Exindocumentado y exDACA logra residencia y se salva del castigo de 10 años

Haberse casado con una ciudadana le ayudó, pero hubo otros factores que le ayudaron para no ser castigado
Exindocumentado y exDACA logra residencia y se salva del castigo de 10 años
Juan Ríos con su Tarjeta de Residencia
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Indocumentado por 11 años y beneficiario por casi cinco años del alivio migratorio de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), Juan Ríos logró lo que parecía imposible, obtener su residencia.

Lo consiguió al casarse con su novia de la adolescencia. Pero el matrimonio no era suficiente para las autoridades migratorias; una petición ante migración hecha por su padre hace varios años lo salvó de no ir a Ciudad Juárez y exponerse a un castigo de 10 años por haber entrado sin papeles al país.

Estoy muy feliz. Ya quiero hacerme ciudadano en tres años”, confiesa Ríos, de 31 años.

No hay cifras disponibles de cuántos jóvenes beneficiados con el DACA han logrado obtener la residencia permanente al casarse con una ciudadana o ciudadano estadounidense o a través de otro proceso migratorio.

Juan Ríos con su esposa Nancy Iraeta quien lo ayudó a obtener la residencia. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

El DACA que entró en vigor en 2012, autoriza a los llegados en la infancia un permiso de trabajo y les suspende la deportación.

El abogado en migración Eric Price, que ayudó a Ríos con su petición de residencia, recomienda a los jóvenes que aprovechen cualquier oportunidad de alivio migratorio que se les presente para obtener la residencia. “El propio Juan no sabía que podía hacerse residente”, señala.

Legaliza su situación

Aunque se casó en 2011, no fue hasta 2015 cuando Ríos fue a visitar al abogado Price. “Ya había ido con otros abogados pero me decían que no podía solicitar la residencia porque no me iban a dejar a regresar por 10 años a Estados Unidos”, detalla.

El abogado Price coincide en que ciertamente hubiera tenido que ir a Ciudad Juarez, México y exponerse al castigo de 10 años. Por esa razón, tuvo que encontrar otros caminos.

Juan Ríos da la gracias a su abogado de migración Eric Price por haberle ayudado a obtener la residencia permanente. (foto suministrada)
Juan Ríos da la gracias a su abogado de migración Eric Price por haberle ayudado a obtener la residencia permanente. (foto suministrada)

Cómo evitar el castigo

Price decidió presentar una petición a Migración en base a la Ley de Libertad de Información (FOIA) para hurgar en el pasado de Ríos.

Descubrimos que su padre había solicitado su residencia a través de su empleador, con la forma 245 (i), y Juan estaba enlistado en dicha petición”, detalla el abogado.

También tuvieron que probar que el padre residía en Estados Unidos en el año 2000.

“Fue un proceso complicado que se tomó dos años”, indica el jurista. 

Cuestionado sobre si recomienda a los jóvenes DACA que obtengan un permiso ante Migración para salir  del país (Advance Parole, en inglés) y así registrar una entrada legal en el país, que evite que sean castigados por 10 años si se les presenta la posibilidad de la residencia, Price enfatiza que puede ser una opción para borrar una entrada sin documentos previos.

Sin embargo, aconseja que antes de salir del país, consulten siempre a un abogado para que se aseguren que no corren ningún riesgo al regresar.

Juan Ríos es un exitoso peluquero cuyo sueño es tener su propia barbería y ayudar a su padre a hacerse residente (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Una historia de éxito

Ríos llevaba varias semanas esperando con ansías el correo en espera de su tarjeta de residencia permanente. El 29 de junio, al regresar de su trabajo como peluquero, revisó el buzón y no encontró nada. Desanimado se puso a comer. Al terminar, su esposa le preguntó si quería postre.

“Anda loca, le dije, si tú nunca me ofreces postre. De repente, me dice aquí está tu postre y me entrega un sobre. Cuál va siendo mi sorpresa, era mi tarjeta de residente ”, dice contento.

Su esposa platica que cuando Ríos vio la tarjeta, pegó de brincos. “Nos pusimos a llorar. Él la miraba y miraba una y otra vez”, narra su compañera de vida.

Ríos vino de su natal Puebla, México cuando tenía 14 años en 2001. Llegó con su madre a Estados Unidos para reunirse con su padre que ya trabajaba en Nueva York. “Me crié en Brooklyn – el populoso barrio de Nueva York-”, cuenta.

Nancy Iraeta, una inmigrante salvadoreña se hizo ciudadana para ayudar a su esposo Juan Ríos a obtener la residencia. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

En la secundaria, cuando tenía 16 años, conoció a Iraeta, una inmigrante salvadoreña quien más tarde se naturalizó estadounidense y con quien en 2011 se casó.

En 2012, Ríos se benefició con el DACA. “Fue un gran alivio porque pude sacar mi licencia de manejo y mi licencia como peluquero en California”, dice.

Había ido a la escuela de barbería en Nueva York. Trabajó allá por varios años porque en ese estado. “Basta con tu número de declaración de impuestos para que te den la licencia de peluquero”, dice.

Pero cuando en 2011 vinieron a vivir a Los Ángeles, la vida se les complicó. No podía trabajar en lo que era su pasión, la barbería. “A mi me gustó cortar el pelo desde que era niño. Se lo cortaba a mis hermanos”, recuerda.

Aún sin licencia se puso a ejercer como peluquero. “Me dieron dos multas, una por 1,000 dólares y otra por 2,000 dólares”.

En California, en 2015 se aprobó la ley SB 1159 que autoriza la emisión de licencias profesionales a los inmigrantes indocumentados. No es un permiso de trabajo, pero les permite autoemplearse como contratistas independientes.

En la actualidad, renta una estación dentro de una barbería por las calles Alvarado y 7 en el área de Pico Union.

Los clientes no dejar de llegarle a Ríos. “Me va muy bien. Sale para vivir y viajar”, sostiene.

Lo primero que “Juanito El Peluquero”, como le apodan a Ríos, hizo con la tarjeta de residente en mano, es irse un día a Tijuana. “Parecía un niño. Decía que no podía creer que estuviera en México, y mucho menos que anduviera caminando por las calles. Huele a México”, dice su esposa que le repetía.

A Juan Ríos no le falta los clientes pero ya como residente permanente quieren abrir su propio negocio. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

El nuevo residente permanente planea ir a Puebla en octubre. “Ya tengo los boletos de avión. Cuento los días para ver a mis abuelos. No los he mirado desde que dejé el pueblo. Quiero comer todo el mole que no pude en 17 años”, cuenta sonriendo, sin dejar de pasar la rasuradora eléctrica por la cabeza de uno de sus más asiduos y fieles clientes, Steven Carrillo.

Y los sueños de este inmigrante mexicano se han hecho grandes. “Quiero tener mi propio negocio como peluquero y me gustaría tener una peluquería móvil”, dice fascinado.

Pero aún hay más. Platica que quiere hacerse ciudadano para ayudar a su padre de 50 años a obtener la residencia. “Así va a poder hacer realidad su anhelo de tener su licencia maestra como soldador”, confiesa.

A los jóvenes DACA,  “el peluquero Juanito”, les pide que no pierdan la esperanza de que en un futuro puedan encontrar algún alivio que les de la residencia como a él. “Siempre confíen en Dios”, les aconseja.