Tras huir por amenaza de pandilla, familia latina vive en una minivan en Huntington Park

El condado solo les ofrece 575 dólares como ayuda para renta por una vivienda, pero no hay nada que cueste ese precio

09/26/17/LOS ANGELES/Homeless Guillermo Mier with his wife Estela Andrade and children Cristal Mier, 15, Eduardo, 13, and Cherllin, 12, at a park in Huntington Park. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
09/26/17/LOS ANGELES/Homeless Guillermo Mier with his wife Estela Andrade and children Cristal Mier, 15, Eduardo, 13, and Cherllin, 12, at a park in Huntington Park. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

La familia Mier-Andrade lleva siete meses viviendo en una vieja camioneta minivan que estacionan en un parque en Huntington Park. Sus rostros se ven cansados, sin esperanza.

De noche, duermen amontonados en el vehículo afuera de una gasolinera; y de día, la pasan en el parque Salt Lake de de esta ciudad, al sureste del condado de Los Ángeles.

La familia la componen los padres, Estela Andrade y Guillermo Mier, inmigrantes mexicanos indocumentados. Sus hijos son: Crystal de 15 años, Cherllin de 12 años y Eduardo de 13 años, todo ellos nacidos en Estados Unidos.

“Vivíamos en Victorville – al sureste del condado de San Bernardino- pero tuvimos que huir y dejar la casa que rentábamos porque por poner una denuncia de abuso infantil contra una menor, sufrimos represalias de parte de su familia a la que acusamos. Nos mandaron pandilleros para que nos estuvieran acosando. Nos amenazaban, nos seguían. Era un acoso grupal”, dice Estela.

Guillermo Mier y su hijo Eduardo dentro del carro donde ha vivido la familia por siete meses (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

No reciben ayuda y huyen

“La policía no nos apoyó”, se lamenta.

Como resultado dice que pusieron una queja en el FBI (Buro Federal de Investigaciones) pero no han tenido respuesta. “Nos dicen que están investigando”, expone.

La situación, dice, se puso tan delicada que temiendo por su vida, decidieron huir y venir a Los Ángeles. El esposo dejó su trabajo como mecánico.

Pero en Los Ángeles no pudieron encontrar un lugar para rentar que pudieran pagar. Una agencia para desamparados – The Whole Child – los apoyó con el pago de la vivienda por un mes y el depósito, que dejaron cuando tuvieron problemas con el propietario al quejarse de que el sótano que les había rentado estaba infestado de cucarachas y otras plagas.

“Después en el condado nos dijeron que ellos nos podían ayudar con 575 dólares para pagar la renta, que buscáramos una casa por ese precio. Pero ¿dónde vamos a conseguir un sitio por esa cantidad?”, cuestiona.

Añade que encontraron un lugar con una recámara en Huntington Park por $1,400 dólares, pero además de que no la podían pagar, les dijeron que cinco eran muchos para ese departamento, y no sé las podían alquilar.

La vida en un carro es muy dura para la familia Mier-Andrade sobre todo para sus hijos menores. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Una vida llena de incertidumbre

La vida en el carro ha sido muy dura, sobre todo para los menores. “Por las noches, por compasión, la encargada de una gasolinera aquí en Huntington Park nos deja estacionarnos afuera, abajo de una lámpara de alumbrado público. Ahí tienen baños que podemos usar”, narra la madre.

La familia no puede quedarse a dormir en su auto en el parque Salt Lake porque no está permitido. “La policía llega a levantarnos”, dice Estela.

Y dormir en un vehículo implica muchos riesgos, aún en los patios de la gasolinera donde se quedan por las noches. “Una vez un hombre abrió la puerta del carro y trató de tocar a mis hijas”, comenta.

La familia recibe un total de 320 dólares al mes de ayuda del gobierno por los tres hijos. “Apenas si nos alcanza para llegar al mes”, precisa.

En las mañana, al despertar se van a un supermercado. Ahí les compran a los hijos un yogur y un pan para que desayunen antes de irse a la escuela. “En los baños del súper, les doy una peinada. Se limpian con un trapito y se lavan la cara antes de irse a la escuela”, menciona.

Estela Andrade ayuda a sus hijas Crystal y Cherllin a arreglarse en los baños del parque Salt Lake de Huntington Park. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

“Cuando regresan, vamos a una tienda 7-Eleven y les compro una sopa Maruchan o un pedazo de pizza. En esas tiendas tienen hornos de microondas para calentar la comida”, platica.

En la noche, les compra un poco de leche y un pedazo de pan para que no se duerman sin nada en el estómago.

Los menores pasan el día en el parque Salt Lake. Ahí hacen sus tareas sentados en el pasto. “A veces vamos a la biblioteca, pero nos gusta estacionarnos aquí porque hay baños que pueden usar”, dice la madre.

La camioneta en la que duermen está repleta de cobijas y su escasas ropas.

A veces tienen que lidiar con los pandilleros que rondan el parque y que intimidan a los menores.

Cuando podemos nos quedamos una noche en un hotelito y es cuando nos bañamos”,  menciona la progenitora.

Guillermo Mier y su esposa Estela Andrade y sus hijos Cristal Mier, 15, Eduardo, 13, y Cherllin, 12, viven en su auto que estacionan en un parque en Huntington Park.(Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Todo es tristeza

Los tres hijos se ven tristes y sus miradas denotan desconfianza y melancolía. No se ríen para nada.

La hija mayor sufre un tipo de deficiencia intelectual, comenta su madre.

Los tres reciben terapia. Eso es lo único que les da fuerza para vivir en la calle”, confía la mujer.

Los tres asisten a la escuela. La mayor va a la secundaria South Gate, y los dos menores a la escuela intermedia Gate de Huntington Park.

“Yo he pedido apoyo en las escuelas. Al Consulado Mexicano en Los Ángeles he ido cuatro veces. He pedido ayuda a muchas organizaciones pero nadie nos ha respondido”, dice desconsolada esta madre. “Es mucha incertidumbre y muy doloroso vivir así”, reconoce.

Dice que lo primero que quieren es asegurar un techo. “Sin un techo ni siquiera podemos salir a buscar trabajo. Y después queremos buscar un abogado que nos ayude con el caso de acoso que sufrimos en Victorville”, menciona Estela  mostrando un puñado de papeles, vídeos y grabaciones de voz que documentan las supuestas amenazas que recibieron.

Sin empleo y con la escasa ayuda del condado, para la familia Mier-Andrade es muy difícil encontrar quién les quiera rentar.(Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Vehículos por hogar

Según el último conteo de personas sin hogar de la Autoridad de los Servicios para Desamparados de Los Ángeles (LAHSA) para 2017, se había registrado un aumento de un 50% en el número de las personas que viven en un auto. 

Esto quiere decir que cada vez más angelinos duermen en sus automóviles porque no pueden pagar por una vivienda. El conteo registró 7,000 personas durmiendo en sus carros por las noches en Los Ángeles.

En febrero pasado, el Concejo de Los Ángeles aprobó una ordenanza local que prohíbe que los vehículos que funcionan como vivienda para los sin hogar se estacionen en barrios residenciales de 9:00 de la noche a 6:00 de la mañana. La medida estará vigente hasta julio de 2018 cuando será evaluada.

En total, el número de personas desamparadas en el condado subió 23% en un año para hacer una suma de 57,794 angelinos sin un hogar. Hay ,1537 familias viviendo en las calles del condado, y 891 menores de edad dentro de esas familias.

El más reciente censo daba cuenta de 11,861 latinos desamparados. Los latinos son el grupo étnico más grande de los sin hogar después de los afroamericanos quienes ocupan el primer lugar en esta población.

Según el portal Cafe Rent, los alquileres de habitación en Huntington Park han subido un 35% en el último año. Un departamento de una recámara cuesta en promedio 1,250 dólares.