Recibe asilo tras ser violada, acuchillada y rociada con ácido en El Salvador

Estuvo detenida 14 meses en Adelanto y consiguió lo que parecía imposible. Ahora quiere trabajar y recuperar a su hijo
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Recibe asilo tras ser violada, acuchillada y rociada con ácido en El Salvador
07/20/17/LOS ANGELES/Asylum recipient and immigrant of El Salvador Rosalina Menjivar discusses how she was a victim of rape, stabbed, and burned with acid because she is a lesbian. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Con la voz entrecortada y la cara humedecida por las lágrimas, Rosalina Rivas Menjivar revive el día lluvioso cuando fue violada por dos hombres en El Salvador, quienes no conformes pretendieron mutilarla al arrojarle ácido y tratar de cortarle los dedos.

“’¡Te sientes hombre! Te vamos a enseñar lo que es ser hombre’, me decían. Yo les gritaba que no lo hicieran, pero no les importó. Después de abusarme, los oí decir, ‘nos vamos a divertir, antes de matarte. Te vamos a cortar en pedacitos’. Con una tenazas, intentaron cortarme los dedos, pero primero me echaron ácido. ¡Fue horrible!”, revela con pánico en su expresión.

“No sé quiénes eran mis atacantes, pero no eran nada bueno. Querían matarme por ser lesbiana pero no lo completaron. Me hicieron varias heridas con un cuchillo. Me quebraron los dedos. Aquí está la señal donde tenían la tenaza”, dice mostrando el dedo anular que como consecuencia del apretón de las tenazas, le quedó engarrotado. “A veces siento los dedos entumecidos”, se queja.

Rosalina Rivas Menjivar muestra algunas de las cicatrices que le dejó el brutal ataque que sufrió en El Salvador. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

El ataque ocurrió en 1988 cuando esperaba el autobús mientras caía una lluvia ligera. “Ven, queremos hablar contigo. Me llevaron a punta de pistola. Hicieron todo lo que quisieron conmigo”, recuerda.

A raíz de la violación, Rosalina quedó embarazada y dio a luz a un hijo.

Cuenta que lo crió hasta los cinco años. Pero todo cambió cuando años más tarde, volvió a encontrarse con sus abusadores. “Ya no eran dos, sino cinco y andaban armados. ‘Antes de que den con mi familia, mejor me voy’, pensé. Me vine para acá (California) y dejé a mi hijo con mi hermana. Mi cuñado le había dado el segundo apellido”, dice.

Emigra a EEUU

Rosalina Rivas Menjivar escapó de El Salvador en 2004, 16 años después de ser violada y torturada. El despiadado ataque le dejó un cuerpo marcado por las cicatrices y decoloraciones en la piel.

Pero las secuelas emocionales la hicieron buscar refugio en el abuso de sustancias.

Un día, ya viviendo en Fontana, California, la policía le dio una multa por manejar bajo la influencia.

En marzo de 2016, la policía la arrestó en un parque por no cumplir con una cita en la corte y la entregó al Servicio de Migración y Aduanas (ICE) debido a su estatus indocumentado.

Sentí que el mundo se me vino abajo. Pensé que no tenía esperanza de salir bien”, dice entristecida.

Es difícil para Rosalina Menjivar hablar del despiadado ataque que sufrió en El Salvador por ser lesbiana. Fue violada, apuñalada y quemada con ácido. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Adelanto, una vida dura

Pasó 14 meses recluida en el Centro de Detención de ICE en Adelanto.

“Es una vida muy dura, complicada. La comida es pésima. Esperábamos con ansias los miércoles y jueves porque es cuando nos da un pedazo de pollo. Es lo mejor que nos sirven”, cuenta.

Para aguantar, platica que se entretenía cantando y escribiendo canciones, poemas y pensamientos.

Pero en ocasiones, narra que la desesperación del encierro y la incertidumbre, la llevaba a discusiones con las internas. “Una vez me metieron al hoyo, la celda del castigo por cinco días. Ahí es feo. No puedes platicar con nadie. Lo sacan a uno a bañarse atado de manos”.

Menjivar estaba en el hoyo cuando intentó quitarse la vida. “Me tomé unas pastillas. Ya no aguantaba. Me estaba asfixiando en Adelanto y regresar a El Salvador no era una opción para mi”, admite.

Fue llevada de emergencia a un hospital y luego la pasaron al Hospital Alvarado de San Diego, especializado en salud mental.

La pesadilla de esta inmigrante terminó cuando en mayo pasado, le avisaron que la dejarían libre. “No me dijeron bajo qué condiciones. Fue mi sobrina quien me recogió, que me reveló que me habían dado el asilo. ¿Qué? No puede ser, no lo puedo creer, grité y mirando al cielo dije, Dios gracias”, narra esta inmigrante mientras sus ojos se vuelven a inundar de lágrimas.

La abogada en migración Erika Román se conmovió tanto con la tragedia de Rosalina Rivas Menjivar que decidió ayudarla a obtener el asilo político sin cobrarle por sus servicios. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Un ángel en forma de abogada

Después de siete meses de estar encerrada en Adelanto, Menjivar supo de la abogada en migración Erika Román que visitaba el centro de detención migratorio con mucha frecuencia y le escribió una carta. Romero tomó su caso sin cobrar por sus honorarios.

“Todo ha sido gratis. Fue como si Dios me mandara un ángel. Yo fui un poquito rebelde y terca, pero con esta abogada que me puso en mi camino, me concedió un milagro. Estoy muy agradecida por la oportunidad”, dice la inmigrante mientras deja salir por primera vez una sonrisa.

Román dice que quedó muy conmovida al conocer la tragedia de la salvadoreña. “Yo escojo con cuidado los casos que atiendo de manera gratuita porque solo tengo dos manos para ayudar, pero su historia no la podía hacer a un lado”, reconoce.

Rosalina Rivas Menjivar intentó quitarse la vida en el Centro de Detención Adelanto para poner fin a la desesperación que sentía al estar detenida por más de un año. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Dice que en una primera etapa, pelearon mucho para que la Corte de Migración le diera una fianza a Menjivar. Dos veces se la negaron. Cuando finalmente se la otorgaron por 20,000 dólares, su único familiar – una sobrina – no tenía los recursos financieros para pagarla. 

“Al mismo tiempo, solicité el asilo y fuimos a juicio. Aunque no teníamos reportes policiacos, ganamos en base a su testimonio y el de su familia. Ella tiene cicatrices y heridas en todo el cuerpo. Fue severamente herida, apuñalada, violada por pandilleros que la quemaron con ácido y un dedo que no puede ser reparado”, subraya.

Román agrega que la historia de Menjivar fue extremadamente impactante para el juez.

Sin embargo, dice que al principio no tenía ninguna seguridad de ganar. “Estaba muy preocupada porque se toma mucho ganar un caso de asilo. Usualmente se tiene que solicitar el primer año que llegas, pero con Rosalina lo pudo peticionar al estar en el Centro de Detención Adelanto”, resalta.

Rosalina Menjivar muestra com sus dedos quedaron engarrotados tras el ataque de odio sufrido en El Salvador por ser lesbiana. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Un cambio de vida

Al obtener el asilo, Menjivar podrá tener la tarjeta de residencia muy pronto, así como un permiso de trabajo.

La lección detrás de este caso, explica la abogada, es que aunque los casos de asilo son difíciles, más bajo la actual administración, pero todavía es posible ganar porque existen leyes cuando se tiene una historia fuerte como la de Menjivar, quien además es parte del grupo LGBT (Lésbico, gay, bisexual y tránsgenero), un grupo protegido.

“Si tienes miedo de regresar a tu país, debes gritar y decir esto me pasó, no está bien. Estados Unidos es un país de oportunidades que da protección a quienes son perseguidos o dañados. Es importante pedir ayuda y decir por qué tienes miedo. Aunque el asilo es un desafío, es posible lograrlo, si presionamos y somos persistentes”, afirma Román.

Lo mejor de todo, dice la abogada es que Menjivar podrá vivir sin miedo. “Ojalá que ella pueda superar sus heridas, ser productiva y tener éxito”, dice satisfecha.

Rosalina Rivas Menjivar toma de la mano a la hija de su sobrina confiada en que el asilo político la llevará a un cambio de vida en los Estados Unidos. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Menjivar está convencida de que el asilo político y la tarjeta de residente cambiarán su vida. “Estoy lista para comenzar a trabajar”, asegura. Esa es su prioridad, como lo es también buscar a su hijo, Alejandro José Menjivar Membreño de 18 años.

“No sé dónde está. Nadie sabe en la familia. Lo único que sabemos fue que se escapó a México después de que los pandilleros lo quisieron matar porque no quería ser parte de ellos. Es mi hijo y lo necesito”, dice.

El Salvador, subraya, sería el último lugar al que quisiera visitar cuando pueda viajar. “Extraño a mi familia, pero regresar, no quiero”, sostiene con una mirada marcada por la tristeza pero llena de esperanza.