Residencia con sabor agridulce: la recibe en el mejor momento para ayudar a su esposo

Aunque ser residente le trajo un gran alivio, el cuidado de su esposo enfermo es muy estresante
Residencia con sabor agridulce: la recibe en el mejor momento para ayudar a su esposo
Eulalio y Juliana Valenzuela están contentos de que ella haya recibido su residencia este mes, aún cuando él lleva más de un año enfermo de Parkinson y Alzheimer. (Araceli Martínez/La Opinión).

Al mostrar su tarjeta de residencia, Juliana Valenzuela Herrera abraza a su esposo Eulalio Valenzuela y suelta una sonrisa de felicidad que a la vez está salpicada de tristeza.

Y es que un mes después de casarse, su compañero fue diagnosticado con el mal del Parkinson y Alzheimer.

“Nosotros habíamos vivido juntos por 16 años. Desde 2001 que nos conocimos, vivimos entre dos países México y Estados Unidos. Nos casamos en mayo de 2016 y para junio, él enfermó”, platica Juliana Valenzuela.

En noviembre de 2016, Eulalio Valenzuela, un mes después de hacerse ciudadano ya delicado de salud, solicitó la residencia para su esposa. En abril de 2017 acudieron a la entrevista ante las autoridades de migración; y el 14 de julio pasado, recibió la tarjeta que la acredita como residente.

El matrimonio fue la base para que Eulalio solicitara la residencia de su esposa pero su condición médica aceleró el trámite”, reconoce al abogado en migración Eric Price quien ayudó a la pareja con la petición familiar.

Juliana Valenzuela se encarga del cuidado de su esposo, enfermo de Alzheimer y Parkinson. (Araceli Martínez/La Opinión).
Juliana Valenzuela se encarga del cuidado de su esposo, enfermo de Alzheimer y Parkinson. (Araceli Martínez/La Opinión).

“Sin duda que si un ciudadano estadounidense sufre de una condición médica severa como Eulalio, las autoridades siempre le van a dar prioridad y agilidad al proceso de residencia”, señaló.

Y agregó que ellos son un ejemplo para otras parejas o familias en cuyo seno hay un ciudadano que padece de una enfermedad seria, que no se puede valer por si misma; y que depende del cuidado de un miembro indocumentado. El ciudadano puede solicitar y obtener la residencia para ese ser querido sin papeles que se encarga de su cuidado, dijo el abogado Price. “La recomendación es que consulten a un abogado para que conozcan los beneficios migratorio que podrían recibir”, expone.

La tarjeta de la residencia permanente no pudo llegar en mejor momento.

Él ya no se puede quedarse solo. Necesita ayuda las 24 horas y qué mejor, que yo para ayudarlo”, dice Juliana Valenzuela de 57 años.

Y hace ver que ser residente le ha permitido solicitar apoyo de un programa estatal en California que le dará un sueldo de varias horas por día para que se dedique al cuidado de su esposo en el hogar.

Eulalio Valenzuela tiene 65 años de edad y es jubilado pero sus ingresos de 1,200 dólares al mes por su retiro apenas le alcanzan para pagar la renta de 875 dólares por su vivienda y la comida. Al recibir ayuda del gobierno para su cuidado en el hogar, la pareja estima que podrán disponer de un poco más de solvencia económica.

Los Valenzuela se conocieron en 2001 en Culiacán, México. Ella era viuda, madre de dos hijos. Él era soltero y sin hijos. A Juliana, un compadre le habló de Eulalio y le dijo que era un buen hombre y que le gustaría presentárselo para ver si se entendían como pareja.

Juliana Valenzuela se puso feliz al recibir este mes su tarjeta de residencia de manos de su abogado Eric Price. (foto suministrada)
Juliana Valenzuela se puso feliz al recibir este mes su tarjeta de residencia de manos de su abogado Eric Price. (foto suministrada)

Eulalio vivía en Downey, California. Juliana en Nayarit, México. Iniciaron un romance por teléfono que culminó un año después de que se conocieron cuando Eulalio pudo viajar a México a verla en persona.

“Yo fui de Ixtlán del Río a Culiacán a conocer a Eulalio porque su familia es de allá. Al conocernos comenzamos una relación que continuó por 16 años. Yo iba y venía a México”, cuenta Juliana.

Pero 16 años más tarde, decidieron que ya estaba bueno de noviazgo y que era tiempo de casarse.

“Lo hicimos pensando en la residencia porque la verdad para mi era cada día más difícil conseguir un permiso para cruzar con la visa de turista”, explica.

Los agentes en la frontera la sometían a interrogatorios muy pesados. “Me esculcaban mi bolsa, mi maleta. A gritos me querían obligar a que les dijera que yo estaba trabajando en Estados Unidos. Pero eso no era verdad, yo venía a ver a mi compañero y a pasar una temporada con él y me regresaba a  México. Allá estaban mis hijos y mi casa. Tenía dos empleos”, narra.

Cuando le llegó la tarjeta de residencia, admite, que sintió una gran tranquilidad porque ya no tendría que aguantar el maltrato de los oficiales. “Me trataran como si fuera una delincuente. Eran muchos los abusos. Me hacían llorar cada vez que quería cruzar para ver a Eulalio”.

Aún cuando la enfermedad ensombreció sus vidas, Eulalio y Juliana Valenzuela están felices de que ella ya sea residente de los Estados Unidos. (Araceli Martínez/La Opinión).

Con lo que no contaban ambos es que al casarse, de inmediato su felicidad se vería empañada con la enfermedad de su esposo. “Él empezó con temblores en la mano. Se le olvidaban las cosas y cuando manejaba perdía el rumbo y la ubicación del lugar hacia donde íbamos”, sostiene Juliana.

El 3 de junio de 2016, los médicos le dieron la noticia de que no solo sufría del Mal de Parkinson sino que en estaba en la fase inicial del Alzheimer.

“Realmente no pudimos disfrutar de nuestra luna de miel. Al mes de casados, le encontraron las enfermedades”, dice.

Y confía que “a veces me siento muy desesperada porque es muy demandante el cuidado de una persona con Alzheimer. Él debe tomar muchas pastillas diariamente y yo se las tengo que dar porque a él se le olvidan”, observa. Añade que siempre está muy al pendiente de su cónyuge porque se puede salir solo de la casa.

Sin embargo, dentro de todo, se siente muy agradecida casi al punto de las lágrimas porque la residencia le llegó de manera oportuna, y ya que no tendrá que separarse más de su esposo, aún con lo pesado de lo que implica cuidarlo sobre todo con el Alzheimer.

Eulalio Valenzuela nacido en Sinaloa, México hijo de madre estadounidense vino a los 23 años a vivir a Estados Unidos. Se resistió a hacerse ciudadano por décadas hasta que se decidió y se naturalizó en octubre de 2016. “Lo hice para ayudar a Juliana a hacerse residente”, confiesa.

Toda su vida trabajó como operador de maquinaría hasta que se jubiló. “Me siento muy contento de haber ayudado a mi esposa a obtener la residencia”, dice complacido. A ella le ilusiona saber que en tres años podrá convertirse en ciudadana.