Bajo un mismo Dios: Latinos musulmanes de LA comparten su fe

Mujeres latinas musulmanas comparten su jornada espiritual en Los Ángeles
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Bajo un mismo Dios: Latinos musulmanes de LA comparten su fe
Las mujeres oran durante la ceremonia en la mezquita King Fahad de Culver City.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

El martes pasado, después del atardecer, decenas de familias llegaron a la mezquita King Fahad, en Culver City, para orar y romper el ayuno diario de Ramadan, el mes sagrado del Islam.

La escena, que pudo haber ocurrido en incontables iglesias, templos y centros de fe de alrededor del mundo, se diferenciaba por los hijabs o chales que llevaban las mujeres, muchas de ellas, latinas e inmigrantes convertidas al islamismo.

Entre las inmigrantes se encontraba Cecilia Alabed, madre de dos hijos de 12 y 7 años de edad, nacida en El Salvador. Dieciocho años atrás, Cecilia conoció a Khaled Alabed, su actual esposo y padre de sus hijos, en un restaurant en Venice, donde este trabajaba como Chef. Khaled era inmigrante de Jordania y de religión musulmana.

“El Khaled nunca me presionó para que adoptara su religión. Por el contrario, fui yo quien empecé a sentir curiosidad y quise investigar”, recordó Cecilia. Fue así como la inmigrante salvadoreña, que creció bajo la religión católica, empezó a leer el Corán y decidió adoptar la religión musulmana.
“Yo respeto todas las religiones y también les enseño a mis hijos a hacerlo. Cuando ellos me preguntan, yo sólo les digo que vayan adonde los lleve el corazón. Que elijan la religión que los haga sentir más cerca de Dios”, reflexionó.

Patricia Malik también nació en El Salvador y descubrió el Islam después de casarse.

“Después de estar casada por cuatro años, quise conocer la religión de mi marido. Fui aprendiendo poco a poco”, recordó. Al igual que Cecilia, Patricia encontró muchas similitudes entre la religión católica, con la que había crecido, y la religión musulmana.

Ambas inmigrantes reconocieron que en la actualidad existe mucha hostilidad hacia la comunidad islámica.

“Nuestra religión no fomenta la violencia ni las matanzas. Por el contrario, si lees el Corán puedes ver que jamás incita a la violencia, que no buscamos hacerle daño a nadie. Pero como en todas las religiones, en todas las razas, siempre hay manzanas que se echan a perder y quieren arruinar a las otras. Esto no significa que el resto sea igual”, indicó Patricia.

El Fiscal Mike Feuer, junto al Director de interreligión Mohamed Akbar Khan

Unidos somos más fuertes

El Fiscal de la Ciudad, Mike Feuer,  llegó ese día a la mezquita, y participó en la ceremonia musulmana.

“A pesar de ser un día muy ocupado, creí que era muy importante venir hoy, especialmente después de los eventos ocurridos en Londres”, indicó Feuer. En el ataque de esta semana, en el que una van atropelló a un grupo de musulmanes que salían de orar en la Mezquita de Finsbury Park, hubo un hecho que llamó la atención del Fiscal.

“Me conmovió que, durante el ataque, el Imam [líder espiritual de la mezquita] haya intervenido para proteger a la misma persona que había atacado a sus hermanos musulmanes. Es ese el sentimiento humanitario que nos une y nos da fortaleza”, opinó.

“Con tanta división y odio que existe alrededor del mundo, incluso promovido por nuestro propio líder, hoy más que nunca es importante destacar que la unión nos da fortaleza”, opinó el Fiscal. “Vine a celebrar las diferencias que, en lugar de dividirnos, nos deben unir y hacernos fuertes”, agregó.

Amira, Cecilia y Ali. A pesar de que en la escuela, algunos niños son hostiles, Amira y Ali tienen un grupo grande de amigos en la mezquita.

Hostilidad en la escuela

Los más pequeños también notaron la hostilidad y acoso que existe en ciertos casos.

Los hijos de Cecilia, Ali y Amira Alabed compartieron algunas de las experiencias que viven en la escuela Magnolia, de Los Ángeles, sólo por ser musulmanes.

“Nos llaman ‘los ISIS’, y dicen: ‘aléjense de ellos, que son terroristas”, contó Amira. “Me gustaría poder decirles que no sean tan malvados, que traten a los otros del mismo modo que querrían ser tratados”, opinó con madurez, la niña de 12 años de edad.

Su hermano Ali, de 7 años de edad, coincidió con ella y confesó que algunos niños de la escuela a veces se burlaban de él. El estudiante de segundo grado recordó una vez que le habían tirado la mochila al piso sin motivo, y otra, en que lo habían rodeado y acosado durante el recreo, sólo por su fe.

“Yo solamente los ignoro”, explicó el pequeño.

“Me gustaría que la gente se eduque sobre el Islam, en lugar de sólo creer lo que ven en la televisión, que no siempre es verdad”, opinó Cecilia. “Tenemos muchas cosas en común con otras religiones, usamos cuentas sagradas o rosarios para orar y creemos en un Dios. Nuestras familias son como otras familias latinas. Al final del día, somos todos iguales, queremos lo mejor para nuestros hijos, para nuestros padres y amamos a nuestras familias”.

“No hay que olvidarse de que el profeta Muhammad era primo de Jesús”, recordó Mahomed Akbar Khan, Director interreligioso y de relaciones públicas de la mezquita de Culver City.

Akbar Khan contó que, en sus años de servicio en la cárcel de hombres de Los Ángeles (Men Central), uno de los detenidos, que había pertenecido a la mafia mexicana, se había convertido al Islam.

“Un día, él me contó que su abuela, que era muy religiosa, lo había visitado durante sus sueños y lo había tomado de la mano. Yo le dije que probablemente sería porque su abuela estaba muy contenta, ya que, al convertirse al Islam, su nieto no estaba perdiendo a Jesús”, indicó.

Búsqueda espiritual

En el caso de Ana Nazareth, una inmigrante brasileña, su conversión al Islam no fue resultado de haberse casado con un musulmán, sino de su búsqueda espiritual.

“Crecí bajo el catolicismo, pero no me sentía satisfecha con algunos de sus principios y creencias y decidí explorar otras religiones”, recordó. Ana estudió religión y filosofía y fue a través de un grupo de meditación de Facebook, que encontró el islamismo.

Jacqueline, quien pidió no publicar su apellido, nació en Monterrey, México, y también descubrió su fe, como resultado de su búsqueda espiritual.

“Yo soy una mujer independiente y profesionista que me mantengo a mí misma”, aseguró, cuestionando algunos de los mitos que existen alrededor de las mujeres musulmanas.

“Con los años, siento que mi corazón se endureció un poco”, reveló la inmigrante mexicana que hace años celebra Ramadan. “Durante este Ramadan, quiero poder abrir más mi corazón”, agregó.

Cecilia Alabed (hijab rosa) y Patricia Malik (hijab negro) nacieron en El Salvador y adoptaron la fe musulmana.

¿Y el hijab y la ropa?

“La ropa nos protege”, respondió Patricia a una de las preguntas de La Opinión. “Mi esposo siempre dice que las mujeres somos como un diamante, a quien quieren proteger para que no se lo roben”. Patricia explicó que la ropa de las mujeres musulmanas busca cubrir la piel y protegerlas del sexo opuesto. “Es una forma de cuidado y protección”, agregó.

“No todas usamos el hijab a diario. Muchas lo llevan sólo cuando vienen a la mezquita”, indicó Cecilia.

Jacqueline agregó que existen diferentes maneras de vestir. “Varía según se trate de musulmanes Sunni o Shea. Por ejemplo, las mujeres Shea, usualmente se visten de negro”, explicó

Unión, paz y disciplina

Cuando consultadas sobre cuál es el aspecto que más les atrajo de la religión, las inmigrantes latinas destacan distintos aspectos de su fe.

Para Cecilia, el Islam le dio a su familia una gran unidad, algo que siempre añoró desde que era pequeña. Mientras que Patricia destacó la inmensa paz que le daba la religión. Jacqueline eligió la disciplina como uno de los beneficios de su fe.

“A pesar de haberme convertido hace 8 años, siento que fui musulmana por mucho tiempo”, comentó Ana. “Después de 40 años, ¡finalmente encontré mi religión!”, agregó.