El padre Greg, el jesuita que nunca dio la espalda a los pandilleros de LA

Boyle ofrece a los pandilleros un refugio, un puesto de trabajo y una vía de sanación
El padre Greg, el jesuita que nunca dio la espalda a los pandilleros de LA
Father Greg en su despacho de Homeboy Industries.
Foto: Patricia Martínez / La Opinión

Gregory J. Boyle —Father Greg para casi todos y G-Dog para sus hommies— no parece ser capaz de multiplicar los panes y los peces, pero sí de aprovechar su tiempo como si sus días no tuvieran 24 horas sino al menos 48: está aquí y allí; en su parroquia de Dolores Mission y en la sede de Homeboy Industries en Chinatown; divulgando su mensaje en universidades y a través de Ted Talks; físicamente ante cientos de pandilleros y de forma espiritual en el corazón de miles de ellos.

Omnipresente, de mirada tranquila detrás de unas gafas estilo John Lennon y vistiendo su característica camisa institucional, Boyle habla despacio en una entrevista exclusiva con La Opinión; bostezando de vez en cuando como quien está cansado, pero ni puede ni quiere bajar su exigente ritmo de vida.

Los pandilleros y expandilleros le escuchan y piden consejo, los medios de comunicación quieren entrevistarle y todos se sienten afortunados de tenerle cerca. Su aureola es amplia y luminosa. Fundador de Homeboy Industries, a sus espaldas descansa el mayor programa de intervención, rehabilitación y reintegración de pandilleros del mundo.

“Tiene que ver con una respuesta médica, ¿cuál es tu diagnóstico? Si crees que estos son ‘tipos malos’ ese es tu diagnóstico, y eso te llevará a un tratamiento estúpido, pero si les miras y ves que tiene que ver con desesperación, trauma, enfermedad mental… ese es un diagnóstico adecuado y eso te guiará a esperanza, sanación y servicios de cuidado mental”, explica este jesuita en relación a la labor que desde 1988 realizan en Homeboy.

LOS VIEJOS MALOS DÍAS

Boyle conoce como nadie la violencia entre pandillas que en los años 80 y 90 desangró el este y sur de LA, cuando según las estadísticas del Departamento del Sheriff existían unos 90,000 pandilleros en todo el condado. “Los viejos días malos eran horribles, niños asesinados todo el tiempo”, recuerda Boyle, “todo-el-tiempo”, enfatiza arrastando cada palabra.

A principios de los 90, se produjeron más de 2,000 homicidios en el condado de Los Ángeles. Las muertes eran tan habituales que, en tres semanas, Boyle enterró a ocho personas. Hasta la fecha, ha oficiado un total de 220 funerales consecuencia de la violencia pandillera. Cientos de niños, jóvenes… que perdieron su vida demasiado pronto. “Ahora son mucho menos comunes”, dice.

Bajo la premisa de que “nada detiene una bala mejor que un trabajo”, gracias a Homeboy Industries cientos de pandilleros aprenden un oficio; reciben estudios; trabajan en diversos negocios —como la popular cafetería Homegirl, una panadería o el servicio de serigrafía— acuden a clases de control de ira, abuso de sustancias… y lo que es más importante, dejan de herirse.

Cocina de la cafetería Homegirl, donde principalmente trabajan expandilleras (Patricia Martínez/ La Opinión).

“He aprendido que esto va sobre aprender de ellos, no sobre salvarlos, arreglarlos o incluso transformarlos. Va sobre recibirlos, tú no vas a los márgenes de la sociedad para salvar a los marginados [palabra que dice en español], sino para que te hagan diferente, te salven a ti”, dice Boyle después de 30 años trabajando codo a codo con ellos.

Sus palabras favoritas en inglés, o al menos, las que más repite son: self-true, kinship, healing; en cambio, cuando usa el español prefiere: abrazo, trauma, marginados… todas ellas reflejo de su humanista empeño en acercarse y darles la mano a aquellos a quienes el resto de la sociedad —por sus antecedentes penales, tatuajes, pasados violentos— rechaza de una forma rotunda.

“Aprendes a no ser prejuicioso porque no hay espacio para el amor cuando se tiene prejuicios”, resume Boyle, consciente de la complicada misión a la que hace tres décadas decidió dedicar su vida. En tiempos de creciente odio, Boyle es ese mago que hace que ex-miembros de pandillas históricamente enfrentadas como Los Bloods y Los Crips, MS-13 y Barrio 18… trabajen juntos y se aprecien como meros seres humanos.

Dibujo a carboncillo del Padre Greg en su despacho de Homeboy (Patricia Martínez/ La Opinión).