¡Agua!, ¡agua!… que aquí hay vida

La carrera contra reloj por rescatar a los sobrevivientes del terremoto en México une a muchos
¡Agua!, ¡agua!… que aquí hay vida
Un rescatista anuncia el hallazgo de Mariana Acosta entre los escombros.
Foto: Gardenia Mendoza / Impremedia

MÉXICO – A las 4:58 de la tarde se produjo un milagro. Después de casi tres horas de labores entre bloques de cemento caídos, fierros retorcidos y una maraña de cables de alta tensión, la masa de escombros a la que se redujo el edificio ubicado en las calle Medellín esquina con San Luis Potosí, de la Colonia Roma (CDMX), sacaron a Mariana Silva, de 24 años.

El sismo de 7.1 grados en la escala de Richter con epicentro en la ciudad de Izúcar de Matamoros, Morelos, había sepultado a la muchacha y otros más que trabajaban para un call center y la empresa alemana de autos Carmach a las 13:14.

Pocas esperanzas tenía el grupo de voluntarios y agentes de protección civil, soldados, policías y curiosos que llegaron para levantar la desgracia ocurrida por el terremoto que se cobró en las primeras horas una cuenta oficial 149 muertos:  55 en Morelos, 49 en  la Ciudad de México, 32 en Puebla, 10 en Estado de México y tres en Guerrero.

A la Roma arribaron con  picos, palas y botellas de agua todo tipo de hombres y mujeres, de estudiantes a amas de casa; oficinistas de traje, albañiles con pantalones batidos por el trabajo del día: todos para aportar un grano de arena tras el colapso de este edificio como otros hicieron lo suyo en los 48 edificios derrumbados, según el recuento oficial.

Voluntarios y rescatistas intentan encontrar vida en medio de un edificio colapsado en la colonia Roma.
Voluntarios y rescatistas intentan encontrar vida en medio de un edificio colapsado en la colonia Roma. Gardenia Mendoza

Un muchacho con un megáfono y una cartulina en la que se leía “silencio” gritaba hasta rasgarse la garganta por silenciar el murmullo de la muchedumbre y así poder escuchar la tenue voz femenina que indicaba que ahí había vida, una esperanza que parecía extinguirse o se perdía entre las voces hasta que de un momento a otro todos callaron al unísono.

Entonces se oyó un quejido seguido por una exclamación, ¡está viva!, cientos de aplausos y las órdenes histéricas de agentes de protección civil y soldados del Plan de Emergencia DNIII para alejar a todos aquellos que no apoyaban en las labores de rescate y que cada vez se acercaban más al edificio para alegrarse el día, al ver aunque sea una superviviente en medio del caos. ¡Atrás, atrás!

Los habitantes de la Ciudad de México están preparados siempre para cualquier azote de la tierra. Justamente este 19 de septiembre antes del medio día realizaron un simulacro como conmemoración del aniversario 32 del Terremoto de 1985 que se cobró oficialmente más de 3,000 vidas.

Pero la realidad fue un golpe de violencia sin electricidad, servicios de internet, fugas de gas, el servicio de transporte público suspendido y el ruido de helicópteros,  patrullas y ambulancias más los derrumbes. Una apocalipsis con hombres y mujeres atormentados por la búsqueda y el reencuentro con los suyos, un sinnúmero de desaparecidos.

La mayoría de los rescatistas concentrados en la esquina de Monterrey y San Luis Potosí confirmaron primero que sus familias estaban bien y después se volcaron a quitar los escombros.

El momento justo del rescate de Mariana.
El momento justo del rescate de Mariana. Gardenia Mendoza

Quitaron pedazos de concreto uno a uno como hormigas y levantaron más polvo. Una retroescabadora se abrió paso para apoyar y detrás la siguieron algunos camilleros y Eloy Casas, un estudiante de letras vecino del edificio, quien llegó retrasado al recate porque no encontraba ninguna tienda abierta para  comprar una pala.

Dio una primera palada pero el trabajo ya estaba adelantado. Mariana Silva salió de los escombros con el pantalón de mezcilla empolvado y los ojos cerrados. Inconsciente. Uno de los rescatistas levantó las manos en señal de “aprobación”.

Los espectadores corren para ver más de ella antes de que se vaya al hospital pero el paramédico cierra la puerta de la ambulancia. Cinco minutos después la vuelve a abrir y grita: “¡Agua, agua, que aquí hay vida”.

Era la vida número 53 rescatada de los escombros hasta ese momento, entre ellos, 11 niños del jardín de niños Enrique ubicado al sur de la ciudad, donde murieron 32 niños y cinco adultos y las labores continuaban para rescatar a otro número indeterminado.

77 AÑOS Y SIN CASA

A unos dos kilómetros de distancia de donde ocurría el rescate de Mariana Silva, Lauro Cantú, de 77 años, regresaba a casa después de suspender la consulta de un paciente en la clínica odontológica debido al sismo. Nunca se casó, ni tuvo hijos y su familia cercana está en Monterrey así que no tenía de qué preocuparse hasta que vio su edificio derrumbado.

Lauro Cantú, frente a su departamento derrumbado en la colonia Narvarte.
Lauro Cantú, frente a su departamento derrumbado en la colonia Narvarte. Gardenia Mendoza

El departamento ubicado en la calle Patricio Sanz 35, en la colonia Narvarte (centro sur, una de las zonas más afectadas de la ciudad) para el que trabajó toda su vida se hizo añicos. Las paredes se abrieron, el estacionamiento en el sótano desapareció y los techos amenazaban con caer cuando él intentó entrar para sacar un dinero ahorrado, pero unos policías se lo impidieron.

“No tengo nada, nada”, dijo a este diario porque su propiedad no tenía seguro antisismos. “Esta noche voy a hablar con un amigo para que me deje quedarme en su casa y luego necesito un mejor empleo, ¿quién me dará empleo para seguir adelante? Soy el mejor odontólogo de este país”.