Eric Hernández lidera un exitoso “imperio” de pupusas en el área de Washington

Hernández tomó las riendas de la cadena de restaurantes "Doña Azucena"
Eric Hernández lidera un exitoso “imperio” de pupusas en el área de Washington
El empresario salvadoreño, Eric Hernández, lleva las riendas de la cadena de restaurantes "Doña Azucena". Foto: María Peña/Impremedia


HERNDON, Virginia
Adoptando el lema de su madre de trabajar “muy duro”,  el empresario salvadoreño, Eric Hernández, procura cuidar el legado de “Doña Azucena”, un negocio de pupusas que, a lo largo de más de tres décadas,  se ha convertido en una exitosa cadena de restaurantes en el área de la capital estadounidense.

En entrevista con este diario, Hernández, de 48 años, esboza una leve sonrisa al recordar cómo su difunta madre, “Doña Azucena”, aceptó el desafío de un amigo suyo en 1985 para que le preparara 50 pupusas para una reunión.

“Ella le dijo que no sabía hacerlas pero aceptó el reto, porque así era mi mamá… a la gente les gustó mucho, preguntaban que quién las hacía, y se regó la voz. La gente empezó a llegar a su apartamentito en Silver Spring (Maryland) a ordenarlas para llevar”, señaló Eric, el mayor de cuatro hermanos.

Hernández aún cursaba la secundaria y, ante la ausencia de un padre que los abandonó y “desapareció del mapa”, era el encargado de hacer las compras del mercado. También reclutaba a sus amigos a “picar el repollo” para el “curtido”,  una salsa levemente fermentada que acompaña las pupusas, que son tortillas típicamente rellenas de carne, queso, o ambos ingredientes.

Los vecinos hacían cola fuera del edificio, y Ceci Azucena Hernández Zavaleta, “Doña Azucena”, para entonces una madre soltera de cuatro hijos, amplió su venta a las canchas de fútbol los fines de semana.

Un vecino salvadoreño, recién llegado al edificio, se quejó con la gerencia de que “le ofendía el olor a la comida”, y casi logró que los desalojara. Pero, según Hernández, quizá fue providencial porque un día que volvía con su madre del mercado, vieron el anuncio de un restaurante a la venta.

“No teníamos los $125,000 que el dueño pedía, pero aceptó que le diéramos $25,000 de entrada y el resto a plazos, y mi mamá pidió prestado entre amigos. El nos ayudó con las licencias… mi mamá quiso poner una pupusería al estilo de las de El Salvador”, dijo.

La apertura de ese primer restaurante, en 1991, también fue un éxito. Ahora, “Doña Azucena” es una cadena de ocho restaurantes, 6 en Virginia y 2 en Maryland, tiene unos 70 empleados,  y genera un ingreso bruto anual de unos $6 millones, aseguró Hernández, sosteniendo con delicadeza un cuadro de su difunta madre.

Eric Hernández quiere continuar el legado de su madre, que inició el negocio familiar vendiendo pupusas en su humilde apartamento. Foto: María Peña/Impremedia

Su éxito coincidió con el crecimiento de la comunidad latina en el área de Washington, D.C, donde los salvadoreños –muchos de ellos desplazados por la guerra civil en la década de 1980- superan los 270,000 y conforman el grupo más grande entre los hispanos.

En 2015,  los salvadoreños totalizaron más de 1,3 millones de personas, o el 40% de toda la población centroamericana en EEUU, que se concentra en las áreas metropolitanas de Los Angeles (California), Nueva York, Washington, D.C., Miami (Florida) y Houston (Texas), según datos del Instituto de Política Migratoria (MPI, por su sigla en inglés).

“Dios, trabajo y sacrificios”

De las paredes del restaurante en Herndon (Virginia) cuelgan artesanías, imágenes religiosas, típicos paisajes salvadoreños, y reseñas y reconocimientos de diarios.

Todo ello sirve de escaparate de lo que “Doña Azucena”, una devota católica hasta su último aliento en mayo pasado, inculcó a sus cuatro hijos: una inquebrantable fe en Dios, una fuerte ética de trabajo, y el orgullo por las tradiciones culturales de El Salvador.

Los restaurantes “Doña Azucena” destacan adornos y paisajes de la cultura salvadoreña. Foto: María Peña/Impremedia.

El éxito ha costado “mucho tiempo, trabajo, y a veces descuidar a la familia”  pero Hernández, padre de cuatro hijos, piensa continuar el legado de su madre, aunque eso implique largas jornadas y correr de un negocio a otro.

Como cada año para Semana Santa, Hernández Zavaleta regresó por última vez a su natal Cojutepeque, en el Departamento de Cuscatlán, donde falleció en mayo pasado a los 68 años por complicaciones de la diabetes.

“Ella era mi apoyo y yo el de ella, me decía que era su mano derecha, y creo que se fue satisfecha de que sus hijos le respondieron… seguimos colaborando bastante con la comunidad de Cojutepeque, como ella lo hacía, ayudando a las guarderías, asilos y a la Iglesia San Juan”, aseguró Hernández.

 “Acá somos familia”

En sentido literal y figurado, Hernández administra la cadena de restaurantes como una familia: la planilla de 70 empleados incluye a dos de sus hermanos, un cuñado, y cuatro empleados que lo han acompañado fielmente desde la apertura del primer restaurante.

“Acá somos familia, porque tenemos que estar unidos. Cuando un empleado tiene un problema, tratamos de ayudarlo”, dijo Hernández, al reconocer que debe parte de su éxito a que se apoya “en gente de confianza”.

El empresario salvadoreño, Eric Hernández, se apoya en empleados que considera “familia”. Foto: María Peña/Impremedia

Hernández fue uno de decenas de empresarios que colaboraron el pasado 16 de febrero con el “Día sin Inmigrante” en el área de Washington, dando libre a sus empleados, con derecho a pago, para que pudiesen participar en las manifestaciones contra la política migratoria de la Administración Trump.

Celebrando la Hispanidad

Para Hernández, el “Mes de la Herencia Hispana” es una oportunidad para “recordar quiénes somos, cuáles son nuestras raíces, y hacia dónde nos dirigimos”.

“Más en estos tiempos tan difíciles que estamos pasando, necesitamos recordar cómo hemos llegado hasta acá, lo que nos ha costado, y pensar en cómo podemos avanzar juntos”, enfatizó Hernández.

Al empresario le molesta escuchar que hablen mal de los hispanos, y la retórica “anti-inmigrante” en ciertos sectores de EEUU, “porque sabemos que la realidad no es ésa”.

“Estoy acá desde los 12 años… la mayoría de nuestra gente viene a EEUU por necesidad y por los problemas en nuestros países, y hace trabajos que la de acá no los quiere. Yo le digo a los jóvenes que valoren los sacrificios de los padres, y sigan luchando”, puntualizó.

Aunque el menú de “Doña Azucena” incluye otros “antojitos” salvadoreños, como empanadas de plátano, chilate con nuégados (buñuelos), panes de pavo, o tamales de pollo, la “venta loca” de pupusas sigue siendo el ancla del negocio familiar.