Los “polvos mágicos” que ofrecen buen sexo y salud cerebral

De Los Angeles, estas bebidas en polvo pasaron a Nueva York
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Los “polvos mágicos” que ofrecen buen sexo y salud cerebral

Siempre me gustaron los polvos mágicos. De chica, en los cumpleaños, todo mago hacía que echemos sobre la galera un polvo “invisible” e, inmediatamente, salía un conejo. A diferencia de las pociones mágicas, que tenían connotaciones de hechiceros medievales (y que, además, imaginaba con gusto a Benadryl), parecían una forma eficiente y contemporánea de conseguir algo difícil. Luego, de adulta, viví en España, donde aprendí que el término tenía connotaciones sexuales así que dejé de manifestar públicamente mi interés. Hasta ahora.

En Nueva York, esta pretemporada de verano, quien no va cantando loas a los polvos mágicos no existe. Incluso The New York Times sacó una larga crónica sobre Anne Marie Bacon, la reina de los polvos mágicos. Su base está en los pudientes suburbios de Los Angeles que suelen estar a la cabeza en la movida wellness, y en sus tiendas aireadas y espaciosas, el único ruido de fondo es el murmullo de las cortadoras de pasto de las mansiones vecinas.

En la Gran Manzana se venden en las abarrotadas tiendas departamentales con los bocinazos de taxis de fondo (y por supuesto online), pero están causando una similar sensación. Todas las mañanas, en los cafés alrededor de las escuelas que son el epicentro de la vida social femenina del Upper East Side, Tribeca y demás, se puede ver a las mamás de cuerpos trabajados, ya vestidas de gimnasia, espolvoreando los polvos de Bacon sobre sus bebidas matinales. A decir verdad, son un espresso doble y nada de batidos saludables color verde “porque esto todavía es Nueva York, no California”, como me aclaró una amiga que acababa de comprarlos en todas sus versiones.

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Porque claro, no hay un polvo mágico genérico, sino que, dentro de Moon Juice, la marca de Bacon, hay uno para mejorar el físico, otro para la vida sexual, otro para la vida espiritual, otro para los sueños. El más famoso en Manhattan, con su eterna obsesión por la productividad es el “Brain Dust”, algo así como “polvo para el cerebro” o “polvo cerebral”.

“Enciende tu cerebro y aumenta el fluido mental. La velocidad de las neuronas y la visión se calibran al dar tono a las ondas cerebrales, en especial las ondas alfas que conectan con la creatividad”, promete el frasco, pero no es cualquier producto New Age de generaciones anteriores. Aunque sus componentes en buena parte se usan desde siempre en la medicina alternativa, pero con mística siglo XXI.

Por otra parte, estos productos están exclusivamente atados a celebridades de Internet, las famosas influencers de la red, en su versión de un glamour que se propone como menos “plástico”. Como todo producto de lujo, vende un aura de exclusividad pero mezclado con una cierta superioridad moral. Y la nueva estrella en ese espacio en volverse viral es Bacon, cuyos polvos, según el matutino, tienen todo para señalar lujo discreto.

Como parte de su encanto es que no engorda, probé el polvo cerebral de mi amiga. El efecto no me resultó mayor al de un café fuerte al sentarme en la computadora, sin cafeínas ni toxinas, es cierto, pero mucho más caro. Mis amigas que probaron los demás hicieron comentarios similares sobre sus efectos, pero van a acabarse el jarro con resolución. Como forma eficiente de conseguir algo difícil, todavía ningún polvo mágico se acerca a los de los magos que sacaban conejos de la galera, pero son éstos los que van a marcar el verano 2017 en todo su esplendor.