El último intento en busca de supervivientes del terremoto en México

Familiares de las personas atrapadas mantienen la esperanza de hallarlos con vida
El último intento en busca de supervivientes del terremoto en México
Gustavo Caballero muestra la foto de su padre mientras guarda esperanzas para que lo saquen de los escombros.

MEXICO –  Sentado sobre una banca de madera, a sólo unos metros de donde su padre yace bajo los escombros, Gustavo Caballero está sereno aunque con la mirada perdida en un horizonte carpas y trajín de militares, policías, agentes de protección civil, rescatistas, ingenieros civiles, psicólogos, y tanatólogos que acompañan a las familias de 43 personas que quedaron atrapadas en el edificio 286 de la calle Alvaro Obregón, en la colonia Roma de la Ciudad de México.

Los protocolos internacionales y la norma oficial mexicana dicta que después de 72 horas la búsqueda de personas en condiciones extremas debe detenerse, pero las autoridades han ordenado no frenar las acciones de remoción de escombros aunque los días se acumulen después del 19 septiembre cuando la tierra se sacudió a 7.1 grados en la escala de Richter.

“Mi padre es un hombre muy fuerte puede resistir eso y más“, dice Gustavo sobre el hombre que le dio la vida: David Caballero, un electricista de 70 años que se encontraba aquel martes en el lugar y la hora equivocados: había ido al edificio a colocar unas cámaras de videovigilancia en el cuarto piso de ocho, justo donde ahora se concentran las acciones de búsqueda porque se cree que ahí está la mayoría de los sobrevivientes.

David Caballero Osorio, una de las personas atrapadas tras el sismo de la CDMX.
David Caballero Osorio, una de las personas atrapadas tras el sismo de la CDMX.

El coordinador Nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente, puntualizó que en este punto “el trabajo es muy delicado y cada vez que hay un movimiento de corte las lozas se desplazan y pueden colapsar“.

A los alrededores de la zona cientos de voluntarios civiles esperan en largas filas hasta por cuatro horas su turno de participar en la remoción de escombros. Tienen más oportunidad aquellos con especialidades muy especificas como carpinteros, electricistas o que hablan inglés y así los marcan con tinta negra indeleble sobre los cascos.

El edificio de ocho pisos de Alvaro Obregón 286.
El edificio de ocho pisos de Alvaro Obregón 286.

“Arriba ya huele mal, a putrefacción“, dice Eduardo Brito un traductor que acaba de terminar su turno de dos horas quitando cascajo en la montaña de escombros de alrededor de 20 metros de alto: la altura a lo que se redujeron los ocho pisos.

Mientras tanto, Gustavo Caballero, quien espera noticias de su padre,  ha pedido a su psicólogo que lo deje solo un momento porque no quiere hablar. “A cada familia se le ha asignado un psicólogo como parte de los servicios de la procuraduría (de Justicia del Distrito Federal, del área de atención a víctimas) y eso nos ha ayudado mucho junto con la comida y los espacios para dormir, pero también necesito un poco de soledad“, cuenta a este diario.

Lo que sobra frente a la acera de Alvaro Obregón 286 ahora es apoyo de todo tipo: hay tiendas de campaña con comida, con médicos, psicólogos de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Instituto Politécnico Nacional y otros civiles, además de los asignados por la procuraduría, e incluso masajistas.

Familiares de las víctimas son atendidos por fisioterapistas
Familiares de las víctimas son atendidos por fisioterapistas

 

Voluntarios y brigadistas ayudan a las familias de las víctimas del sismo.
Voluntarios y brigadistas ayudan a las familias de las víctimas del sismo.

Un silbato anuncia que los rescatistas requieren silencio. Liz R. se lleva el dedo a la boca y luego camina hacia los escombros. Ahora mismo podrían dar señales de vida de su primo Adrián Moreno Martínez, de 26 años,  que hace un mes había comenzado a laborar en una empresa del  286.

“Es tan alegre, reflexivo, centrado, no merece esto“, comenta Liz quien llegó al lugar de los hechos en cuanto se enteró que aquel niño a quien de chiquito ella le cambiaba los pañales quedó bajo las ruinas. “No me voy a mover de aquí hasta que mi familia esté completa: somos hijos de ocho hermanos muy unidos y no podemos estar felices sin Adrián: somos la típica familia muégano“.