La Raza indeleble: el Movimiento Chicano que nunca muere

Una exposición fotográfica recupera el trabajo de quienes fueron los ojos de la lucha chicana
La Raza indeleble: el Movimiento Chicano que nunca muere
Luis C. Garza, fotógrafo y comisario, y Cindy Aragón, investigadora
Foto: Patricia Martínez / La Opinión

Jóvenes méxico americanos escapándose de sus institutos, quemando sus certificados de bautismo en lo que pasaría a la Historia como ‘El bautismo de fuego’, marchando codo a codo hasta Sacramento en la ‘Marcha de la Reconquista’. Estos son solo algunos ejemplos de los momentos clave en la lucha chicana de los años 60 y 70, documentados en su día por los fotógrafos de la publicación La Raza, y ahora expuestos en Los Ángeles gracias al Autry Museum y a la Fundación Getty.

“Algunos de mis compatriotas ya murieron, otros están enfermos…  me siento muy honrado de poder presentar personalmente este trabajo de cincuenta años. Es importante compartir con nuestro pueblo esta parte de la Historia que pocos saben”, explica a La Opinión Luis C. Garza, fotógrafo de La Raza de 1968 a 1972, y uno de los comisarios de esta exposición homónima.

Primero en forma de periódico y después de revista, La Raza (1967-77) nació ante todo como una herramienta de lucha y movilización. En sus diez años de vida colaboraron una docena de fotógrafos amateurs conscientes de la necesidad de luchar por los derechos de la población estadounidense de ascendencia mexicana, tan frecuentemente vapuleada e ignorada por las autoridades.

Portadas de la revista La Raza, de la que existen unos 49 números entre periódico y revista (Patricia Martínez/La Opinión)

“Para mí el Movimiento Chicano no fue uno solo como dicen algunos, sino que fueron muchos”, matiza Cindy Aragón, historiadora e investigadora independiente de este fenómeno, “fue un levantamiento contra la Iglesia Católica, pero también por mejores escuelas que preparasen a los jóvenes para la universidad, y por supuesto, contra la guerra de Vietnam”, resume.

Años de gran tensión durante los cuales los fotógrafos de esta publicación inmortalizaron lo que vivían en su propia piel ya fuera en las principales ciudades de los EEUU o al otro lado de la frontera en su querido México. “No se podía separar al activista del fotógrafo. Nosotros éramos de nuestra comunidad, poniendo la mirada de adentro hacia afuera y de afuera hacia dentro”, continúa Garza.

UNA CELEBRACIÓN DE NUESTRA GENTE

No obstante, para este activista veterano, pelo blanco bajo una boina marrón estilo The Brown Berets y gafas redondeadas, la exposición va más allá de las protestas. “Es una celebración de nuestra cultura y  de nuestra gente. Los visitantes se ven a ellos mismos cuando eran niños o ven a sus abuelos, a sus tíos… Es muy emotivo porque un reflejo de ellos mismos”, sentencia Garza.

Una exposición que busca interactuar con el visitante, hacerle recordar aquello que creía olvidado e incluso, ayudar a identificar a quienes aparecen en las imágenes. Si un visitante reconoce a alguien en una fotografía puede escribir su identidad en alguna de las tarjetas distribuidas con ese único propósito a lo largo de la sala.

Los visitantes pueden ayudar a identificar a las personas anónimas protagonista de las fotos (Patricia Martínez/ La Opinión)

“Uno de los hommies se identificó, me mandó el link a su Facebook, nada más, y por las fotos parece que podría ser él”, dice Garza en relación a la imagen que él tomó y que encabeza esta exposición, “parece que hoy es un artista que vive en Nuevo México”, explica en referencia al muchacho chicano en segundo plano que lleva un sombrero negro con un lazo.

Esta exposición podrá visitarte hasta el próximo febrero de 2019, tiempo durante el que se espera que la colección digital, un archivo con 12,000 imágenes de La Raza accesibles en dos ordenadores táctiles, se haya completado hasta alcanzar las 25,000 fotografías. “Es como una galaxia y funciona como un cerebro”, dice Garza fascinado por estas máquinas, “ver como la gente indaga y juega con ellos se siente en el corazón”.