Desde el sur de México, los Tlacolulokos llegaron a romper con todo

Los murales de los artistas oaxaqueños en la Biblioteca Central de Los Ángeles indagan en el pasado y el presente
Desde el sur de México, los Tlacolulokos llegaron a romper con todo
El colectivo Tlacolulokos está integrado por Cosijoesa Cernas y Darío Canul.
Foto: Jeff McLane / Biblioteca Central de Los Ángeles

A finales de los años 20, la Biblioteca Central de Los Ángeles comisionó al ilustrador Dean Cornwell murales que representaran la historia de California.

En esa obra, la historia del estado es una en la que las personas de ascendencia europea aparecen como portadores del progreso y la civilización, mientras que los indígenas figuran como seres serviles o salvajes. Los murales de Cornwell, incluso, niegan las contribuciones de los pueblos originarios, así como su sufrimiento en el proceso de la colonización.

Maureen Moore, directora asociada de la Biblioteca, miró los murales de Cornwell con recelo durante años, hasta que finalmente se propuso encontrar a un artista que pintara una réplica a la narrativa eurocéntrica.

Moore consultó a Xóchitl Flores-Marcial, historiadora experta en comunidades indígenas de Oaxaca, y Amanda de la Garza, curadora asociada del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), en la Ciudad de México. A sugerencia de Flores-Marcial, coincidieron en dirigirse a los Tlacolulokos, colectivo artístico de formación autodidacta conformado por Darío Canul y Cosijoesa Cernas, ambos oriundos de Tlacolula, ciudad ubicada en el Valle Central de Oaxaca.

Amanda de la Garza, Maureen Moore y los Tlacolulokos. (Foto: Gary Leonard/ Biblioteca Central de Los Ángeles)

De la Garza ya había trabajado con los Tlacolulokos en una exposición para el MUAC en 2014. En el marco del proyecto Visualizando el lenguaje: Oaxaca en L.A., comisionado por la Fundación de la Biblioteca de Los Ángeles y la Biblioteca Pública de la misma ciudad, a los artistas se les encargó una serie de pinturas de gran formato que plasmara, desde una perspectiva contemporánea, qué significa ser indígena y migrante.

Tras varios meses de estudio y labor, el colectivo presentó su obra ante una audiencia internacional el 16 de septiembre, a la cual bautizaron con un nombre en zapoteco.

Gal rabenee ladxuu, ra galumbanuu xhten guccran nii ne guitenala’dxinu ca binni ma cusia’ndanu

“Para el orgullo de tu pueblo, por el camino de los viejos y el recuerdo de los olvidados” es el conjunto de murales comisionado al colectivo oaxaqueño. A diferencia de los murales de Cornwell, los personajes indígenas en la obra de los Tlacolulokos—en su mirada y en su postura—proyectan confianza en sí mismos y el poder de autodeterminación.

Los murales de Cornwell y los Tlacolulokos en la rotonda. (Foto: Jeff McLane/ Biblioteca Central de Los Ángeles)

El diálogo entre las dos obras se destaca en la representación de Toypurina, líder espiritual nativo americana en California, que se levantó en contra de los conquistadores españoles en el siglo XVIII.

Los Tlacolulokos llegaron a conocerla durante el año que dedicaron a aprender de Los Ángeles, período durante el cual se la pasaron leyendo, platicando con angelinos y recorriendo las calles de la ciudad. Esto era imprescindible, explicó Canul, porque “uno no puede llegar a pintar en un lugar ajeno”.

En uno de esos recorridos, Cernas y Canul vieron una pegatina con la imagen de Toypurina en Self Help Graphics, un centro comunitario en el Este de Los Ángeles. La historia de Toypurina los impresionó, dijo Canul, “y más por ser mujer”. Fue por ello que los artistas decidieron colocar un dibujo de ella clavado en el cráneo de un conquistador, con fin de delinear una hermandad entre las luchas indígenas del continente.

Detalle del mural de los Tlacolulokos. (Foto: Julia Barajas/ La Opinión)

Además de réplica, la obra de los Tlacolulokos también funge como espejo en el que las personas de ascendencia oaxaqueña pueden trazar su historia y ejercer la autocrítica.

El nombre de los murales, por ejemplo, no solo reivindica una lengua que, a pesar de haber sido vapuleada durante siglos, se mantiene viva. También apunta a la diversidad dentro de la familia lingüística. El zapoteco está compuesto por más de 50 variantes regionales, y la muestra de los Tlacolulokos abarca cuatro de ellos.

Desde los años 40, Los Ángeles ha sido un importante sitio receptor de migrantes oaxaqueños. Dicha población es mayoritariamente de origen zapoteco, uno de los grupos indígenas más numerosos del estado mexicano. La provincia es también una de las regiones con mayor migración a Estados Unidos, en particular a California, donde se estima que hay alrededor de 250,000 personas de origen zapoteca tan solo en Los Ángeles. Es por ello que uno de los murales lleva la palabra “Oaxacalifornia”, término que describe a una cultura binacional marcada por un flujo continuo de personas e ideas.

Los murales de los Tlacolulokos también muestran cómo la migración ha transformado la vida en ambos lados de la frontera. Su obra habla de la partida de parejas al migrar, de la dificultad de criar a hijos cuando las familias están separadas. La tristeza que emiten unos de los personajes apunta a la batalla para adaptarse en un nuevo país y preservar los lazos familiares, todo frente a la discriminación que los oaxaqueños han enfrentado históricamente.

“No buscamos complacerlos”

Tanto Cernas como Canul son impulsados por el deseo de incorporar a Tlacolula en el imaginario internacional del cual suele ser excluido.

La primera vez que Cernas viajó a la Ciudad de México fue para acompañar a sus padres, ambos miembros del sindicato de maestros, a una manifestación. En ese entonces, cuando su familia aguantaba carencias, no se imaginaba algún día llegar a exponer en el MUAC– y mucho menos en Los Ángeles.

Asimismo, cuando Canul era niño, su padre fue asesinado. De adolescente, un familiar le señaló que él es el último portador del apellido, y se propuso darlo a conocer. Pero, subrayó Canul, a los Tlacolulokos no les interesa pintar la imagen de un sitio “donde todos vamos de la mano en un campo de flores”.

Hay división entre los mexicanos, entre los oaxaqueños, entre los zapotecos— y los Tlacolulokos lo recalcan. En este sentido, uno de los personajes de sus murales está ataviado con una vestimenta azteca, lo cual es común entre mexicanos que, al construir su identidad, reivindican el pasado indígena, pero no a la cultura indígena viva.

Y así como critican, los murales de los Tlacolulokos también son criticados. La mayoría de las quejas en su contra están vinculadas a su uso de grafiti y la presencia de la cerveza en su obra. La imagen de un niño tatuado también ha incomodado a muchos.

Los artistas, por su parte, se cansan de explicar que no buscan instar a integrarse a una pandilla ni adaptar una vida de alcoholismo. Su trabajo, dijo Canul, “no se trata de educar ni representar, sino de preguntar”. Además, agregó, “no buscamos complacerlos”.

Cernas y Canul retocando su obra. (Foto: Gary Leonard/ Biblioteca Central de Los Ángeles)

Seguirán en las calles

Durante su estancia en California, Cernas y Canul no limitaron su labor a la Biblioteca Central. Además de la rotonda, también dejaron atrás un rótulo en un restaurante en Boyle Heights, así como murales a lo largo de la ciudad, principalmente en Compton y Watts.

Tal como se lo propusieron, los Tlacolulokos dejaron sus nombres en nuestras calles. Pero Los Ángeles también los marcó. Antes de partir, Cernas y Canul se acercaron a un local angelino e intercambiaron unos de sus dibujos por tatuajes. Cernas ahora lleva su apellido en el brazo. Canul se tatuó el número 1955, año en el que nació su madre, en la pantorrilla.

Al volver a Oaxaca, los Tlacolulokos volverán a pintar en las calles, tal y como cuando empezaron a trabajar juntos en 2006.


La muestra, la cual es parte de la iniciativa Pacific Standard Time: LA/LA, estará abierta al público hasta enero de 2018 en la Biblioteca Central de Los Ángeles.

Ubicación: 630 W. 5th Street Los Ángeles, CA 90071

Horarios:

  • lunes a jueves de 10:00 a.m. a 8:00 p.m.
  • viernes y sábado de 9:30 a.m. a 5:30 p.m.
  • domingo de 1:00 p.m. a 5:00 p.m.

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