El éxito mediante la educación: de exconvicto a doctor

Luis García inició su carrera al éxito debido a un programa de educación que ofrece el sistema carcelario del condado de Los Ángeles
El éxito mediante la educación: de exconvicto a doctor
Luis S. García logró superar el alcohol y obtener una licenciatura, una maestría y un doctorado. / fotos: Aurelia Ventura.

Luis S. García recuerda que cada mañana durante 1995, mientras servía una condena de dos años en una cárcel angelina por robar el estéreo de un auto, todos los presos gritaban desde sus celdas: “¡Escuela, escuela!”, cada vez que oían llegar a un agente del Sheriff.

Intrigado por saber si valdría la pena, este hombre —quien ya había estado en la cárcel por tres años con aterioridad— decidió darle una oportunidad a ese camino de educación que poco antes había dejado ir.

Fue entonces que García por fin habló con un agente del Sheriff y le pidió ayuda para entrar a su “escuela”; se refería al programa educativo dentro de la prisión que ofrece el sistema carcelario del condado de Los Ángeles.

De ello, ya han pasado más de dos décadas y esta semana lleno de orgullo, García —hoy de 48 años— volvió al Departamento del Sheriff del condado de Los Ángeles (LASD); pero esta vez se presentó como el doctor Luis S. García.

Para más información del programa que llevó García visita: bit.ly/2rI7woZ / Foto: Aurelia Ventur. 27

El doctorado de liderazgo educacional para justicia social que hoy posee, lo obtuvo con mucho esfuerzo en la Universidad de Loyola Marymount.

García, nacido y criado en Bellflower, confesó que siempre contó con bienestar y educación de calidad en el sistema púbico y privado. Sin embargo, su falta de interés lo llevó a escoger su propio destino.

En su penúltimo año de la secundaria, fue expulsado de la escuela, pero eso no le preocupó.

“Yo tenía otros planes mejores y más grandes donde la escuela no era una opción”, recordó este jueves mientras hablaba sobre el programa educativo que le abrió las puertas al éxito.

A partir de la decisión que tomó de joven, la vida de García vida fue todo menos “mejor y grande”. Desde los 18 años sirvió numerosas condenas dentro de la cárcel del condado de Los Ángeles y el sistema penitenciario estatal de California.

“Primero estuve tres años, después dos años y después de violar mi libertad condicional estuve otro año”, dijo García, quien de vez en cuando también servía condenas cortas que iban desde unos días a un mes por delitos menores.

El gran cambio

Con empeño, y mientras estaba tras las rejas, García logró terminar la secundaria.

“El programa tiene personal que provee oportunidades de educación, capacitación vocacional y práctica; además de muchos otros servicios con personal capacitado”, dijo el teniente Rubén Durán, encargado de este sistema.

García no solo recibió educación, sino también mentoría y aliento.

Cuenta que tomó la inspiración de profesores del programa y de miembros del LASD que se convirtieron en una fuente de motivación para su éxito.

“La Unidad de Encarcelamiento Basado en la Educación ofrece programas que ayudan a hombres y mujeres encarcelados a alcanzar su máximo potencial a través de empoderamiento, autoestima, creatividad y respeto propio para hacerlos mejores padres y esposos; además de ciudadanos productivos en sus comunidades”, explicó el LASD.

“Después del programa me sentía bien porque yo venía de una buena familia y amigos quienes ya estaban en el colegio y haciendo otras cosas”, explicó el ahora doctor.

García tenía 25 años cuando salió por ultima vez de la cárcel y desde entonces se prometió hacer mucho más por él y enorgullecer a su familia.

Aunque siguió luchando en diferentes aspectos de su vida sobre todo contra el alcoholismo, García perseveró. Una vez fuera de la cárcel regresó a un colegio comunitario y en el otoño de 1998 fue aceptado en la Universidad de Loyola Marymount para obtener su licenciatura en teología en 2001.

Siguió avanzando hasta completar una maestría en trabajo social durante 2007 en la Universidad del Sur de California (USC). Su logro más reciente fue haber culminado sus estudios al recibir su doctorado de la universidad de Loyola Marymount.

El 7 de mayo de 2017, García—aquel joven que entraba y salía de la cárcel—era ya todo un hombre educado y orgullosamente titulado como doctor.

A pesar de la emoción cinfesó que la mayor ayuda que obtuvo fuera del enlace académico fue una carta que le envió su abuelo.

“En 1992 me escribió una carta que decía” ‘Recuerda pensar hacia el futuro, pensar positivo y pensar sobrio’… Esa fue la llave para mi éxito y es la frase que tengo pegada en la puerta de mi casa y veo todos los días antes de salir”, dijo García.

Acepta que su transformación no fue solo en conocimientos o certificados, sino en el crecimiento personal; una visión, que se produjo a lo largo de más de dos décadas de autorevisión.

“Yo les digo a las personas que nunca pierdan la esperanza… Van a haber barreras pero siempre deben encontrar el camino”, dijo García aseverando que estar en la cárcel es “deshumanizante y que no hay nada de qué estar orgulloso”.

Actualmente, el doctor García tiene una prometida y trabaja en una agencia de salud mental. Su próxima meta es trabajar en un colegio comunitario o una universidad.