Mujeres en prisión

Cuando una mujer es encarcelada, se impacta la vida de sus padres y de sus hijos

Cuando una mujer es encarcelada, sus hijos, sus padres y su familia entera, en cierto modo, también van a prisión. El caso de la pastora Ana Gloria Fonseca, de Riverside, cuya hija está sirviendo una condena en la prisión de Santa Ana, sur de California, ejemplifica los millones de madres, cuyas vidas cambiaron radicalmente, cuando sus hijas perdieron la libertad

Fonseca pidió cambiar el nombre de su hija, por “María”, por cuestiones de confidencialidad.

María, la hija de Ana Gloria, fue encarcelada por primera vez cuando su novio de ese entonces fue detenido por el robo de un auto. Años después, cuando María volvió a prisión por consumo de drogas, Ana Gloria se hizo cargo de su nieto mayor, que en la actualidad tiene 17 años de edad.

A lo largo de los años, la abuela también se haría cargo de sus otras dos nietas, que hoy tienen 15 y 9 años, nacidas entre periodos de condenas. Ana Gloria dejó su empleo para dedicarse a cuidar a sus nietos tiempo completo.

A pesar del amor que la pastora siente por ellos, a quienes, con su actual esposo, criaron como a sus propios hijos, y de su fortaleza para salir adelante, por momentos, la abuela-madre siente la carga que implica llevar adelante a una familia en esas circunstancias.

“En la vida, siempre hay un propósito”, aseguró la inmigrante mexicana, que llegó de su natal Guadalajara, cuando tenía 15 años de edad. “El Señor nunca nos da más de lo que podemos manejar. Para todo hay un propósito y la lucha siempre puede convertirse en bendiciones”, aseguró.

Una vida de desafíos

Desde adolescente, Ana Gloria supo sortear barreras y obstáculos, que la prepararon para lidiar con los desafíos que la vida le tenía deparados.
“Cuando llegué a EEUU, yo le estorbaba a mi mamá, y ella me hizo casar con un viejo 17 años mayor que yo”, recordó la pastora. “Era un hombre muy malo que siempre me golpeaba y me hacía cosas terribles”, confesó con lágrimas en sus ojos. “En un principio, yo me aguantaba porque tenía miedo, no tenía papeles, ni un lugar adónde ir. Pero decidí que no me quedaría con los brazos cruzados”.

Ana Gloria aprendió inglés y tomó cursos de cosmetología y de asistente médica que luego le permitieron ganarse la vida y mantener a sus tres hijos. Eventualmente, Ana Gloria ingresó a la universidad para estudiar teología y se hizo pastora.  En la actualidad,  pastorea en la iglesia True Vine, de Riverside y vende huaraches con su esposo, para poder mantener a su familia.

Para Evelyn, una de las tareas más difíciles es explicarle a su niño por qué su papá no está a su lado.

Cuando el amor y las buenas intenciones no son suficientes

“Mi hija es muy buena y generosa cuando está sin las drogas, pero cuando tomaba heroína, la droga era muy fuerte y la transformaba. Un día llegué a la casa y la encontré llorando y rezando a los gritos, “Dios, ya no quiero ser así’”, recordó la madre con dolor.

Pero no es sólo Ana Gloria quien sufre por la falta de libertad de María, sino también sus hijos.

“El niño mayor es muy bueno, ya va a entrar al colegio, pero es quien sufre mucho por dentro”, describió. “En cambio, la niña del medio es muy rebelde, ya no sé que hacer para ayudarla”, dijo con preocupación.

Ana Gloria contó que la adolescente siempre discute y la amenaza con irse de la casa. La pastora deseó que hubiese más acceso a servicios de consejería y ayuda para los hijos de mujeres en prisión.

“Como madre que vivió ciclos de adicción, encarcelación y falta de hogar (homelessness) sé lo difícil que fue todo eso para mi hija. Tres veces perdí a mi niña, a quien refirieron al sistema de crianza, cuando fui a prisión”, recordó María Alexander, Directora Ejecutiva del Centro para Vivir y Aprender (center4living.org), un centro que busca remover las barreras de empleo para aquellas personas que salen de la cárcel.

Una vez que Alexander cumplió su condena y recuperó a su hija, los problemas de la niña ya eran evidentes.

“Ella necesitaba mucha ayuda. Se le juntaron los años de la adolescencia, con el sentimiento de abandono y otras emociones sin resolver, pero en ese momento, yo no lo sabía”, recordó Alexander.

“Yo pensaba, ‘si puedo retomar mi vida, puedo conseguir un empleo, una vivienda y dejar mi adicción, todo va a estar bien’. Pero el proceso de recuperación es muy difícil y lleva muchos años. La consejería es crucial para los hijos de las mujeres que salen de prisión. Ojalá yo hubiese sabido entonces, lo que hoy sé”.

La organización de Alexander ofrece servicio a aquellas personas que están en proceso de tratamiento y en transición, para salir del sistema de asistencia social (welfare).

“Puedo ver como toda la familia sufre cuando se pierda la unidad familiar”, agregó Alexander.

Evelyn, una de las madres del programa de entrenamiento del Center for Living and Learning, tiene un hijo de 8 años de edad, cuyo padre está en prisión.

“Para mí, lo más difícil es ayudar [a mi hijo] a entender por qué su padre no está a su lado”, indicó Evelyn, quien asistió al taller Root and Rebound, en El Proyecto WorkSource, de Sun Valley, para ayudar a su hijo a procesar la ausencia de su padre.

“Muchas veces, las cosas parecen imposibles, pero con llorar no se gana nada”, opinó Ana Gloria. “Hay que buscarle el lado positivo a las cosas para poder salir adelante. Y yo no pienso en dejarme caer”, concluyó.

Recursos

Existen programas de apoyo para las mujeres que salen de prisión, sus hijos y sus familias.

Compartimos algunos de ellos:

  • Root and Rebound: es una organización de activistas y abogados que ofrece entrenamiento, apoyo y guía para personas que salen de prisión y sus familiares. Para más información, puedes visitar: http://www.rootandrebound.org/ ó http://reentrytraininghub.org/ Para preguntas y asesoría legal, puedes llamar los días viernes, de 9:00 a.m. a 5:00 p.m. al 510-279-4662.
  • Center for Living and Learning. Ofrece entrenamiento pago en su centro de servicio de mensajería para aquellas personas en transición y con obstáculos para conseguir empleo.  Para más información, puedes visitar: center4living.org, ó su centro de mensajería allaboutyouansweringservice.com.
  • Escuela de salud mental de LAUSD. El Distrito escolar de Los Ángeles ofrece a los niños consejería gratuita y otros recursos de terapia infantil. Para más información sobre los distintos centros de atención, visita https://achieve.lausd.net/Page/1517, o llama al (213) 241-3841.

Perfiles

Según el reporte nacional, de 2016, Overlooked: Women and Jails in an Era of Reform, del Instituto Vera de Justicia (https://www.vera.org),

  • Las mujeres son el grupo de más rápido crecimiento en las cárceles de EEUU. En 1970, el número de mujeres convictas era de menos de 8,000. Para 2014, el número había crecido a 100,000.
  • En 1970, el 73% de los condados no tenía ni una sola mujer en prisión.
  • Casi el 80% de las mujeres encarceladas son madres, en su mayoría solteras.
  • Alrededor del 32% de las mujeres en prisión sufren de enfermedades mentales, más del doble del índice entre hombres en prisión.
  • El 86% de las mujeres en prisión reportan haber experimentado violencia sexual en sus vidas.
  • Dos tercios de las convictas son mujeres de color.
  • La mayoría de las mujeres en prisión no cometieron ofensas violentas. El 32% cometió daños a la propiedad, el 29%, por ofensas relativas a las drogas y el 21% por ofensa al orden público.
  • El 82% de las mujeres convictas tienen historias de drogas, dependencia, o abuso de alcohol.