Jonathan Hernández: una rosa en el concreto

Joven activista crea organización en Santa Ana para alejar a niños de las garras de las pandillas


Jonathan Hernández tiene 25 años. No es el prototipo de un director ejecutivo millonario de alguna empresa, pero sí el líder joven de una organización que nació no para hacer dinero, sino para salvar vidas.

Hernández mismo surgió de entre las cenizas del oscuro destino que le esperaba. El mismo destino que podría esperarle a cientos de niños y jóvenes del empobrecido barrio Lacy, a no ser por el espacio que les brinda su organización: Santa Ana Unidos.

“Amo a mi ciudad. Amo a mi gente, mi raza, a Santa Ana”, dice este joven que creció sin un padre, tanto en su vida como en un papel.

Es por su madre María Elvia que lleva el apellido Hernández, aunque es como si fuera una identidad extranjera ya que el rostro de Jonathan es casi idéntico al padre lo negó al nacer.

A su progenitor le apodaban “Capone”, como el famoso gángster de los años 20, y era respetado por los pandilleros. Pero a Jonathan le daba vergüenza. No quería esa relación sanguínea.

Jontahan cuando era un pequeño. / Foto: Suministrada

“Nací en el concreto, en medio de una guerra de pandillas en el verano de 1992’, recuerda. “Como muchos jóvenes en la ciudad de Santa Ana, yo también me crié sin padre”.

Vivía en una pequeña casa humilde de dos dormitorios para ocho personas. Se trataba de la peligrosa esquina de Civic Center y la calle Raitt.

“No sabía que me había quedado entumecido ante el dolor, la violencia, la pobreza. ¿Qué puedo decir? Yo nací en un lugar donde había una orden judicial contra pandillas”, expresa Jonathan.

“Pensé que eso era normal, que la gente en las ciudades vecinas debería estar pasando lo mismo… A los ojos de un niño de 7 años [la prohibición de reunirse] solo significaba que era hora de ir a la cama? Puedes llamarle las canciones de cuna de mi generación”.

Estaba solo y asustado en la infancia. Confundido. Sin sentir que valía algo como persona, en aquella casa donde todos eran “cholos”.

A los 17 años, Jonathan se convirtió en padre de una niña que ahora tiene 7 años y es la razón de su vida: Evony Maya. Esta pequeña fue quien lo motivó a redefinir quién era Jonathan Hernández.

Jonathan sonríe junto a su hija Evony Maya. Asegura que la pequeña lo ayudó a salir adelante. / twitter: @johnathanryan_

“Tenía que tener el corazón abierto para amar, los sentimientos para ayudar a quien lo necesita y seguridad en mis emociones”, dice. “El mundo me había ofrecido las drogas, pero yo decidí la opción más difícil, que fue luchar. Es la misma batalla que enfrentan muchos niños”.

Hoy es un hombre fuerte, compasivo y apasionado de lo que hace: prevenir e intervenir en la vida de los niños de Santa Ana, antes que caigan en las garras de los vicios que vio en su hogar.

Lo hace a través de Santa Ana Unidos, un club para niños, jóvenes y sus familias donde ofrece programas gratuitos en deportes, académicos y actividades para madres de familia que aprenden oficios de costura que les ayudan en su economía.

“El resultado que obtendremos será una rosa que creció en el concreto”, dice. “Pregúntame cómo he convertido mi cemento en un jardín de rosas…”.

Uno de los programas principales que ofrece Santa Ana Unidos es el de boxeo. Más de un centenar de niños y jóvenes del barrio Lacy, practican este deporte.

“En este barrio, la gente es demasiado pobre”, dice Jonathan. “El 90% es gente latina y más del 40% de las familias reciben ayuda del gobierno para subsistir”.

Asimismo, la mayoría de estas personas que ayuda este joven mexicoamericano es indocumentada. En ellos ve reflejada la historia de sus abuelitos Enrique Prieto Aguirre e Indelisa Prieto, quienes emigraron de San Juan de los Lagos, Jalisco, y de Aguascalientes, en 1958.

Asegura que conoce las batallas de los inmigrantes. / Foto: Jorge Luís Macías

“A los ojos de otros americanos, ellos llegaron ilegalmente”, indica. “Yo tengo el privilegio de ser una persona de color que conoce las batallas de quien es indocumentado… Por eso enfoco mi lucha en ellos”.

Hoy más de 100 niños están inscritos en su programa de Santa Ana Unidos Boxing Club, que inauguró en noviembre de 2015. “El Club de Boxeo lo adoptamos para promover las actividades físicas y para que nuestros programas sirvan a los menos privilegiados”, asevera Jonathan.

“Muchos niños están en riesgo [de afiliarse a pandillas] y tenemos que ofrecerles espacios recreativos”.

Este joven se esfuerza ahora por crear un programa individualizado de logros para los niños, con apoyo académico y en el que pretende ofrecer tutoría diaria, hábitos de estudio y mentoría a quienes serán los líderes jóvenes del mañana.

Herencia hispana

“Cuando lucho por la comunidad inmigrante y sobre todo por los indocumentados, me vienen a la mente los colores verde, blanco y rojo; me siento como un mexicoamericano de hueso colorado”, dice.

Agrega que es un orgullo ser mexicano y le lastima cuando los derechos humanos de su gente son pisoteados.

“Esta bandera de México es la de los inmigrantes, de las mujeres y de todos los menos favorecidos por la sociedad “, dice el joven activista y benefactor de centenares de niños y sus familias.

“Yo estoy representando también la bandera de la equidad y de la justicia, porque todos somos uno mismo; tenemos la responsabilidad de ser solidarios con toda la gente que viene a Estados Unidos de diversos países… Ese es mi orgullo latino, que provengo de una raza que nunca se rinde, que siempre ha luchado, y por eso hago lo que hago por mi gente”.

Santa Ana Unidos

La organización, fundada en 2005, está en la cuadra 602 E. Calle 4th. Santa Ana, CA 92701. Para más información llama al 1(714) 815-1099