La lucha “contra la gentrificación” continúa en Boyle Heights

La lucha mayor frente al capitalismo en Boyle Heights
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La lucha “contra la gentrificación” continúa en Boyle Heights
Tres de los manifestantes.(Patricia Martínez)

En esta ocasión no superan la media docena. Es sábado, 8 de julio, a las 8:30 de la mañana y ya hace un calor bochornoso, hasta tal punto que este día quedará registrado en Los Ángeles como el más caluroso de los últimos 131 años. Parece que el clima no incita a salir a la calle y sumarse al boicot que está teniendo lugar frente al coffee shop Weird Wave Coffee en Boyle Heights, donde miembros del colectivo Serve The People exigen una vez más, megáfono en mano, el cierre de este negocio que apenas cuenta con tres semanas de vida.

“[Weird Wave Coffee] es otro de los cafés que están apareciendo por la zona y que provocan que el precio de la renta suba, por lo que al final las personas de aquí van a acabar siendo desplazadas. Si no pueden permitirse una renta aquí, que es uno de los barrios más baratos de LA, ¿dónde van a poder vivir?; ¿dónde van a ir a continuación?”, se pregunta una de las manifestantes, cuyos abuelos viven en Boyle Heights, que pide no ser identificada. El miedo ante la posible gentrification (aburguesamiento) del barrio es su principal motor de lucha.

Los atuendos de estos manifestantes, sin duda, son su gran atractivo. Tres de los protestantes van completamente vestidos de marrón en alusión al grupo Boinas Café (Brown Berets) del Movimiento Chicano de los años 60. Es imposible adivinar si sonríen o si mantienen un semblante serio pues, al estilo del subcomandante Marcos, la voz del anticapitalista e indigenista Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), un pañuelo cubre sus rostros.

“Es difícil protestar porque hay gente que nos ataca, por eso estamos así [de cubiertos]”, explica uno de ellos.

Manifestante contra la apertura del Weird Wave Coffee shop. (Patricia Martínez)

No obstante, por parte de los manifestantes la protesta está siendo pacífica. Intentan disuadir mediante el diáologo a las personas que quieren entrar a este coffee shop, pero si finalmente lo hacen, no ofrecen ninguna resistencia.

“Están aquí para proporcionar café de 5 dólares a la gente rica que está buscando la manera de transformar Boyle Heights en un barrio de lujo“, reclama en un español algo oxidado, a través del megáfono, otro joven de rostro descubierto. Son pocos los vecinos, bajo un sol de infierno, que se detienen a escucharles.

Además, tres de los manifestantes tienen la cabeza cubierta con las boinas ladeadas características de los Brown Berets (Boinas Cafés), haciendo un guiño a esta organización chicana de mediados de los sesenta que luchó mediante la convocatoria de marchas de estudiantes de secundaria y universitarios (walkouts) contra la opresión y el racismo que en aquella época sufría la comunidad chicana en Los Ángeles.

¿RACISMO CONTRA LOS BLANCOS?

Pese a la repetición de estas protestas, son muchos los vecinos que no ven nada malo en la apertura de este pequeño café. “Cuanto más negocio tengan ellos más negocio tendremos nosotros. Igual unos se toman un café mientras otros se cortan el pelo”, afirma Guillermo Vanegas, salvadoreño, quien desde hace 30 años dirige una peluquería localizada a pocas cuadras del polémico coffee shop.

Otros muchos piensan que la discriminación racial latente detrás de estas protestas, al ser Weird Wave Coffee uno de los pocos negocios dirigidos por blancos en Boyle Heights, no beneficia a la comunidad. “Nos estamos quejando de que por un lado nos discriminan como latinos y nosotros ahora hacemos lo mismo”, apunta una vecina zacateca, que vende ropa a 3 dólares la prenda en la acera de frente los domingos, y que prefiere no ser identificada.

Manifestante contra la presencia del coffee shop. (Patricia Martínez)

“Esto es otro ejemplo de Highland Park o Echo Park o Silver Lake, todas eran comunidades de gente mestiza, comunidades de clase trabajadora de donde las personas fueron desplazadas y que ahora se han convertido en pequeños pueblos hipsters. Eso es lo que va a pasar aquí, y es por eso que estamos aquí”, explica en inglés una joven que participa de la protesta. Pese a que no se pueden ver sus labios, sus palabras desbordan emoción contenida.

Para estos jóvenes, defender su comunidad de lo que consideran una amenaza de aburguesamiento es más una respuesta instintiva que un pensamiento racional. Ya lo han hecho en otras ocasiones. Y no parece que las altas temperaturas del incipiente verano, ni la reciente escasa asistencia a sus convocatorias de protesta, vayan a detener por el momento sus pequeños asaltos al ring económico y cultural del statu quo.

“Al final es una lucha mayor frente al capitalismo”, sentencia uno de los esmascarados.