Deportados a México: “Ayúdenos, no tenemos ni ropa”

No existe un programa que arrope a los deportados y sólo las asociaciones civiles se dan cuenta del problema y piden solidaridad a la gente
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Deportados a México: “Ayúdenos, no tenemos ni ropa”
Adán Jácome muestra la ropa que usa desde hace cinco. "Mi mochila es el clóset", dice.

MÉXICO.- En unos cuantos días, Gustavo Lavariega cumplirá nueve meses desde que regresó a México deportado de Walla Walla, Washington, y en su clóset sólo tiene tres mezclillas, dos playeras, una camisa y un pantalón de vestir que compró en “segunda mano” cuando se dio cuenta de que en la capital mexicana tal como te vistes te tratan.

“No tenía dinero, pero hice el sacrificio porque en muchos lugares me veían feo por la ropa”, cuenta en entrevista con este diario en las oficinas del colectivo Deportados Unidos en la Lucha, una organización que busca ayudar a los repatriados con sus necesidades básicas, lo que significa, en primer lugar una vestimenta adecuada.

Cada día retornan a México alrededor de 400 migrantes deportados de Estados Unidos por tierra y por aire y todos con un común denominador: sin ropa, literalmente con una mano adelante y otra atrás, porque en los centros de detención del ICE les dan un uniforme y guardan para el momento de la expulsión sólo la muda personal que llevaban puesta.

Gustavo Lavariega muestra una de las playeras que forman parte de su ajuar: diseñada por él mismo en un taller de serigrafía.
Gustavo muestra una de las playeras

Lavariega compró en el centro de detención de Otero, Nuevo México, un pantatón, unas calcetas y ropa interior con lo que gastó sus últimos 80 dólares, pero apenas puso un pie en la Ciudad de México se dio cuenta que no podía ni ver esa muda porque le recordaba la desgracia que lo separó de sus cuatro hijas.

Otro caso es el de Adán Jácome, de 46 años, a quien sus tíos y primos le regalaron la ropa que hoy tiene, pero, al igual que muchos de sus compañeros, se siente incómodo de pedir más. “No quiero abusar y que me traten como arrimado”, comenta mientras que busca trabajo con el mismo short que llevaba puesto cuando un oficial lo detuvo en de Las Vegas en enero pasado.

“He ido a varias fábricas a solicitar trabajo como ayudante en general pero me miran desconfiados porque soy deportado”, cuenta. “Mi ropero lo traigo aquí”.

Adán abre su mochila y saca una camisa azul rey y una chamarra color vino: es todo su ajuar de retornado que lleva a todas partes junto con su acta de nacimiento y el documento de deportación de las autoridades estadounidenses.

“Lavo el short cada tercer día”, cuenta con un aire de tristeza en los ojos y recuerda los días en que tenía un traje y zapatos de vestir. “Uno no valora lo que tiene cuando lo tiene”, concluye.

Adán Jácome busca trabajo con la misma moda de ropa con que fue deportado.
Adán busca trabajo con la misma moda de ropa con que fue deportado.

“Las familias nos mandan muy poco porque se quedaron con los gastos, la renta, los hijos como en mi caso y yo hasta hace poco estoy trabajando en un taller de serigrafía que pusimos entre todos los del colectivo que formamos los repatriados en la ciudad”, cuenta Lavariega. Jácome no tiene hijos pero su mujer no puede enviarle más que 40 dólares cada quince días, el mismo dinero que usa para comer y comprar algo para sus parientes que lo acogieron en su casa.

Casi el 100% de los deportados llega a México sin nada”, advierte Ana Laura López, una de las fundadoras de Deportados Unidos en la Lucha.

Recién llegado uno no cuenta con los recursos para comprar ropa. Eso dificulta muchas cosas: ni siquiera se puede acudir a una entrevistada trabajo, por ejemplo, y muchos están sin domicilio, no pueden lavar su ropa, ni trabajar para conseguirla y el gobierno no está ayudando en esto”.

Dalia Gabriela García, coordinadora del programa “Somos Mexicanos” del Instituto Nacional de Migración (INM), expresó en entrevista radiofónica que por ahora las autoridades mexicanas sólo “hacen  una vinculación y los canalizan hacia los distintos programas y ejercicios que ya existen”.

El problema es que no existe un programa que arrope a los deportados y sólo las asociaciones civiles se dan cuenta del problema y piden solidaridad a la gente. “Todos tenemos un poco de ropa que no usamos y ayudaría mucho si la pueden donar desde ropa hasta artículos de limpieza”, dice Ana Laura López, quien puede localizarse en la cuenta twitter @clubdeportados o en el correo: deportadosunidosenlucha@gmail.com.