano de mi cuadra estaba preocupado que la gente trajera comida a la comunidad; nos preocupaba que los saqueos llegaran a nuestro barrio, pero también teníamos el fuego cerca de nuestras casas”.

Aurea Montes Rodríguez de Community Coalition al lado de un estante vacío, como quedaron los de muchas tiendas que fueron saqueadas durante lso disturbios. (Jorge Luis Macias, Especial para La Opinión)
Aurea Montes Rodríguez de Community Coalition al lado de un estante vacío, como quedaron los de muchas tiendas que fueron saqueadas durante lso disturbios. (Jorge Luis Macias, Especial para La Opinión)

Miedo

Aquella chica latina entendía la furia de la gente, pero no justificaba los medios usados en respuesta a las injusticias.

“Sentía miedo, pero comprendía que la gente ya estaba harta de que el sistema judicial y legal no funcionara para nuestras comunidades”, expresó. “Un año antes de los disturbios nos tocó ver cómo mataron a Latasha Harlins”.

En efecto, el 16 de marzo de 1991,  Harlins, una adolescente afroamericana de 15 años de edad fue baleada mortalmente en la cabeza por Soon Ja Du, una mujer coreana, propietaria de una tienda.

La muerte ocurrió 13 días después que se diera a conocer el video de la paliza a Rodney King. Soon Ja Du fue multada con $500 dólares, sentenciada a cinco años de libertad condicional y 400 horas de servicio comunitario, pero nunca fue a prisión por su delito. Algunos citaron el tiroteo como una de las causas de los disturbios de 1992 en Los Ángeles.

“El nivel de vigilancia contra nosotros nos tenía desesperados”, manifestó Aurea. “La negligencia de los agentes, el abuso policial y el maltrato de los dueños de negocios, en su mayoría coreanos era la receta perfecta para la rebelión”.

Un policía resguarda un negocio que fue incendiado durante los disturbios de 1992. (Archivo)
Un policía resguarda un negocio que fue incendiado durante los disturbios de 1992. (Archivo)

Como adolescente, Aurea sintió un poco de esperanza en medio de la caótica situación. La comunidad había dicho basta a la impunidad. Estaban hartos de todo tipo de abusos, despreocupación e indiferencia de las autoridades contra latinos y afroamericanos.

“Ese evento me tocó en la mente y el corazón”, declaró. “Fui a Washington a un curso de liderazgo para jóvenes y me dolió ver cómo la gente de otras partes del país veía a mi comunidad; eso me causó más dolor que haber presenciado el levantamiento e mi comunidad”.

Ella vio que las noticias presentaron a los residentes del sur-centro de Los Ángeles como una comunidad de ignorantes y criminales, pero nunca como seres humanos.

El enfoque de la rebelión lo achacaban a una tensión entre afroamericanos y coreanos, y la comunidad latina era ignorada.

La violencia que comenzó en Parker Center – el edificio central de la Policía de Los Ángeles – y se extendió a la esquina e Florence y Normandie puso en alerta a todos.

Aurea y su hermano regresaron de la escuela, pero a él ya le habían robado su automóvil. Se dieron cuenta que estaban en serio peligro.

“Mi mamá ya no nos dejó salir a ningún lado”, contó. “Pero cuando fuimos a comprar una hamburguesa, vimos que en Lueders Park estaban reunidos los líderes de los [pandilleros] Bloods y Crips”.

Aquella tregua de Wattsde 1992 fue un acuerdo entre pandillas rivales para disminuir la violencia, justo antes de los disturbios de Rodney King. A los pocos días, a pesar de los incendios en el centro de la ciudad, la mayoría de las pandillas se declararon en paz. Esta tregua no duro mucho.

Toque de queda

Aurea tenía planeado su viaje a Washington y tuvo que pedir permiso a la Guardia Nacional para salir de su casa. En la ciudad se estableció un toque de queda. Nadie podía salir antes que el sol y al atardecer era obligatorio estar en casa. De lo contrario, podría ser víctima de un balazo. La orden a los policías era disparar a quienes fueran parte del polvorín e muerte y violencia. Todos eran prisioneros en su propio hogar.

Esta combinación de factores llevó a Aurea a trabajar para Community Coalition, una organización que trabaja en desarrollar liderazgo comunitario y político.

“Una de nuestras prioridades es el área de bienestar de los niños para que permanezcan con sus familiares y no en hogares de crianza”, dijo. “Hoy tenemos una comunidad organizada que tiene conciencia para crear coaliciones multirraciales y queremos lograrlo en cuanto al desarrollode la comunidad, en mejorar las tasas de graduación en escuelas públicas…Ya hemos cambiado la mentalidad y luchamos porque se aumente la inversión del sector público y privado”.

“El esfuerzo de los residentes ha sido positivo”, concluyó. “Ya vimos a Carolina del Sur como el faro de lo que se puede hacer en el país en los próximos años…Pero en Ferguson [Missouri, con el asesinato de Michael Brown por parte del policía blanco Darren Wilson, el 9 de agosto de 2014] y Baltimore [Maryland, por la muerte de Fredie Gray quien murió de una severa lesión en la columna vertebral mientras estaba en custodia. Gray murió en abril de 2015] siguen siendo áreas que están teniendo dificultades con el racismo y condiciones económicas similares a Los Ángeles…Eso fue lo que aquí llevó a la horrífica rebelión”.