Otra oportunidad para jóvenes de LA involucrados en pandillas y drogas

Learning Works Charter School tiene a "chasers" que motivan a los alumnos a seguir estudiando

Otra oportunidad para jóvenes de LA involucrados en pandillas y drogas
Destiny Lozano ha sido pandillera toda su vida, puesto que en ese ambiente fue criada en Los Ángeles.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Para Destiny Lozano caminar a la escuela o al trabajo por las calles de Boyle Heights se convierte en una sentencia de cárcel o de muerte cada día.

La joven de 20 años residente de Lincoln Heights pertenece a una pandilla rival a las existentes del barrio de Boyle Heights.

Sin embargo, su deseo por superarse vence su miedo.

Lozano es estudiante de Learning Works Charter School, una secundaria no tradicional que ofrece un programa académico personalizado y riguroso para estudiantes que están en alto riesgo de abandonar sus estudios sin haber obtenido un diploma de secundaria.

La joven de descendencia mexicana recuerda estar involucrada en las pandillas desde que tiene uso de razón.

Destiny Lozano, 20, muestra sus tatuajes. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

“Toda mi familia son pandilleros, vengo de varias generaciones de pandilleros”, contó Lozano mientras tomaba un descanso recientemente de sus clases en Learning Works.

“Yo no veía ni maestros, ni abogados ni nada de eso cuando iba creciendo, yo quería ser un gangster”, aseveró.

Su vida desde los 13 años se convirtió en un entrar y salir de la cárcel juvenil. Su primer tatuaje se lo hizo a la edad de 12 años.

Un tatuaje muy notable es el de su frente –que dice “R.I.P. Danny”. “Él era mi papá. Murió cuando yo tenía 5 años”, aseveró la joven.

A su costado, otra estudiante hacía su tarea. A Samantha Espino, Learning Works le permite estudiar mientras cuida a su hija Desiree de 1 año.

Espino, de 20 años, dijo que nunca conoció a su padre y cuando tenía 5 años de edad su madre falleció. Ella quedó bajo la custodia de su abuela, pero el sentimiento de desamparo y falta de atención la llevaron a involucrarse en las drogas y el alcohol desde los 14 años.

Samantha Espino con su hija Desiree, de un año, asiste a una escuela no tradicional en Boyle Heights. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

“Me mandaron a un hogar de crianza y yo no quería estar ahí, entonces huía a cada rato”, recordó Espino.

La joven dijo que aunque se cuestionaba por qué se involucraba en situaciones de peligro no podía dejar esa vida. Se volvió adicta a las drogas. “Utilizaba cocaína, marihuana, PCP, crack, cristal meth y alcohol”, contó Espino, quien asegura que cuando estaba bajo las drogas solía robar, asaltar casas y no sentía miedo.

“Estaba tan drogada que ni pensaba. Las drogas me ayudaban a olvidar”, recordó.

Sin embargo, a los 19 años – cuando nació su niña – Espino decidió darle un cambio a su vida. “Ahora que tengo a mi bebé no quiero que pase por lo que yo pasé”, dijo la joven madre soltera.

La “Chaser” que no las deja solas

Lo que convierte a Learning Works en una escuela diferente es la presencia de las mentoras o “Chasers”.

Bernie Pérez, de 26 años, es la chaser de Lozano y Espino. Su trabajo consiste en perseguir a las jóvenes para que no abandonen los estudios y brindarles apoyo.

Ella conoce de primera mano las dificultades y obstáculos de ambas chicas, puesto que ella tuvo un pasado similar. En sus años de estudiante Pérez se involucró en las pandillas y se convirtió en madre a los 16 años.

Bernie Pérez, la “chaser” de Lerning Works. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Sin embargo, fue el programa de Learning Works en Pasadena lo que la ayudó a salir adelante. Así logró obtener su diploma de secundaria y ahora se prepara para obtener su licenciatura en la University of Phonenix.

“Poco después de que yo terminé el programa quería seguir haciendo trabajo voluntario y me dijeron que en Learning Works de Boyle Heights había una posición de trabajo disponible”, cuenta Pérez, quien gustosa aceptó el reto de ayudar a otras jóvenes como alguien la ayudó a ella.

“Todos se merecen una segunda oportunidad. Y muchos de estos estudiantes piensan que ellos no pueden hacerlo”, dijo Pérez.

Una ayuda constante

Mikala Rahn, fundadora de Learning Works—con sede en Pasadena—dijo que los chasers están de guardia las 24 horas del día, los fines de semana y las noches, siempre listos para ayudar a sus jóvenes estudiantes.

“No sólo están allí para el apoyo escolar, sino también para el apoyo emocional. Hacen lo que sea necesario para construir esa confianza y una relación real con cada estudiante”, dijo Rahn.

Destiny Lozano hace un trabajo de la escuela en Learning works de Boyle Heights. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinión)

Learning Works apareció por primera vez en Pasadena hace 10 años y en Boyle Heights hace seis.

En la sede de Boyle Heights, la institución trabaja en asociación con la organización Homeboy Industries –que trabaja con jóvenes pandilleros- quienes refieren a los adolescentes en riesgo de abandonar la escuela y al mismo tiempo les ofrecen empleo mientras estudian.

Rahn explicó que la belleza del programa de Learning Works es que todos los jóvenes se conocen y se convierten en una comunidad.

Lozano y Espino trabajan en el área de mantenimiento de la oficina de Homeboy Industries, localizada sobre la calle Primera en Boyle Heights.

Lozano dijo que la parte más difícil que enfrenta ahora que quiere cambiar su vida es que las personas no la vean como un ser humano, sino solo como pandillera.

“Es difícil cuando me ven solo por mis tatuajes y que tengo cierto estilo de vida. Pero en realidad soy una buena persona”, aseveró la joven quien piensa continuar sus estudios después de obtener su diploma de secundaria.

“Quiero trabajar en la construcción…donde no me juzguen por mis tatuajes”, añadió.

Por su parte, Espino dijo que ya esta inscrita en el colegio del Este de Los Ángeles y solo esta esperando terminar unas clases en Learning Works para estudiar a tiempo completo en el colegio.