Paisanos y repatriados pelean por sus bienes en México

No siempre hay un finales perfectos ni fórmulas para prevenir abusos
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Paisanos y repatriados pelean por sus bienes en México
Brenda Mondragón y parte de su familia en México.

MÉXICO.- Brenda Mondragón nunca pensó que regresaría al país que emigró cuando tenía cinco años y mucho menos que tendría que pelear por una propiedad en la Ciudad de México tres décadas después cuando no logró la ciudadanía estadounidense que sí lograron sus padres y fue deportada.

“No pude legalizarme porque ya era mayor de edad cuando lo intenté y luego fui dejando a un lado mi renovación del social security hasta que un día los agentes del ICE llegaron por mi al dar la vuelta de la escuela de mi hija”, recuerda en un paseo por el Bosque de Chapultepec en la ciudad que pretende hacer suya al punto de llevar a juicio un departamento.

Era de su abuela que murió intestada y el padre no lo quiere reclamar. Dice que no le interesa, que él está bien en Bakersfield, lejos de los sismos como el de 1985 que lo obligó a emigrar con toda la familia. “A él no le interesa pero yo lo veo ahora como el patrimonio de mi hija”.

Brenda es un caso muy particular de los muchos que enfrentan cada año miles de repatriados que, de manera intempestiva, se ven en la necesidad de recuperar las casas y terrenos que años atrás dejaron abandonados porque no podían regresar a México o porque sus nuevas condiciones de vida opacaban el pasado.

“No hay una cifra oficial de cuantos casos hay exactamente de paisanos que pelean por sus bienes en México porque el Tribunal Superior de Justicia de la Nación no hace esta clasificación en el registro general de juicios sucesorios y reivindicatorios”, explica Ericka Beatriz Peña, abogada especializada en temas Migratorios del despacho Clye Abogados.

“De los 30 casos que actualmente llevamos de mexicanos en Estados Unidos o que regresaron a México, son cinco los que tienen problemas con propiedades aquí”.

El de Brenda Mondragón es uno de los más sencillos porque no hay peleas entre familiares, sin embargo, por razones que aún se desconocen, la abuela vivía en el departamento 102 del edificio ubicado en la colonia Morelos, cuando en realidad era dueña del 101.

De todos modos el caso se tiene que arreglar pronto porque hay una ley de extensión de dominio y si en el departamento que es de la familia se llega a hacer alguna actividad ilícita el gobierno puede quitarse.

Una situación más complicada viven los abuelos Hernández, quienes se nacionalizaron estadounidenses antes de 1998 y no tienen actualmente la doble nacionalidad. Regresaron a México al funeral de su hija que era militar y aquí se enteraron que el marido de ella se volvió drogadicto y la había abandonado con dos niños que  hoy tienen cuatro y dos años.

La hija de los Hernández estaba casada por bienes mancomunados y los padres temen actualmente que el esposo vicioso reclame una casita y un terreno que quieren para los nietos. El problema es que ellos no pueden estar yendo y viniendo de California porque están a punto de jubilarse.

Otros casos frecuentes están relacionados a fraudes.  Los migrantes enviaban dinero desde EEUU a su familia para que en México construyeran una casa, pero como la propiedad no queda a su nombre, legalmente no les pertenece y muchas veces tienen que enfrentar a sus parientes.

“El problema en general con la gente que ha vivido fuera de México es que no tiene el conocimiento de las acciones que pueden tomar legalmente para recuperar sus pertenencias o no tienen dinero para un abogado particular”, comenta Peña.

El proceso de un litigio puede ser largo, caro y desgastante. A Zenaida Rubio le llevó tres años desde que regresó de Nueva Orleans para cuidar a su padre después de 30 años cuando éste se puso muy enfermo. Entonces descubrió que una de sus cuatro hermanos había manipulado documentos para quedarse como heredera universal.

Al final logró que los bienes se repartieran equitativamente una casa para cada uno pero no siempre hay un final perfecto y no hay fórmulas para prevenir este tipo de abusos. Lo único que se puede hacer es no tener un desapego total a la familia cuando se queda en México.