Hallan un cráneo de 13 millones de años emparentado con los humanos y todos los grandes simios vivientes

Sería algo así como un tío abuelo lejano; corresponde a un individuo juvenil de unos 16 meses
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Hallan un cráneo de 13 millones de años emparentado con los humanos y todos los grandes simios vivientes
Alesi, el cráneo de una nueva especie de simio encontrada en Africa.
Foto: Fred Soor

Todo indica que Alesi tuvo un destino fatídico: con sólo un año y cuatro meses, puede haber perecido cubierto por la ceniza despedida durante una enorme erupción volcánica. En un área afectada por sucesivos eventos de ese tipo, su cuerpo se desintegró, pero su pequeño cráneo fosilizado se preservó casi intacto durante nada menos que 13 millones de años. En 2014, John Ekusi, un “cazador de fósiles”, lo descubrió en capas de roca del área de Napudet, al oeste del Lago Turkana, en el norte de Kenia.

“John trabaja en el Instituto de la Cuenca de Turkana -cuenta por email Ellen Miller, antropóloga de la Universidad Wake Forest e integrante del equipo internacional que hoy describe el inusual hallazgo en Nature -. Él vio la parte superior del cráneo sobresaliendo de la tierra… Tiene una mirada aguzada.”

“Alesi” es el apodo que los científicos le pusieron a una nueva especie, Nyanzapithecus alesi (del vocablo “ales”: “ancestro” en la lengua de Turkana), cuyo cráneo notablemente completo sugiere cómo puede haber sido un pariente de la base de la familia de los simios vivientes. Sería algo así como un lejano tío abuelo de los humanos y el más completo conocido hasta ahora de un primate extinto de esa antigüedad. La investigación estuvo en manos de un equipo internacional conducido por Isaiah Nengo, de la Universidad Stony Brook, en Estados Unidos, y ayuda a contestar algunas preguntas que se hacían los científicos que estudian la evolución.

El cráneo, como se encontró en la cuenca de Turkana.

“Los fósiles de simio son tan raros, que estamos más que contentos cuando encontramos aunque sea un diente -escribe en un comentario de la misma revista Brenda Benefit, del departamento de Antropología de la Universidad de Nuevo México, Estados Unidos-. El más antiguo que se conoce, de 25,2 millones de años, es apenas una mandíbula. Porciones de cráneos fosilizados y huesos de las extremidades son especialmente escasos y fueron descubiertos para solo un puñado de especies que vivieron en Africa hace entre 23 y 5 millones de años. Nengo y equipo describen un fósil tan raro que nunca pensé que se iba a descubrir en mi vida.”

Humanos, monos y simios somos primates. Orangutanes, gorilas, chimpancés y gibones son simios. A diferencia de los monos, no tienen cola. Los simios caminan más erguidos que los monos, son más grandes y poseen un cerebro más desarrollado. También tienen un período de gestación más largo. “Otra diferencia entre monos y simios es el uso de herramientas”, apunta Rolando González-José, director del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas del Conicet (Cenpat).

Humanos y chimpancés tenemos un ancestro común que vivió en Africa hace entre seis y siete millones de años (Sahelanthropus tchadiensis, apodado “Toumaï”) y desde entonces muchos fósiles espectaculares revelan cómo evolucionaron los humanos, explica en un comunicado la Fundación Leakey, que junto con la National Geographic Society las fundaciones Fulbright y De Anza, entre otros, financiaron las investigaciones.

Pero poco se sabe acerca de la evolución de los ancestros de simios y humanos hace más de diez millones de años. Por eso, no se conocía con precisión si el ancestro de humanos y simios se había originado en África ni cómo era. “El hallazgo es una «figurita difícil», porque el ambiente selvático es muy agresivo para la fosilización y cubre un bache en una época, el Mioceno, en la que estos animales empezaron a evolucionar a tasas rápidas y a salir de África hacia Asia”, dice González-José.

“Éste es el único cráneo conocido de un simio de entre 17 y siete millones de años de antigüedad -agrega Miller-. Corresponde a un grupo de simios extintos que existió en el momento y lugar para estar cerca del origen de todos los grandes simios vivientes, incluyendo a los humanos.”

Conocido por su número de catalogación en el museo, KNM-NP 59050, Alesi permite atisbar ese pasado brumoso. Para entender su mensaje, explica Benefit, los investigadores usaron una técnica llamada microtomografía de rayos X , que permite extraer imágenes en 3D de los dientes en desarrollo dentro de la mandíbula. “Se trata de un método apasionante, porque permite ver el grado de madurez de los dientes, a partir del análisis de las oleadas de esmalte que depositamos cada cinco días, como los anillos de un árbol, en los molares metidos adentro de la mandíbula”, ilustra González-José.

El análisis del tamaño del cráneo sugiere que si Alesi hubiera alcanzado la adultez habría pesado unos 11,3 kilos. “En relación con este peso, la cavidad craneana, de 101 mililitros de volumen, es sustancialmente más grande que la de 35 mililitros de volumen de los monos del Viejo Mundo para el mismo período”, afirma Benefit.

En conjunto, el cráneo de N. alesi tiene características similares a las de los gibones y los grandes simios. Sin embargo, aunque probablemente fue muy parecido en aspecto a los primeros, con una boca diminuta y una nariz pequeña, los autores evitan describirlo como un ancestro directo porque ellos tienen brazos inusualmente largos que los ayudan a deslizarse rápidamente a través de los árboles, y este espécimen parece haberse movido con mayor cautela. Lo dedujeron a partir de la estructura de su oído interno.

“Acá se ve la evolución en mosaico -explica González-José-: la carita bien retraída metida bien abajo de la frente, las órbitas inferiores proyectadas, como inflamadas, y amplia separación entre los ojos. Los gibones se encuentran entre los primates los que despliegan un repertorio locomotor más amplia: tienen hasta ocho maneras de desplazarse: caminan en dos patas o en cuatro, y tienen cuatro o cinco sistemas de locomoción arbórea. Entonces, presentan adaptaciones no sólo en las clavículas y extremidades, sino también en el canal auditivo. Los órganos del equilibro son muy característicos en gibones porque, como están patas para arriba o para abajo, entonces desarrollaron canales semicirculares grandes en relación con la cabeza, justo detrás del tímpano. Ahora bien, este fósil uno esperaría que tuviera ese tipo de canales semicirculares, pero son cerrados y chiquitos, más parecidos a los nuestros, que como nuestras cabezas están más estabilizadas a lo largo del día, no necesitamos tener órganos de equilibrio tan sofisticados. Este «bicho» tiene rasgos de gibón, pero sin duda desplegaba una locomoción más lenta, sin tanta velocidad en el desplazamiento.”

“Para dejarlo en claro: éste no es exactamente el ancestro común de humanos y simios (las chances de encontrar un ancestro preciso de cualquier grupo son muy pequeñas) -aclara por email Chris Gilbert, del Hunter College, en Nueva York-, pero es un fósil íntimamente relacionado con ese estadio evolutivo. Y dado que está vinculado con el ancestro de todos los simios vivientes y los humanos, nos da una buena idea de cómo ese ancestro común puede haber sido. El valor de este espécimen es que se encuentra más completo que ningún otro conocido y representa un grupo de simios sobre los que veníamos discutiendo de hace bastante tiempo. Nuestros análisis muestran que esta apariencia evolucionó muchas veces en simios extintos y no solo en los gibones.”

Según Gilbert, el trabajo en esta pieza empezó en 2014, inmediatamente después de su descubrimiento. “Nuestro equipo analizó y comparó su anatomía durante los últimos dos años y medio, lo que implicó trabajar mucho tiempo en grandes museos internacionales, revisando todos los especímenes de bebes de simios y monos que pudiéramos encontrar de una antigüedad similar a la del fósil. Hicimos muchas mediciones e incluso tomamos tomografías computadas de todos ellos para hacer una comparación tan completa como pudiéramos. A pesar de que nos tomó más de dos años, es un fósil asombroso… y ¡valió la pena!”

 

Por Nora Bär