Madre e hija se gradúan al mismo tiempo en UCLA

A pesar de las dificultades logran alcanzar el sueño de terminar la universidad; ahora su plan es comenzar la maestría en un año
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Madre e hija se gradúan al mismo tiempo en UCLA
Gabriela Sanchez Abraham y Daniella Abraham están felices de graduarse juntas.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Ni en sus sueños más remotos, Gabriela Sánchez Abraham, una inmigrante mexicana quien por más de 20 años fue indocumentada, se imaginó que un día iba a estudiar en la prestigiosa Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

Menos aún cruzó por su mente que ella y su hija Danielle Abraham irían juntas a la universidad y se graduarían el mismo día.

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“Me siento muy orgullosa. Mi historia demuestra que no debemos danos por vencidos. Aún con todo en contra, siendo inmigrante, mujer, latina, indocumentada, sin hablar bien inglés, separada del padre de mis dos hijos, sin dinero, cuando se nos da una oportunidad, sale algo bueno”, afirma Gabriela Sánchez Abraham con la voz entrecortada, presa de la emoción mientras luchaba por contener las lágrimas.

A sus 52 años de edad, esta madre se graduó con la distinción Cum Laude de la doble licenciatura: Español, Comunidad y Cultura y Estudios Chicanos al obtener un promedio escolar de 3.82.

Su hija Danielle Abraham de 24 años se recibió el mismo día de la licenciatura en Estudios de Género con dos especialidades en Teatro y Estudios Chicanos.

Ahora Gabriela quiere hacer una maestría en negocios; y Daniella en relaciones públicas.

Gabriela Sanchez Abraham recibió mucho apoyo de su hija Danielle Abraham mientras estudiaban juntas la universidad en UCLA. (Photo by Aurelia Ventura/La Opinion)

Años atrás

Madre e hija fueron aceptadas a UCLA en 2014, el mismo día pero con diferencia de horas. “Primero la aceptaron a ella. Yo me puse súper contenta. Me sentí satisfecha. Mi hija se fue a celebrar con sus amigas. Pero cuando me metí a la computadora, me encontré con un correo en el que me felicitaban por haber sido aceptada en UCLA. “Fue una sensación increíble de felicidad”, dice mientras sus ojos se humedecen y se enjuga las lágrimas.

El día de su graduación, Gabriela no pudo evitar recordar todas las barreras que derribó para obtener la licenciatura en UCLA.

“Vine de México en 1985. Primero a Nueva York. Fue difícil porque no sabía el idioma y tuve que comenzar de cero. Después me casé en Los Ángeles y aquí tuve a mis dos hijos. Mi esposo y yo nos separamos cuando mi hija tenía doce años y mi hijo Adán, siete años”.

Con la separación, recuerda que perdió todo: su matrimonio, su casa y su negocio de velas aromáticas. “Tuve que rentar un cuarto, y en un momento dado dormir hasta en mi carro. Tanto en Nueva York antes de casarme como en Los Ángeles, ya separada, fui mil usos, cuidaba niños, limpiaba casas, fui mesera, recepcionista. Trabajaba en lo que saliera”.

Gabriela Sánchez Abraham cursó la licenciatura al mismo tiempo que su hija Daniella Abraham y se graduaron juntas de UCLA el fin de semana.(Photo by Aurelia Ventura/La Opinion)

En busca de un cambio

Cuando logró la residencia en los Estados Unidos, gracias a una persona que la patrocinó, fue cuando cuando pensó que tenía que hacer algo para cambiar  el ciclo. “Yo había terminado la secundaria en Nueva York. No seguí estudiando porque en ese tiempo Migración te localizaba por medio de los colegios”, dice.

Decidida a cambiar su destino, en 2009 se inscribió en el colegio comunitario Los Angeles Valley College de North Hollywood. “En la mañana, trabaja en la limpieza de una casa y en la noche iba al colegio. Mi intención era regresar la negocio de las velas. Nunca se me ocurrió que yo podía ir a UCLA”, cuenta.

Fue en esa época, cuando una prima que se había graduado de UCLA, le platicó del Centro de las Alianzas Comunitarias (Center for Community College Partnerships), un programa de UCLA que motiva a los estudiantes de primera generación, no tradicionales, de hogares de crianza y bajos recursos, entre otros que asisten a los colegios comunitarios a que vayan a una universidad de cuatro años.

Decidí seguir los pasos de este programa que te prepara para la universidad, y en 2014 comenzamos en UCLA”.

Gabriela Sanchez Abraham y Daniella Abraham están felices de graduarse juntas. (Photo by Aurelia Ventura/La Opinion)

Todo un reto

Reconoce que al principio fue muy difícil y hasta quería salir corriendo cuando tomó en UCLA, un curso de preparación intensivo de tres clases en seis semanas. “Si así va a hacer UCLA tan intenso yo no quiero”, recuerda que se dijo a sí mismo. Pero si pudo y quiso. “Ya el cuatrimestre no fue tan duro”, comenta.

Cuando entró a UCLA dejó de limpiar casas y se concentró en sus estudios gracias a la ayuda financiera, préstamos estudiantiles y otros recursos que existen en los colegios comunitarios y en la universidad. “Conforme avanzaba, me sentía mejor. Estaba convencida que la educación es la base para hacer cambios. No importaba si no dormía en dos o tres días. Tenía que lograrlo”.

Y enfatiza que su hija fue un gran apoyo para alcanzar su meta de graduarse. “Las dos hemos trabajando juntas. Muchas veces ella me guió en cómo usar programas de computación ya que mi generación no era tanto de tecnología”.

Las graduadas madre e hija Gabriela Sánchez Abraham y Daniella Abraham junto a Adán Abraham, hijo de Gabriela y hermano de Daniella. (Photo by Aurelia Ventura/La Opinion)

Un sueño hecho realidad

Admite que todavía “no me cae el 20 de que ya me gradué. UCLA era un imposible para mi. Algo muy grande. Una universidad muy competitiva. Tantos alumnos que aplican y no son aceptados”.

Confiesa que su experiencia le enseñó a no darse por vencida.

“Graduarme fue como cuando yo estaba buscando hacerme residente. Fui a ver a tantos abogados. Por eso cuando me gradué, llamé a mis patrocinadores y les di las gracias. No saben lo agradecida que estoy por ayudarme a obtener mi residencia. Y les dije que salió algo bueno de lo que hicieron. Soy una graduada de UCLA”, sostiene feliz.

Gabriela Sánchez cree fervientemente que muchos inmigrantes como ella lo único que necesitan para sobresalir, es una oportunidad como ella la tuvo con la residencia y la ayuda que recibió del programa UCLA/CCCP, Center for Community College Partnerships. “El potencial lo hay, solo pedimos una oportunidad”, exclama.

Desde México, vinieron su abuela y su tía para estar en la graduación de madre e hija, Gabriela Sánchez Abraham y su hija Danielle Abraham. (Aurelia Ventura/La Opinión).

Nunca se imaginó

Danielle Abraham dice que nunca pensó que ella y su mamá harían la universidad juntas. “Nos tocó y me siento muy orgullosa. Nos hemos ayudado y apoyado en muchas cosas. Los maestros se sorprendían de que la mamá y la hija estudiaran juntas. Y alguna vez asistimos a una misma clase. Algunas amigas me acusaban con mi mamá, si hacía algo mal”, dice riendo.

Adán Abraham, el único hijo hombre de Gabriela y estudiante de ingeniería mecánica, reconoce lo honrado que se siente de que su mamá se haya graduado de UCLA. “Aunque no lo hubiera hecho, ella es asombrosa”, dice mirando a su madre con ojos de mucho amor.

Agrega que ella siempre les dice que antes de nacer, uno escoge a sus padres. “yo le digo a Dios que hizo un buen trabajo cuando la escogió a ella”.

Danielle Abraham nunca imaginó que haría la universidad en UCLA junto a su madre Gabriela Sánchez Abraham. Ambas se ayudaron mucho durante la carrera. (Photo by Aurelia Ventura/La Opinion)

Desde México

Desde Izúcar de Matamoros Puebla, México viajaron a Los Ángeles para estar presentes en la graduación de madre e hija, la abuela materna María de Los Ángeles viuda de Sánchez y la hermana de Gabriela, Carmina Sánchez Rodríguez.

La abuela no oculta su júbilo. Entre sollozos, revela lo orgullosa que está.

“Las pocas veces que vine cuando estaba estudiando, yo me iba a dormir, ella se quedaba hasta las dos o tres de la mañana en la computadora. A las seis de la mañana se levantaba. Yo le decía duerme, descansa. Ay mamá no, tengo que estudiar, me contestaba. Yo me preocupaba que se fuera a enfermar, pero le veía tantas ganas de estudiar”.

Gabriella Sánchez dice que su madre solo estudió la escuela primaria y su papá hasta el tercer año de la escuela elemental. Sin embargo, siempre les inculcaron el estudio.

“Sin su apoyo no la hubiera hecho, y mi hermana hasta me apoyaba económicamente”, cuenta.

Pero sin temor a equivocarse, esta madre recién graduada, dice que sus dos hijos Danielle y Adán han sido su inspiración y fortaleza para ir a la universidad y lograr un cambio de vida.