La tragedia que llevó a un invento genial: el número de emergencia 999

El consejo solía ser marcar el 0 para que la operadora te conectara con alguien que te pudiera ayudar, pero una tragedia puso en evidencia la necesidad de encontrar otra solución

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La tragedia que llevó a un invento genial: el número de emergencia 999
Un número al cual llamar cuando más lo necesitas.
Foto: Getty Images

Hay inventos que son tan obviamente útiles y brillantes que ni siquiera reparamos en ellos: parece que siempre han existido.

Uno de ellos fue introducido hace 80 años, el 1º de julio de 1937, en Londres: un sistema que por primera vez le permitió a la gente pedir ayuda en las circunstancias más extremas.

Un número para llamar en caso de emergencia, cuando estamos más vulnerables, cuando estamos en peligro, cuando necesitamos ayuda de alguien que acuda pronto.

Una tecnología que nos permite conectarnos con quienes pueden responder a nuestros gritos de ayuda: el 999.

Aunque en unos casos con otros dígitos, eventualmente la idea de fijar tres para llamar en caso de emergencia se adoptó en casi todo el mundo .

Pero, ¿cómo surgió esa idea?

Empleado de la brigada de bomberos contestando una llamada de emergencia con el nuevo sistema en 1937.
Empleado de la brigada de bomberos contestando una llamada de emergencia con el nuevo sistema en 1937. Getty

La chispa

Todo empezó en el número 27 de Wimpole Street, una calle descrita por la escritora Virginia Woolf como “una de las calles más augustas de Londres”.

En noviembre 10 de 1935, muy temprano en la mañana, un lechero estaba repartiendo botellas de leche y vio que salía humo de la casa del cirujano Philip Franklin.

Gritando “¡Fuego!”, corrió por la larga calle buscando una de las casetas para llamar a los bomberos que solía haber en varios puntos de las ciudades.

Al mismo tiempo, un vecino de la familia Franklin, el dentista Norman Macdonald, empezó a marcar el número 0 en el teléfono de su casa para comunicarse con la operadora y pedirle que llamara a los bomberos.

A pesar de que intentó varias veces, nadie le contestó.

El lechero logró alertar a los bomberos pero cuando llegaron era tarde. El incendio, que el oficial de la estación describió como “el más feroz que he visto” había cobrado 5 víctimas: la esposa y la sobrina del doctor Franklin y tres empleadas, una de apenas 15 años.

Al día siguiente, el diario The Times publicó una carta enviada por Macdonald quejándose de que la operadora no había contestado su llamado.

En la centralita en ese entonces no tenían ninguna forma de saber cuál llamada era de emergencia: todas sonaban igual.

La carta disparó un debate sobre las consecuencias de que volviera a ocurrir, particularmente en áreas en las que no había casetas de emergencia cerca.

999 emergencia
Tenía que poderse marcar fácil y rápidamente, ser memorable y gratis.

Sólo si es urgente

El cruce de correspondencia en The Times llevó al gobierno a establecer un comité para explorar la posibilidad de introducir un número para todo el país que pudiera ser usado para contactar los servicios de emergencia directamente.

Debía ser fácil de recordar y tenía que poder usarse en los teléfonos públicos sin necesidad de insertar dinero.

Un año y medio después del incendio que resaltó la necesidad de encontrar una solución tecnológica a un asunto humano, la nueva línea telefónica de emergencia fue lanzada.

Los medios le explicaban a la gente cómo utilizarla.

Instrucciones para marcar 999
Instrucciones para marcar 999: el teléfono todavía era un invento relativamente nuevo.

Marca 999 si es un asunto urgente: si, por ejemplo, el hombre del apartamento vecino está asesinando a su esposa o si acaba de ver a un ladrón enmascarado merodeando cerca del banco local. Si es menos urgente, si se le perdió el gato o un camión se metió en su jardín delantero, llame a la policía local “.

¿Por qué precisamente 999?

La Oficina General de Correos, en ese entonces encargada de la red telefónica, había propuesto un número de tres dígitos que activara una señal especial y una luz intermitente en la central telefónica. Así, los operadores sabrían que tenían que prestarle atención prioritaria a estas llamadas.

Para que ese número se pudiera encontrar fácilmente en la oscuridad o en una habitación llena de humo por un incendio, fue sugerido que fuera uno de los números que estaban al principio o al final del disco de marcar, pues así podría encontrarse al tacto.

111 fue rechazado pues podía ser activado por equipos defectuosos o líneas frotándose.

222 conectaba con la centralita de la abadía local pues los números en la red de ese entonces correspondían a las tres primeras letras (ABBey, como se dice abadía en inglés, era 222, pues recuerda que el 1 de la A no se usaba).

Al otro extremo del disco, el 000 no se podía usar pues el primer 0 comunicaba con un operador, en cualquier llamada.

999 fue por ello considerada como la opción más sensata.

La primera llamada

Una semana después, en la madrugada, un ruido despertó a John Stanley Beard en la afluente vecindad de Hampstead, en el noroeste de Londres.

El arquitecto relató lo que ocurrió después en el tribunal: miró por la ventana de su cuarto, vio el pie de un hombre y le gritó. Al oír su voz, el hombre corrió por el jardín, saltó unas rejas y siguió en dirección a al barrio Primrose Hill.

Entre tanto, su esposa marcó 999.

“Mi esposa usó la nueva señal que introdujeron en el teléfono y como resultado se conecto casi instantáneamente con la policía y en menos de 5 minutos, un hombre fue arrestado”, declaró en el tribunal.

El hombre era Thomas Duffy, un obrero de 24 años, que luego fue acusado por intento de robo.

“Como dueño de una casa que paga impuestos relativamente altos, sentí que estaba recibiendo algo por mi dinero y quedé muy impresionado”, declaró.

No todas las llamadas al 999 esa semana fueron tan serias como la de la señora Beard: de hecho, de las 1.336 recibidas, 91 fueron para hacer bromas .

Y el resto, es historia

El sistema fue extendido a todas las grandes ciudades del reino después de la Segunda Guerra Mundial, y a todo el país en 1976.

Hoy en día el sistema británico recibe 30 millones de llamadas cada año, unas 82.000 al día.

El 97% de ellas son respondidas en menos de 5 segundos y conectadas con el servicio apropiado, ya sea a las principales -Policía, Servicio de ambulancia, Brigada de bomberos y Guardacostas- o a otras más exóticas como servicios de rescate de montañas o cuevas o arenas movedizas.

Numerosos países adoptaron los mismos tres dígitos -999-, mientras que otros siguieron la misma idea, con otros números, notablemente 911 que se usa en muchos países de América (Estados Unidos lo introdujo en 1968) y el 112 de todos los países de la Unión Europea.

Tres dígitos para toda la Unión Europea. iStock

Cualesquiera que sean los números escogidos, la idea de que en las ojalá pocas ocasiones en las que necesitas desesperadamente ayuda sepas que alguien vendrá a ayudarte perdura.

El 999 no es un milagro, aunque a veces parece serlo: es un invento humano, un producto único de extraordinario ingenio y empatía.