Dios, ¿cómo te escribo?

El dios de Trump es el más sencillo. El tamaño depende del estado. Se mide en votos
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Dios, ¿cómo te escribo?
¿cómo te escribo?
Foto: Archivo

No se piense que pretendemos debatir acerca de si debemos mandarle a Dios un tuit-plegaria o un cele-texto: por poner nombre a la conjunción extraterrestre de cielo y celular. Nos planteamos, más modestamente, elucubrar sobre la trascendencia de representarlo con mayúscula o con minúscula. Reglas hay, pero lo normativo apenas refleja la realidad.

Es muy probable que a un ateo lo de la mayúscula le dé risa, dirá: ¡pero si dios no existe! La ciudadanía con fe religiosa, por su parte, tenderá a magnificarlo con trazo grueso.

Seguro que hay alguno que se resistirá a creer que este dios de la mayoría de los ciudadanos de nuestro país, que es cristiana, alcanzó la supremacía religiosa durante el Imperio Romano. Fue una jugada de supervivencia. Con Teodosio I el Grande (un emperador hispano, por cierto), el 27 de febrero del 380 se hizo del cristianismo la religión oficial de un imperio que se hacía añicos.

Da grima oír a un miembro del KKK poner al dios de los cristianos como aval de sus ideas; entre ellas, echar del país a cualquiera que no reconozca la superioridad de lo que llama “raza blanca”. Pensará que si Jesucristo era blanco, pues su padre también. Si “hijo de tigre, rayado”, “padre de rayado, tigre”. Pero no funciona, porque las cebras también cuentan.

Los antiguos cristianos, por su apariencia, sabemos que se aproximarían más a los cristianos fumigados en tierras de Bashar al-Assad, o a los coptos de Egipto de las noticias explosivas.

El dios de Trump es el más sencillo. El tamaño depende del estado. Se mide en votos. Así lo hizo cuando compitió con Ted Cruz, que ni con mayúscula.

Los indocumentados tienen derecho a fe, y no solo a la del bautismo. Jeanette Vizguerra se ha asilado en una iglesia y así se lo ha comunicado a la autoridad. Le ha bastado para ser una de las cien personas más influyentes para la revista Time. No puede actualmente ejercer sus labores de madre y queda relegada a ser una mala madre. La iglesia de Vizguerra y la de Trump tampoco se ponen de acuerdo, ni con mayúscula ni con minúscula. Los hipócritas sobreviven “a dios rogando y con el mazo dando”.

La Biblia con la que se llegó a este país; tanto la de los españoles, que llegaron primero, como la de los ingleses, entró con documentación falsa. Las visitas de los exploradores europeos, espada en mano, justificaron la legalidad de su evangelizadora presencia mostrando una estampita de Roma como única acreditación.

El paso del tiempo no debe difuminar nuestra historia. La madrastra frente al espejo no puede ser Blancanieves. Porque no habría cuento.

Luis Silva-Villar

lenguaporoficio@gmail.com

@lenguaporoficio

Profesor de lengua y lingüística