Cinco años después de DACA: Una reportera “soñadora”

"Mi nombre es Jacqueline García. Soy beneficiaria de DACA y reportera de La Opinión. Llegué de Puebla, México, a Los Ángeles a los 12 años"
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Cinco años después de DACA: Una reportera “soñadora”
Jacqueline García escribe para La Opinión en Los Ángeles.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Dijeron que a las 11:00 de la mañana el presidente Obama daría una noticia que beneficiaría a miles de jóvenes indocumentados. Se me hizo un nudo en la garganta. Al salir de mi recámara, mi madre estaba en la sala viendo la misma noticia. Ella me abrazó fuertemente y lloró conmigo.

Era el 15 de junio del 2012. Obama anunció ese día el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que cambió mi vida.

“No tiene sentido expulsar a jóvenes talentosos que,  por todos sus esfuerzos y en todo sentido, son estadounidenses. Han sido criados como estadounidenses y se sienten parte de este país”, dijo el presidente “… Quienes no sean un riesgo para la seguridad nacional o la seguridad pública podrán solicitar un alivio temporal de los procedimientos de deportación y una autorización de trabajo”.

Yo era parte de esos 1.4 millones de jóvenes que llegaron cuando niños y tienen un récord limpio. Obama hablaba de mí.

Jacqueline Garcia, reportera de La Opinión y beneficiaria de DACA. (Aurelia Ventura/ La Opinion)

Mi nombre es Jacqueline García. Soy beneficiaria de DACA y reportera de La Opinión. Llegué de Puebla, México, a Los Ángeles a los 12 años.

Al principio mi situación migratoria no me preocupaba. Pero al graduarme de la secundaria Huntington Park me di cuenta de que ser indocumentada era un obstáculo para mis aspiraciones universitarias.

Pese a que el mismo año que me gradué se aprobó la ley AB 540, la cual permite a estudiantes indocumentados asistir a universidades pagando una cuota de residente, yo no lo sabía.

Me resigné a estudiar cosmetología en un colegio comunitario. Al menos tendría un oficio para trabajar, pensé.

Pero no pude. Al terminar la carrera la falta de un número de Seguro Social y una identificación me prohibieron tomar el examen estatal para obtener mi licencia de cosmetóloga.

Decidí luchar.

En el centro de transferencias del colegio comunitario Los Ángeles Trade Tech, el asesor David Esparza me dio esperanzas: sí, podía asistir a la universidad.

Me habló acerca de la ley AB 540 y me ofreció una lista de becas privadas que no requerían un número de Seguro Social.

Sin dinero pero con muchas ganas, en 2006 inicié la carrera de periodismo en la Universidad Estatal de California, Northridge (CSUN). La primera beca que gané de la lista me permitió pagar mi primer semestre.

En CSUN fui estudiante activista por los derechos de los indocumentados y contra el alza de la matrícula escolar. Luego, senadora del gobierno estudiantil, presidenta del club de periodismo y editora del periódico en español El Nuevo Sol.

Las becas privadas me ayudaron a pagar toda mi carrera universitaria.

Pasaron cinco años.

Con DACA he trabajado en varios medios de comunicación, compré mi primer auto a plazos y obtuve una tarjeta de crédito. Actualmente estoy en el proceso de comprar mi primera casa.

Pero lo más importante es que el año pasado pude viajar a México después de casi dos décadas.

En su visita a Teziutlan Puebla, García (der.) con su abuelita, tia y primo. (Suministrada)

Este viaje lo pude hacer por medio del programa Advance Parole que nos permite a los Dreamers salir del país por razones humanitarias, laborales o educativas.

Después de muchos años volví a mi pequeña ciudad de Teziutlán, Puebla. Mis tíos y primos me recibieron con brazos abiertos.

Visité el parque donde solía jugar con mis hermanos; mi antiguo kínder, mi infancia, la tumba de mi padre, a quien no pude ir a enterrar cuando falleció hace más de 10 años. Me reencontré con mi pasado y con mi identidad.

Abracé a mi México lindo y querido. Pero también acepté que ya no le pertenezco. Entendí, como muchos inmigrantes antes que yo, que mi hogar está en Estados Unidos.

DACA me abrió las puertas a muchas oportunidades. Actualmente trabajo para el periódico de mayor alcance para la comunidad latina de Estados Unidos, La Opinión. Amo mi trabajo de reportera y gracias a DACA he podido demostrar mi potencial.

Dicen que siempre es bueno soñar. Sin embargo, para nosotros los Dreamers, el sueño va acompañado de estar bien despierto para no dejar escapar las limitadas oportunidades que se nos presentan.