José Huizar: de una casa de adobe al Concejo de L.A.

El hijo de inmigrantes zacatecanos habla de sus raíces y su gusto por la charrería
José Huizar: de una casa de adobe al Concejo de L.A.
Jose Huizar, junto a su esposa Richelle Ríos y sus tres hijas: Emilia, Isabella, Aviana y el pequeño Simón. / foto: Suministrada


¿Quién podría imaginarse que aquel niño nacido en el rancho “Los Morales”, municipio de Jerez, Zacatecas, podría convertirse en el primer inmigrante hispano de la historia en ser elegido concejal de la ciudad de Los Ángeles?

José Huizar nació en una humilde casa de adobe y apenas tenía 3 años cuando fue traído a Estados Unidos por sus padres: Simón Huizar Bañuelos e Isidra Serrano Serrano.

En la década de los 20 Salvador Huizar, su abuelo paterno, formó parte de la cuadrilla de trabajadores que pusieron las bases para la construcción del actual edificio del Ayuntamiento de Los Ángeles.

“Mi abuelo se encargaba de jalar las mulas que llevaban la tierra para la construcción”, recuerda Huizar. “Y mi padre fue parte del Programa Bracero”.

Rememora que fue un niño que disfrutaba del canto matinal de los gallos e ir a bañarse al río cada vez que regresaba a México durante las vacaciones.

“Era maravilloso… Era mejor que ir a Disneylandia”, indica. “Pero también me recordaba la pobreza”.

La familia de José Huizar (i), quienes inmigraron de Jerez, Zacatecas. (Foto: Suministrada)

En efecto, el funcionario elegido tres veces para el cargo de concejal en el Distrito 14, desde 2005, nació en una cuna humilde. Las paredes de su hogar eran de adobe.

Las necesidades materiales pasaban al olvido, cuando cumplía su pasión de ir a las montañas y pasear a caballo. Así surgió su admiración por el Charro de México, Antonio Aguilar. “Admiro a Don Antonio y a Pepe Aguilar”, dice José Huizar. “Me encantan sus canciones”.

Gracias a su gestión, en septiembre de 2012 se develó y se colocó una estatua del Charro de México en la Placita Olvera.

“Admiro a don Antonio y a Pepe Aguilar”, dice Huizar. (Foto: Jorge Luis Macías)

Como muchos inmigrantes hispanos, Huizar batalló para terminar sus estudios universitarios, pero la adversidad nunca lo derrotó.

Obtuvo una Licenciatura de la Universidad de California, Berkeley; una maestría en Asuntos Públicos y Planeación Urbana de la Universidad de Princeton y un Doctorado de la Escuela de Derechos de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA).

Justo cuando estudiaba en Princeton, su padre Simón estaba muy enfermo. A causa del cáncer, los médicos solo le pronosticaban dos meses de vida.
Su familia le recomendó permanecer en la escuela… Hasta que le llegó la fatal noticia. Don Simón Huizar falleció a los 55 años.

“Mi padre sabía que mis estudios eran difíciles, no tanto por las materias, sino por la parte económica”, recuerda Huizar. “Él siempre trabajó muy duro para sacar adelante a todos sus hijos [Leonardo, Salvador, Yolanda y Gloria. Jaime]. Él se me fue un año antes de que yo me graduara”.

Aquel padre era su orgullo. Por él se empeñaba en progresar.

Y en el corazón le quedó un recuerdo imborrable: su padre le dio los $2,000 que había ahorrado para que pagara sus estudios. Para ello, Don Simón se privó de cambiar su vieja y destartalada camioneta.

Simón e Isidra Huizar valoraban el esfuerzo de José, el primero de la familia en ir a la universidad.

En 2005, Huizar se convirtió en el primer inmigrante de origen mexicano elegido para el ayuntamiento municipal en la historia de Los Ángeles, en representación del Distrito 14 (Centro de Los Ángeles, Boyle Heights, El Sereno, Hermon, Monterey Hills, Highland Park, Eagle Rock y Glassell Park).

Un año antes se fue el primer latino en servir en la Junta de Regentes de Princeton.

“Sigue el racismo”

Este inmigrante destaca que, entre sus mayores logros como presidente de la Junta Directiva del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD), estuvieron: la construcción de 630 nuevas escuelas y la provisión de los cursos A-G – necesarios para ir a la universidad – a estudiantes de minorías, los cuales se les habían negado por décadas.

“Reducimos la sobrepoblación escolar”, afirma. “Las clases A-G no se daban… Ahora son miles de latinos inscritos en colegios y universidades; el racismo todavía existe en todas partes; es institucional…No lo muestran abiertamente, pero se sigue dando en la distribución de fondos [económicos]”.

Y agrega: “Está muy bien la diversidad de Los Ángeles, pero el reto es que, vivir en esa diversidad se traduzca en valorar por igual a todos”.

Orgullo hispano

“Me da tristeza que en este país y en la ciudad [de Los Ángeles] todavía tengamos tanta pobreza y que hayamos sido negligentes en el asunto de las personas desamparadas”, considera Huizar. “Gracias a Dios yo he tenido la oportunidad de poner en práctica la cultura de mis padres; llegué como inmigrante a los 3 años y la educación me ayudó a avanzar y a ayudar a otros inmigrantes”.

Huizar disfruta de la tradición de la charrería. (Foto: Jorge Luis Macías y suministrada)

Señala que, aun en medio de las desigualdades, a él no le importaron los comentarios negativos a su alrededor cuando tomó la determinación de triunfar en la vida.

“Me siento orgulloso de ser mexicano, de ser zacatecano”, expresa. “En mi cultura llevo en mis venas la mágica tradición de la charrería; algo que no muchos pueden presumir que tienen”.