Inmigrantes viven una historia al estilo del Amor en los Tiempos del Cólera

La pareja se separó cuando él vino a EEUU pero nunca pudieron comunicarse por su desconocimiento en la lectura y escritura; hoy van a clases juntos
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Inmigrantes viven una historia al estilo del Amor en los Tiempos del Cólera
06/02/17/LOS ANGELES/ Senior couple Maria Cibrian, 80, and Felipe Grano, 78, at their Long Beach home. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

María Cibrián y Felipe Grano vieron truncado su amor de adolescencia cuando él dejó México para venir a trabajar a EEUU. Cada quien se casó por su lado y formó una familia.

Sin embargo, 45 años más tarde, la vida les tenía deparada una sorpresa que ni ellos mismos imaginaron muy al estilo de la historia narrada en la novela del escritor Gabriel García Márquez: “El Amor en los Tiempos del Cólera”.

De adolescentes, fueron novios por tres años en Yerbabuena, su pueblo natal en el municipio Mascota del estado de Jalisco.

“Vine a trabajar al campo en el Valle Imperial en 1963. Como yo no sabía escribir ni leer nunca le pude escribir a María. Tampoco confiaba en nadie para dictarle una carta”, recuerda Felipe Grano.

Al regresar a su pueblo dos años después, se encontró con que María Cibrián estaba a punto de casarse con el novio con el que llevaba seis meses.

Felipe Grano y María Cibrián viven felices en Long Beach. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

“Yo pensé que él ya me había olvidado. Todos me decían allá en Estados Unidos hay muchas gabachas (término coloquial con se le dice en México a los estadounidenses) a quienes les gustan los mexicanos”, cuenta Cibrián.

“Cuando él regresó, yo ya no supe qué hacer. No me podía echar para atrás. Ya estaba hecho el gasto de la boda, la comida, el padrino”.

Felipe Grano cuenta que se sintió tan desconsolado que al día siguiente se fue del pueblo con toda su familia. “Inicialmente nos fuimos a Guadalajara y tiempo después regresé a Estados Unidos a trabajar”.

Quedó tan lastimado que no se casó hasta casi los 40 años de edad. Nunca volvió a saber nada de aquel amor que le rompió el corazón.

María Cibrián y Felipe Grano, novios en su juventud, nunca imaginaron que se casarían en la tercera edad. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Cuatro décadas más tarde, ya en Los Ángeles, se encontró con un amigo de Jalisco que a su vez era cuñado de María Cibrián, casado con una hermana.

“Lo primero que hice fue preguntarle por ella. Yo estaba casado pero quería saber si estaba viva. Me dijo que vivía y que seguía casada. Tenía cuatro hijos, 18 nietos y 9 bisnietos, y que vivía también en Los Ángeles. Bueno yo pensé alguna vez nos vamos a encontrar”.

Y no pasó mucho tiempo para ese encuentro. A los meses, le comunicaron que su amigo había fallecido.

Fue en su funeral en Wilmington, donde María Cibrián y Felipe Grano se encontraron después de 45 años.

Las fotos de Felipe Grano y María Cibrián cuando fueron novios de jóvenes (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

“Cuando entré, miré a una mujer rezando el rosario que se parecía mucho a Cuca (así le digo yo a María). Dije será ella. Me le acerqué, eres tú Cuca. Si soy yo”, dice Felipe Grano, y al recordar no puede evitar agachar la cabeza y soltar un llanto ahogado.

“Me agarró la mano por un largo rato y no me soltaba. No me quería soltar”, dice María. “Yo no sabía qué hacer porque mi esposo nos estaba viendo. Hasta que le dije, mira allá está mi prima, ve a verla”, rememora.

Felipe Grano dice que él hubiera querido abrazarla pero se detuvo por respeto al esposo.

Dos años después de ese encuentro, en enero de 2008, Felipe Grano enviudó, perdió a su esposa a causa de un ataque cerebral. Se fue a vivir a Las Vegas con unos familiares pero a los meses decidió llamar a una hermana de su novia de juventud para contarle de su pérdida.

Fotos familiares de Maria Cibrián y Felipe Grano el día de su boda en octubre de 2008 (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

“La prima me dijo que Cuca había perdido a su esposo en 2006, meses después del funeral donde nos reencontramos. Su esposo murió de cáncer”.

Grano dice que espero un tiempo prudente y decidió llamarle.

“Le llamé por teléfono desde Las Vegas. Le dije que me gustaría mucho volver a verla, reencontrarnos. Ella fríamente me cortó, yo estoy muy bien así, que Dios te cuide, que Dios te bendiga, me dijo. Y me colgó el teléfono sin más ni más”.

Pero Grano cuenta que a sus casi 70 años no tenía nada que perder, y le llamó al día siguiente como si nada. “Así fue como empezamos a platicar. Hasta que un día le dije, Cuca yo me quiero casar contigo. Nunca te he podido olvidar. Los dos ya tenemos hijos grandes, estamos viudos, vamos a casarnos”.

Las nietas y bisnietas de Maria Cibrian la acompañaron en su boda con Felipe Grano en octubre de 2008. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Maria cuenta que le puso muchas trabas: “Le dije que yo ya estaba muy viejita para andarme casando”. “Yo le contesté que estabamos igual de viejos”, replica Felipe.

“Le dije también que estaba muy gorda y la panza me colgaba. Él me dijo que no le importaba”.

Cuando por fin lo acepté, venía lo más difícil, cómo decirles a mis hijos que me iba a casar a mis 72 años.  “Mis hijos me dijeron de todo: ¿qué te hace falta? ¡estás loca! Qué mañas tendrá ese hombre y qué tal si es un vicioso. Yo le pedí que lo conocieran antes de juzgarlo”.

María y todos sus hijos viajaron a Las Vegas a conocer al novio de la juventud de su madre. “Quedaron encantados con él y dieron su aprobación para que nos casáramos”, dice sonriendo. En Las Vegas, Felipe le mostró a María una foto grande, enmarcada que ella le regaló cuando eran jóvenes, y que él siempre atesoró y trajo consigo a este país. Ella ya no se acordaba de esa fotografía.

Maria Cibrián de 80 años y Felipe Grano de 78 aprenden a leer y escribir español en la Casa Guerrero de Long Beach. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

El 25 de octubre de 2008, Felipe Grano y María Cibrián se casaron por la iglesia. Ella entró vestida de blanco a la Iglesia seguida por una larga corte de pajecitos conformada por todos sus nietos y bisnietos.

“Llevamos nueve años juntos. Y puedo decir que no me arrepiento. Ha valido la pena. El amor en la tercera edad es más fuerte que en la juventud. Él ve a mis hijos como si fueran suyos”, dice María mientras su cara se llena de contento.

Felipe Grano dice que no podía esta más feliz porque la vida lo compensó trayendo de regreso al amor de su vida. “Yo tenía que casarme con ella cuando enviudó. No podía evitar que me la ganaran por segunda vez”, dice riendo.

Felipe Grano tiene 78 años y María Cibrián casi 80. Ambos están tomando clases juntos en la plaza Comunitaria de la Casa Guerrero para aprender a leer y escribir español. A Felipe no se le olvida que por no saber escribir nunca pudo enviar una carta a María, y ella pensó que la había olvidado.