Así se controla y se vigila por aire a la CDMX

Conoce la labor que realiza el grupo Cóndores
Sigue a La Opinión en Facebook
Así se controla y se vigila por aire a la CDMX
Uno de los trece helicópteros que vigilan la CDMX por aire.
Foto: SSP CDMX. / SSP CDMX

MÉXICO – Poco después del medio día, Francisco Támes sale de su oficina y se encamina hacia uno de los 13 helicópteros del Agrupamiento Cóndores que él dirige y se encuentran estacionados en el hangar de la Dirección General de Servicios Aéreos de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México.

Al principio va dando zancadas tan largas como puede alcanzar su cuerpo de más de 1.80 metros de estatura, pero cuando va a la mitad de la pista mejor se echa a correr flanqueado por uno de los 20 pilotos que integran el equipo a su cargo y que acaba de recibir una llamada de emergencia cuya atención es de vida o muerte.

– Se acaba de caer una pared encima de unos trabajadores- dice antes de subir al helicóptero AS 350B3 y elevarse por los aires para aspirar hasta 8,200 pies como máximo sobre el nivel del mar o sobrevolar hasta mínimos de 300 pies o aterrizar para evitar la perdida de una vida como este día.

Una pared en construcción cayó sobre tres trabajadores de la construcción en la CDMX y son apoyados por el Agrupamiento Cóndores.
Foto SSP CDMX

Una pared cayó sobre tres trabajadores de la construcción en la CDMX y son apoyados por el Agrupamiento Cóndores.

Las aeronaves del Agrupamiento Cóndor actúan como ambulancias de la capital mexicana en casos extremos de emergencia cuando el paciente está en cuenta regresiva hacia el más allá. O el más acá, si los cóndores lo evitan: el tiempo de respuesta es de siete minutos desde que reciben la alerta hasta que llegan a dar los primeros auxilios.

“Al parecer ya hay un muerto”, dice el capitán Carlos Olvera especializado en electrónica y equipos de radio montado en un Bell 407GX mientras sigue la trayectoria del general Támes que se enfila hacia el lugar del accidente en la colonia Emiliano Zapata lanzando rítmicos sonidos con las hélices sobre los indiferentes habitantes de la Ciudad de México.

Los capitalinos están tan acostumbrados a escuchar pasar artefactos voladores sobre su cabezas que no voltean a ver ni siquiera a este Bell 407 equipado con una cámara de luces infrarrojas nocturnas tan poderosa que hace ver una colilla de cigarro como si fuera del tamaño de un perro.

Sobrevolando la Avenida Periférico, Olvera cierra el zoom de la cámara y enfoca las placas de un coche que se encuentra a unos 10 kilómetros de distancia para mostrar la potencia de registro. El número se ve nítido, como los cacharros que los dueños de las casas almacenan en sus patios: fierros retorcidos, sillas viejas, mesas destartaladas…

“Si quisiéramos seguir a ese coche sólo apretaríamos la función de tracking y en automático registra la trayectoria”, dice Olvera.

Carlos Olvera, piloto de Cóndores.
Foto SSP CDMX

El Agrupamiento Cóndores tiene una función múltiple de apoyo en la CDMX que puede sobrevolar de punta a punta en 15 minutos. Además de las emergencias médicas, monitorea el tráfico, bancos, eventos culturales o deportivos masivos, manifestaciones y siempre está alerta ante sismos o actos delictivos si alguna otra área de la SSP se lo solicita.

A diferencia de ciudades como Los Ángeles, donde los delincuentes suelen buscar la fuga por carretera, la geografía de la CDMX empuja a la policía a seguirlos más por tierra que por aire y el trabajo de cóndores es menos informativo y más persuasivo: estresar a los prófugos con el ruido de las hélices mientras corren por azoteas entre los tinacos o de taxi en taxi.

El general Támes y su equipo acaba de aterrizar en el lugar del accidente, en la delegación Iztapalapa, y confirma la mala noticia. De las tres víctimas del accidente, una murió en cuanto le cayó el concreto encima; dos, aún tienen signos vitales.

Francisco Támes (vestido de azul, de espaldas) vigila el ascenso de los heridos a la aeronave.
Foto SSP CDMX

Francisco Támes (vestido de azul, de espaldas) vigila el ascenso de los heridos a la aeronave.

El personal de aeromedicina cuenta con dos médicos especialistas en medicina aeroespacial y urgencia, uno en traumatología y ortopedia, 13 paramédicos. Están capacitados para dar atención de terapia intesiva. Monitorea los parámetros, temperatura, presión arterial, desfibrila, bombea, da oxigenoterapia…

¡Cuántas vidas se han salvado desde 1971!, desde que empezó a operar con sus protocolos de actuación en grandes eventos como el sismo de 1985 o, más reciente, la explosión de la Torre de Petróleos Mexicanos en enero de 2013 donde murieron 37 y los cóndores salvaron a 12; o cuando explotó una pipa en el hospital Materno Infantil y rescataron a 15.

En el día a día, los problemas de obesidad e hipertensión que sufren los mexicanos es lo que más trabajo les da: entre tres o cuatro pacientes por infarto que tienen que trasladar al Instituto Nacional de Rehabilitación con quien tienen un convenio. O los accidentes de bajo impacto como el que asistió el capitán Támes antes de encaminarse al Hospital Ignacio Zaragoza seguido por Olvera.

Toma general de un sobrevuelo en la CDMX.
Foto SSP CDMX

Francisco Támes (vestido de azul, de espaldas) vigila el ascenso de los heridos a la aeronave.

Este último en el Bell 407 cierra la cámara para observar a detalle cómo descienden los dos heridos en el hospital. El día está gris y brumoso pero se alcanza a ver todo perfectamente: dos inconscientes bajando lentamente en la camilla auxiliados por los paramédicos.

“Esperamos que todo salga bien”, dice Olvera cuando el Bell 407 comienza  a girar en círculos al hospital, preparándose para regresar al hangar, siguiendo a su jefe. Mision cumplida, por ahora.

Probablemente este tipo de emergencias se repitan en lo que resta del día: traumatismos, quemaduras, aplastamientos, robos, delincuentes huyendo y hasta partos de emergencia: en lo que  va del año cinco pequeños capitalinos llegaraon al mundo sobre los helicópteros del Agrupamiento Cóndor.