Presos obligados a cavar sus propias tumbas en Corea del Norte

Kenneth Bae, misionero estadounidense vivió en carne propia las atrocidades en los campos de trabajos forzados en el régimen de Kim Jong-un
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Presos obligados a cavar sus propias tumbas en Corea del Norte
Kenneth Bae
Foto: Chip Somodevilla / Getty

No hay duda de que Corea del Norte trata a sus prisioneros con dureza.

Cuando los extranjeros son arrestados, a menudo son sentenciados a trabajos forzados combinados con la severa opresión del aislamiento y el desamparo.

La BBC sabe de un expreso que fue destruido psicológicamente por el trato que recibió . Muchos años después, el hombre sigue demasiado traumatizado para hablar de ello.

Pero otros han descrito su experiencia en detalle.

En diciembre de 2012, Corea del Norte acusó al misionero cristiano coreano-estadounidense Kenneth Bae de actos “hostiles contra la república”.

Otto Frederick Warmbier
EFE

Había visitado el país muchas veces, pero en esa ocasión fue intervenido y le encontraron un disco duro con material religioso.

Por este “delito”, fue condenado a 15 años de trabajos forzados y fue liberado en noviembre de 2014, solo cuando su salud se deterioró seriamente.

Así pareció ocurrir en el caso de Otto Warmbier, estudiante estadounidense de 22 años sentenciado en marzo de 2016 a 15 años de trabajos forzados por intentar robar un cartel de propaganda de un hotel.

Esta semana Warmbier fue liberado y el martes volvió a EEUU, pero en estado de coma.

Getty

Kenneth Bae trabajaba seis días a la semana en una granja, “cargando roca, excavando carbón”.

Después de su liberación, Bae escribió el libro de memorias “Sin olvidar: la verdadera historia de mi encarcelamiento en Corea del Norte” , en el que cuenta que durante las primeras cuatro semanas de su reclusión, fue interrogado todos los días desde las 8 de la mañana hasta las 10 u 11 de la noche.

Bajo esta presión, escribió los cientos de páginas de confesiones que sus interrogadores exigían.

“Nadie te recuerda”

Bae contó que trabajaba seis días a la semana en una granja, “cargando rocas, removiendo carbón con palas”.

Su rutina diaria era despertar a las 6 de la mañana, desayunar, rezar y luego realizar el trabajo duro desde las 8:00 hasta las 18:00.

Bajo este régimen, perdió mucho peso -aproximadamente 27 kilogramos- en los 735 días de su cautiverio.

A medida que su peso disminuía, su salud iba empeorando cada vez más y fue llevado varias veces a recibir tratamiento médico.

Aparte del desgaste físico, había dolor psicológico, un sentimiento de aislamiento.

Un interrogador le decía: “Nadie te recuerda, la gente, tu gobierno te ha olvidado, estarás aquí 15 años, cumplirás 60 años antes que vuelvas a casa”.

“Me sentía como un insecto, enredado en una telaraña, cada vez que me movía la situación se ponía peor, sin salida”, recuerda.

Sin embargo, después del mes del interrogatorio, le permitieron ver mensajes y correos electrónicos de la gente que lo esperaba en casa (aunque esto pudo haber sido tanto un consuelo como un tormento).

Al parecer, cuando se enfermó gravemente, las autoridades norcoreanas se preocuparon de que fuera a morir y de todas las dificultades diplomáticas que esto causaría.

Así que coordinaron su liberación, como pudo haber ocurrido con Otto Warmbier.

Cavar sus propias tumbas

Kenneth Bae es un ciudadano estadounidense originario de Corea del Sur, por lo que hablaba coreano.

Dijo que pensaba que el trato que recibió como prisionero -tenía una celda propia, cama y un inodoro-, no era tan duro como el de los norcoreanos que estaban presos en los numerosos campos para delincuentes comunes o disidentes.

Puede que tenga razón en esto. Amnistía Internacional ha calificado a las prisiones norcoreanas como duras, a un nivel que va más allá de la resistencia.

“Cientos de miles de personas -incluyendo niños- son detenidas en campos de prisión política y otros centros de detención en Corea del Norte”, dice la organización.

Muchos de ellos no han cometido ningún crimen , sino que simplemente son familiares de los culpables de crímenes políticos graves”, agrega.

Amnistía analiza fotografías aéreas de los campamentos para prisioneros y dice que uno de ellos es tres veces más grande que Washington D.C. y que alberga a 20,000 reclusos.

Corea del Norte
Kim Jong-un, líder de Corea del Norte

El caso del estudiante Otto Warmbier podría ejercer presión política sobre el presidente Donald Trump para que se endurezca con el régimen de Kim Jong-un.

Según un exfuncionario con el que habló, los detenidos eran obligados a cavar sus propias tumbas y la violación era utilizada como castigo, después de lo cual las víctimas desaparecían.

Kenneth Bae no dice que haya sido torturado o golpeado físicamente. Su declive de salud se debió a que la dureza del régimen carcelario exacerbó su diabetes, hipertensión y una condición renal.

¿Síndrome de Estocolmo inverso?

Eso puede o no ser el caso de Otto Warmbier. Pero hay preguntas que las autoridades de Estados Unidos seguramente se hacen: ¿cómo terminó en coma?, ¿por qué Corea del Norte tardó un año en contárselo a cualquier otro país?

Si fue por algún tipo de ataque físico, podría haber presión política sobre el presidente Donald Trump para que se endurezca con el régimen de Pyongyang.

Hay otra pregunta intrigante: ¿los presos influyen en sus carceleros?

El síndrome de Estocolmo ocurre cuando un rehén llega a identificarse con la gente que lo retiene, pero ¿hay un síndrome de Estocolmo inverso?

Kenneth Bae descubrió que sus captores tenían curiosidad por la vida en Occidente. Querían saber cuánto costaba una casa y si mucha gente realmente tenía su propia casa y su propio automóvil.

“Al principio era difícil, pero como hablo el idioma me pude comunicar”, dijo después de ser liberado. A los norcoreanos les hablaban sobre una vida sombría en Estados Unidos, donde el 99% de la gente vivía en la pobreza .

Bae recuerda que “les decía que la mayoría de la gente poseía una casa y un automóvil y respondían ‘eso no puede ser cierto'”.