‘Busquen las señales’ para prevenir el suicidio, dice madre cuyo hijo se suicidó a los 13 años

Con la muerte de su hijo ella también “murió” de alguna forma
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‘Busquen las señales’ para prevenir el suicidio, dice madre cuyo hijo se suicidó a los 13 años
Ester Ybarra habla del suicidio de su hijo Nathan Bryant, de 13 años de edad.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinión

Ester Ybarra, de 62 años, recuerda vivamente aquel 3 de junio de 1997 cuando su hijo Nathan de 13 años no fue a la escuela porque dijo que se sentía enfermo.

“Le dije que se podía quedar, pero tenía que llamarme cada dos horas para saber que estaba bien”, recordó Ybarra.

Ella se fue a trabajar dejando su auto en el garaje de la casa.

Pasaron dos horas y su hijo le llamó diciendo que todo estaba bien. Pasaron otras dos horas y en la segunda llamada había algo extraño, contó Ybarra, residente de West Covina.

“Su voz se oía quebrantada y me dijo ‘I love you mom’ y yo le dije ‘I love you Nathan’”, recordó Ybarra, aún sin poder esconder el dolor.

El presentimiento de madre le decía que debía llamarlo otra vez.

“Le regresé la llamada y estaba temblando. El teléfono sonó 75 veces. Yo las conté”, dijo angustiada Ybarra. “Nunca contestó”.

Imaginando que sería una excusa de Nathan para ir a pasear con sus amigos, Ybarra intentó ignorar su presentimiento y continuó trabajando.

Pero a las 3:00 de la tarde recibió la llamada más desgarradora de su vida.

“Mi hija me dijo, ‘¿Mamá por qué dejaste el carro prendido?’ y yo le dije, ‘¡Corre! Nathan esta ahí’”.

No se equivocó. Su hijo Nathan estaba dentro del auto.

Fotografías familiares de Nathan Bryant, quien se suicidó a los 13 años. (Aurelia Ventura/La Opinión)

La autopsia reveló que Nathan había cometido suicidio. Él murió al respirar las concentraciones extremadamente altas de monóxido de carbono dentro del auto prendido y completamente cerrado que estaba dentro del garage. El monóxido de carbono reduce la cantidad de oxígeno al cerebro, causando la intoxicación, carencia del razonamiento y eventualmente la muerte.

Por muchos años Ybarra se preguntó qué había llevado a su niño a tomar tal decisión.

“Nosotros paseábamos mucho, él era monaguillo en la iglesia, lo llevaba a los campamentos de verano. Se llevaba muy bien con sus hermanos”, contó Ybarra.

“Pero al parecer yo no vi las señales”.

Las posibles causas

Cuatro años atrás, en 1993 había fallecido el esposo de Ybarra y esto impactó tremendamente a sus tres hijos. Ybarra los llevó a terapia y pensó que todo regresaría a la normalidad. Pero aunque los mayores – de entonces 13 y 14 años – superaron un poco más la muerte de su padre, Nathan de 9 años se sumergía más y más en su dolor.

A los 13 años ya no se juntaba con sus amigos, sus calificaciones bajaron y los últimos meses dijo que se debía a que tenía una novia que se llamaba Julie.

“Pero después supimos que Julie no existía”, recordó Ybarra.

Ricardo Guerra Caban, coordinador de programas del centro de salud mental Didi Hirsch, dijo que cuando los jóvenes hablan a la línea de ayuda de emergencia contra el suicidio de su agencia, es común escucharlos decir que tienen algún tipo de dolor como la muerte de un ser querido o el divorcio de sus padres.

Didi Hirsch, es un centro que ofrece servicios de salud mental para personas que piensan en el suicidio o familiares de personas que se suicidaron. Guerra Caban dijo que muchas veces estas señales son difíciles de captar para los familiares.

“No es que los padres no quieran estar atentos, pero un mito común es que el adolescente no se quiere relacionar con las personas y que eso es normal”, dijo Guerra Caban.

Aumenta el suicidio

Estadísticas demuestran que el suicidio es la tercera causa de muerte en los jóvenes entre 15 y 24 años, y un número significante es debido al cyberbullying o acoso en las redes sociales.

Aunque el tiempo ha pasado, no así el dolor de Ester Ybarra, quien perdió a su hijo. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Los últimos datos sobre suicidio juvenil en el condado de Los Ángeles muestran un aumento considerable; de 10 casos registrados en 2014 a 23 en 2015, según uno de los tres informes publicados recientemente.

Los expertos atribuyen este auge, en parte, al fenómeno del “cyberbullying” (acoso en Internet) al que están expuestos los jóvenes de hoy en día.

El reporte indica que en el condado de Los Ángeles, el método más común de poner fin a su vida fue el ahorcamiento, más que el uso de armas.

El Departamento de Salud Mental del condado explica en su página web que más de la mitad de estos jóvenes que intentan suicidarse a causa de la depresión, al menos el 7% lo logra.

Alrededor del 25% de las llamadas que recibe la línea de emergencia de Didi Hirsch son de jóvenes latinos, dijo Guerra Caban.

Los estragos

Ybarra acepta que con la muerte de su hijo ella también “murió” de alguna forma. Inclusive, al llegar el primer aniversario de la muerte del menor de sus hijos, ella también intentó cometer suicidio.

“Extrañaba tanto a mi hijo y yo sentía que ya estaba muerta”, relató, aseverando que en ese momento no podía pensar en el bienestar de sus otros dos hijos.

Una noche, sin pensarlo mucho, decidió que se tomaría todos los antidepresivos de una botella para dormir para siempre.

“Empecé a escribir una carta de despedida para mi familia y no la podía terminar porque mis lágrimas no me dejaban”, recordó Ybarra.

Entonces llamó al 211 para decirle a la operadora, “Le puedes decir a mi mamá mañana que me morí, pero no hoy, mañana”, contó Ybarra. “Y ella me dijo, ‘¡Espera! ¡Espera! Yo sé quien puede tomar tu recado’, y me transfirió a la línea de suicidios donde hablé con una consejera y lloré por dos horas”.

Ybarra dijo que lo que le salvó la vida fue cuando la consejera le hizo una pregunta que cambio todo.

“Ella dijo, ‘piénsalo, estas en la cama muerta y ¿quién te va a encontrar?’ y yo le dije, ‘pues mi hija porque ella siempre viene en las mañanas y me da un besito de buenos días’”.

En ese momento reaccionó cuando la consejera le recordó que su hija Leah había encontrado muerto a su hermano y aún seguía llorando la muerte de su padre.

“Y ella me dijo, ¿‘tu crees que tu hija va aguantar tanto dolor?’ Entonces dije, ‘yo no puedo hacer esto, yo necesito ayuda’”, recordó Ybarra.

Luego comenzó a involucrarse más con Didi Hirsch y a tomar todos los servicios de ayuda que ofrecen.

 

Han pasado 20 años desde que su hijo Nathan, de entonces 13 años, se suicidó. Hoy, Ester Ybarra habla de las cosas que no se percató sobre la terrible decision que tomó su hijo. (Aurelia Ventura/ La Opinion)
Han pasado 20 años desde que su hijo Nathan, de entonces 13 años, se suicidó. Hoy, Ester Ybarra habla de las cosas que no se percató sobre la terrible decision que tomó su hijo. (Aurelia Ventura/La Opinión)

El consuelo

El 3 de junio se conmemoró el 20 aniversario de la muerte de Nathan y aunque Ybarra dice que siempre piensa en él, esa experiencia le ha dado fuerzas para ayudar a otras personas con su testimonio.

“Me tomó 10 años aceptar la realidad, pero encontré algo porque seguir viviendo y para no permitir que la vida de Nathan haya sido en vano”, dijo Ybarra.

Ella da charlas a personas que han sufrido la perdida de un ser querido, habla con quienes tienen pensamientos suicidas y participa en un sinnúmero de conferencias y eventos para prevenir el suicidio.

“El dolor del suicidio es tan fuerte que cuando yo veo a personas sufrir solo les doy un abrazo…yo se por lo que están pasando”, dijo Ybarra.

Aunque ya esta retirada, Ybarra trabaja muy de cerca con el grupo de respuesta de suicidio, es voluntaria en un asociación de perritos pugs, es parte de la coalición para crear conciencia de Inland Empire, miembro del centro de personas mayores del centro de West Covina entre otras actividades.

Ybarra recomienda a los padres que tienen jóvenes que no ignoren las señales que pueden demostrar que su hijo necesita ayuda.

“Busquen las señales, no los dejen solos”, aseveró.

Ayuda Disponible

Si tienes pensamientos suicidas o conoces a alguien que pueda estar experimentando una situación similar, llama a la línea de emergencia contra el suicidio al (800) 273-8255. El teléfono esta disponible 24 horas al día, los siete días de la semana. Se habla español.