Residentes de un área de Wilmington acostumbrados al olor de petróleo 

El Ayuntamiento de Los Ángeles acuerda estudiar la posibilidad de eliminar o reducir el número de instalaciones petroleras en la ciudad
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Residentes de un área de Wilmington acostumbrados al olor de petróleo 
07/03/17 / LOS ANGELES/An oil well next to a residential community in Wilmington. For years, residents of South LA and Wilmington have been complaining of health problems that they claim are due to the chemical emissions associated with oil extraction. (Photo by Aurelia Ventura/La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Las torres de los pozos y refinerías de petróleo sobresalen de entre las pequeñas casas. Los niños juegan en los patios de sus viviendas con el ruido y el fuerte olor a combustible en el ambiente.

Es la vida cotidiana de los residents de las calles Opp y Lecouvreur en Wilmington, una zona al sur de Los Ángeles donde las refinerías y pozos petroleros han sido una fuenta de quejas por parte de residentes y activistas en pro del medio ambiente.

La familia Equiwa, quien vive al cruzar la calle de una refinería de petróleo, se ha acostumbrado con el tiempo al ruido olor y el olor a gas que las maquinas emanan.

Pilar Equiwa, madre de cinco hijos, dijo que llevan un año y medio viviendo en su apartamento sobre la calle Opp. Cuando la situación es muy molesta solo cierran puertas y ventanas, explicó.

“A veces el olor del gas esta fuerte y a veces hacen un ruido pero no es todos los días”, aseveró Equiwa mientras preparaba su parrilla para celebrar con su familia. Tres de sus hijos jugaban en el patio.

 

Ramiro Equiwa con sus hermanos, Maxine y Alfonso, juegan afuera de su casa, localizada al lado de un pozo petrolero en Wilmington. (Aurelia Ventura/La Opinion)

En la Calle Lecouvreur, Felipe Rico, de 80 años, y su hija Maribel tienen las mismas quejas. Aunque ya se mudó fuera del área, Maribel nació y creció en esa casa.

“Hace poco mi papá fue detectado con una enfermedad pulmonar crónica y no sabemos si es por la refinería o porque hace mucho tiempo fumaba”, dijo Maribel.

Felipe, quien tenía conectado un tanque de oxigeno, dijo que han vivido en la misma residencia desde hace 40 años cuando la refinería todavía no existía.

“Nada mas un día vinieron y se instalaron”, dijo Felipe.

Felipe Rico, de 80 años, y su hija Maribel, han vivido en Wilmington por largo tiempo y se han quejado por los problemas medio ambientales en el lugar.  (Aurelia Ventura/La Opinion)

“Es hora de actuar”

Por años, activistas del medio ambiente han denunciado que las refinerías y pozos petroleros que aún existen en la ciudad de Los Ángeles suponen un problema de salud para los residentes que viven cerca de ellas.

Esas quejas finalmente hicieron eco en el Ayuntamiento de Los Ángeles que votó recientemente a favor de realizar un estudio para investigar los beneficios de la salud pública y las consecuencias económicas de eliminar gradualmente el desarrollo de petróleo y gas alrededor de hogares, escuelas, hospitales y otros lugares públicos.

El administrador de petróleo de la ciudad y el departamento de salud pública del condado de Los Ángeles tienen 120 días para proveer un informe completo.

El tema ya se viene tocando desde hace tiempo en el Concilio. Herb Wesson, presidente del Consejo, pidió en abril un estudio sobre los impactos de la salud de quienes viven cerca de los pozos de petróleo. En aquel momento dijo que se había cansado de escuchar las mismas quejas año tras año “y pensó que era hora de actuar”.

Un grupo de niños practican beisbol en el parque John Mendez, localizado justo al lado de un pozo petrolero en Wilmington. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Su moción requería estudiar la factibilidad de crear una zona de amortiguación, o separación, en lugares donde la gente vive y se reúne. Dentro de la zona de amortiguación, no se permitiría el desarrollo de refinerías de petróleo y gas.

Aunque no especificó cuán grande sería la zona de amortiguación, los activistas esperan que sean al menos 2,500 pies. Esta distancia, estima el Departamento de Petróleo, Gas y Recursos Geotérmicos de California, podría significar el cierre del 90% de los 322 pozos de petróleo activos en la ciudad.

Sin muchas esperanzas

Al señor Javier Correa, quien también vive al lado de la refinería, le agrada la noticia, aunque no le trae muchas esperanzas.

Correa dijo que por muchos años él y un grupo de vecinos estuvieron luchando para que cerraran la refinería puesto que causaba daño a sus propiedades.

“Como por dos años – del 2006 y el 2007 – tenían una máquina que hacia mucho ruido. Cuando la prendían vibraba como si estuvieran golpeando dos con martillos el metal. Fuerte”, recordó Correa. “Todo se movía en la casa. Las casas se cuartearon y los cimientos se partieron”.

Pero las súplicas de los preocupados vecinos fueron resueltas de otra manera, dijo Correa.

Javier Correa, un sobreviviente de cáncer y residente de Wilmington por largo tiempo.  (Aurelia Ventura/La Opinion)

“Algunos dejaron de ir a las reuniones y a otros [la refinería] les dieron dinero y les arreglaron sus paredes y ventanas y les hicieron firmar un papel para que ya no se quejaran”, dijo Correa. “Ellos piensan que todos nosotros somos latinos tontos y quieren que estemos ahí llorándoles y rogándoles”, aseveró.

Correa, quien ha vivido en su casa por más de 40 años, dijo que hace poco fue detectado con cáncer de páncreas. Aunque no puede confirmar que la refinería fue la causa de su enfermedad, esto lo obligó a llevar una vida más calmada.

Dijo que poco a poco él la ha estado arreglando los daños en su casa.

Tania Wayfair con sus nietos Melody y Donovan, afuera de su apartamento, localizado frente a un pozo petrolero en Wilmington. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Por su parte Tanya Mayfair dijo que ella llegó a vivir a su apartamento sobre la calle Banning hace 10 años, justo antes de que construyeran la refinería.

“Cuando la construyeron también pusieron el parque. Querían hacer ver que están haciendo algo bueno por nosotros”, dijo Mayfair señalando el parque de beisbol John Méndez al cruzar la calle, que es parte de la propiedad de la refinería.

“Me acuerdo que en ese tiempo hasta nos dieron unos vales para que fuéramos a lavar nuestros carros porque las máquinas echaban un líquido que le caía a los carros”, aseveró.

Mayfair piensa que es casi imposible luchar con compañías tan grandes y es mejor conformarse porque no hay mucho que ellos puedan hacer.

Demanda

Pero activistas pro medio ambiente tienen optimismo en este estudio.

En 2015, Communities for a Better Environment (CBE) y otros grupos demandaron a la ciudad de Los Ángeles argumentando que los permisos de extracción de gas y petróleo se enfocaban eran desiguales y se concentraban en áreas donde viven minorías. La querella generó que la ciudad adoptara nuevas reglas en cuanto a permisos.

Por su parte, Sabrina Lockhart, vocera de la Asociación de Petroleros Independientes de California, dijo que el Ayuntamiento de Los Ángeles debe tener en cuenta el impacto económico. El cese de operaciones petroleras podría causar la pérdida de empleos energéticos locales, de impuestos estatales y locales, la exposición legal que la ciudad tendrá frente a una toma ilegal de propiedad privada, así como la dependencia del petróleo extranjero importado en los puertos de Los Ángeles.

“Menos petróleo producido aquí bajo estas estrictas normas resultaría en una mayor dependencia del petróleo importado producido con poca o ninguna protección ambiental”, dijo Sabrina Demayo Lockhart, portavoz con la Asociación Independiente de Petróleo de California (CIPA).  “El estudio también debe considerar la calidad del aire y los impactos ambientales de los tanques de buques que transportan petróleo desde el extranjero a los puertos de Los Ángeles y las consideraciones geopolíticas de poner nuestra independencia energética en manos de países como Irak y Rusia”.