Reporteras de la Corte: una profesión bien pagada, pero poco conocida

Las latinas que trabajan en esta carrera disfrutan mucho su trabajo no solo porque tienen un buen salario porque aprenden mucho
Reporteras de la Corte: una profesión bien pagada, pero poco conocida
08/21/17/LOS ANGELES/Alma Zapata, court reporter at El Monte Courthouse (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Se sientan a trabajar casi en el centro de la sala de la Corte. Muy serias, escriben todo lo que escuchan en un juicio a una velocidad de 200 palabras por minuto en una máquina de taquigrafía. Sus mentes están alertas todo el tiempo y no pueden distraerse ni mostrar sentimientos, aún cuando escuchan los más escalofriantes detalles de un crimen.

Son las únicas que pueden interrumpir un juicio: “Su señoría, le puede decir al abogado que hable más lento”, suelen decirle al juez cuando algo que dice un defensor o un fiscal no les queda claro, al apasionarse hablando muy rápido durante sus argumentos.

Ellas son las reporteras de la corte, encargadas de escribir y transcribir – palabra por palabra – lo que ocurre en un proceso legal. A pesar de que que casi son imperceptibles, sus transcripciones son fundamentales como testimonio para cualquier aclaración de todos los que participan en un juicio.

Camille Marquez y Adriana Montañez son reporteras de la corte en la Corte Superior de California en Alhambra. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Alma Zapata, Camille Márquez y Adriana Montañez son mujeres latinas que están muy orgullosas de haber encontrado su vocación en los tribunales criminales del condado de Los Ángeles como reporteras de la corte.

Todos los días se aprende algo

Zapata nació y creció en el Este de Los Ángeles, sus padres son inmigrantes mexicanos. Lleva 32 años en este oficio. “En la corte criminal de El Monte, tengo 20 años, pero comencé en una firma de declaraciones como contratista independiente escribiendo los testimonios rendidos bajo juramento fuera de la sala del tribunal previo a los juicios”, cuenta.

Alma Zapata es una experimentada reportera de la corte de El Monte. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Dice que se interesó en esta carrera cuando acudió al juicio de un familiar y vio en vivo el trabajo de las reporteras de la corte. “Me pareció fascinante”, exclama.

Así que Zapata se puso a estudiar un programa certificado del estado en la Escuela para Adultos de Covina.  “Lo más difícil fue pasar los exámenes, escribir más de 200 palabras por minuto y tener un 99% de precisión”, recuerda.  El examen del manejo de la máquina lo pasó a la primera; pero el de terminología le llevó tres intentos.

“Además de dominar la máquina a gran velocidad, tenemos que aprender la terminología médica, legal y conocer el idioma inglés. Fueron tres años y medio para certificarme y estar lista para un trabajo”, dice.

Al principio, estaba asustada pero conforme logró experiencia, los nervios desaparecieron.

Camille Marquez lleva 40 años que trabaja como reportera de la corte. Primero trabajó para el condado de Orange y ahora para el de Los Ángeles. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Después de tres décadas de ser reportera de la corte, dice que posee un trabajo muy gratificante. “Aunque trabajes por tu cuenta, es bien pagado. Comienzas ganando entre $50,000 y $55,000 dólares al año, pero puedes ganar hasta $100,000 dólares por cinco días a la semana, y te pagan extra por cada transcripción que produzcas”, precisa.

“Eso sí, a veces debes llevar el trabajo a la casa, pero vale la pena porque cada día es diferente y aprendes algo”, considera.

Al preguntarle si el trabajo es posible para quienes el inglés es su segunda lengua, no duda en responder. “Si yo pude, cualquiera puede. Yo crecí hablando inglés a mi padre, y español a mi madre”, dice.

Zapata planea retirarse en siete años con beneficios completos.

Y aunque disfruta y ama su profesión, ha tenido sus momentos embarazosos, como cuando en algún juicio se ha encontrado a gente de La Puente donde creció. “De repente me toca ver a conocidos que llegan acusados de algo. Yo no me siento mal, pero ellos sí se sienten avergonzados al verme”, dice.

Camille Marquez está contenta porque su trabajo como reportera de la corte le han permitido ayudar a su familia y tener una vida estable en lo económico. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Cuatro décadas en la corte

Camille Márquez es toda una veterana y experimentada reportera de la corte. El año que entra cumple 40 años trabajando sin parar. Nació en Los Ángeles, sus abuelos emigraron de México. 

“Era muy joven cuando me embaracé y tuve dos hijos. Era recepcionista en un consultorio médico y no ganaba suficiente. Una enfermera me dio la idea de esta profesión. Y me pareció interesante porque ganan muy bien”, comenta.

Se inscribió en Bryan College en Los Ángeles y estudió por tres años. “En esa época había mucha competencia en Los Ángeles, así que conseguí empleo en el condado de Orange, transcribiendo declaraciones en oficinas de abogados mientras adquiría confianza”, narra.

Después se fue a trabajar a la corte de bancarrota y la corte criminal en el condado de Orange. En 1987 le ofrecieron una posición en la corte de El Monte en el condado de Los Ángeles.

Ser reporteras de la corte es un trabajo muy  gratificante dicen Adriana Montañez y Camille Márquez   (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Al principio, fue muy abrumador. “Pero fui muy afortunada porque encontré otras reporteras de la corte que fueron mis mentoras”.

Márquez dice que no se arrepiente para nada de haber escogido este oficio. “Es una profesión muy flexible cuando tienes hijos y que te da estabilidad económica”, menciona.

Hace hincapié que no solo pueden trabajar en los tribunales sino que se ocupan en audiencias de arbitraje, administrativas, en cadenas de television para escribir los subtítulos para los programas o en la comunicación con las personas con impedimentos para escuchar y hablar.

¿Por qué no hay muchas Latinas?

Considera que se debe a que es una carrera que no se ha promovido, aún cuando habrá una gran necesidad en los próximos 20 años. “Es una gran profesión para los latinos porque en muchas familias no se tiene un ingreso doble. Las reporteras de la corte tenemos que aprender un tercer idioma, la taquigrafía; y para las latinas que ya son bilingües en inglés y español, es una ventaja”, estima.

En Los Ángeles, considera que un tercio de las reporteras de las cortes son latinas.

Márquez dice que se siente muy satisfecha. “Pude comprar mi primera casa, pagar por la educación de mis hijos y hasta por la escuela de leyes de mi esposo, quien ahora es defensor público”, comenta.

Como muchas de sus colegas, ha tenido sus momentos memorables. “Una vez había una de ola calor en la ciudad y el aire acondicionado lo habían apagado en la Corte de El Monte. Me quedé dormida encima de mi máquina durante la selección del jurado. Fue muy vergonzoso. Por fortuna nunca dejé de escribir, todo se registró y rescaté mi máquina a punto de caer al suelo”, dice riendo.

Adriana Montanez ha sido reportera de la corte por más de diez años, y ha podido sacar a sus hijos adelante con su sueldo.(Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

La necesidad la lleva a la corte

Adriana Montañez era una madre adolescente de tres hijos a quien le urgía ganar buen dinero cuando vio un pequeño anuncio de una escuela en una revista de modas que preguntaba “¿quieres ganar dinero como reportera de la Corte?”. No la pensó mucho y  llamó a la escuela. “Me inscribí y terminé en tres años”, dice.

Al año y medio de trabajar en una agencia de declaraciones, pasó los exámenes para trabajar en el condado de Los Ángeles en 2004 y se enamoró de su profesión.

Montañez dice que una reportera de la corte tiene que aprender a hacer muchas tareas a la vez. “Una vez que dominas tu teclado, debes convertirte en un oyente profesional y escribir todo; y si puedes, corregir algún posible error al mismo tiempo”, menciona.

Dice que una década después se siente muy orgullosa de su ocupación. “No me veo haciendo otra cosa. Por eso cuando en 2013 me quedé sin empleo por un recorte de personal, me fui como despachadora en la línea de emergencia 911, pero me sentía muy triste, mi corazón no estaba ahí.  Once meses después fue reinstalada en la corte”, anota.

Y tiene muchas historias por contar.

“Uno de las cosas más divertidas la viví en una audiencia de declaraciones, cuando un abogado le pidió a una mujer que trabajaba como stripper en Las Vegas, víctima de un accidente y que estaba demandando, que le mostrara las cicatrices que aseguraba tener en su cuerpo.

“Ella no tuvo ningún empacho en quedarse en ropa interior y mostrarlas. Pero a pesar de que se las ponía en la cara, el defensor decía que no veía nada. Ella se acercaba más y más, mientras más gente que pasaba, se acercaban a mirar a la mujer semidesnuda. Yo decía dentro de mí, ‘esto no puede estar pasando’ y quería reírme, pero no podía porque no debemos mostrar emociones; y en las escuelas nos enseñan a no darnos a notar y casi ser como un mueble en la corte”, cuenta sonriendo.