Veterano de guerra con PTSD se va a suicidar, pero algo inesperado le salva la vida

Hay momentos en la vida que necesitamos tomar perspectiva para superar los baches y seguir el camino con fuerza

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Veterano de guerra con PTSD se va a suicidar, pero algo inesperado le salva la vida
Veterano de guerra con síndrome postraumático.
Foto: Youtube/Mutual Rescue

Josh Marino es veterano de la guerra de Irak. Durante mucho tiempo luchó contra los efectos del trastorno de estrés postraumático (PTSD, por sus sigles en inglés), una condición común entre muchos de los soldados que regresan tras estar en combate.

Josh narra su historia en el cortometraje “Josh & Scout”, de Mutual Rescue, una organización que tiene como objetivo cambiar la forma en que la gente ve el bienestar animal y la adopción.

El PTSD lo llevó al borde del suicidio, pero un encuentro inesperado con un gato, al que llamó  Scout, cambió su vida entera.

A pesar de que para Josh llevar el uniforme de los Estados Unidos y servir como militar en la guerra de Iraq fue un honor, le dejó graves secuelas.

En un despliegue por tierra en Bagdad, los morteros explotaron a pocos pies de él. Las consecuencias fueron una lesión cerebral traumática, que le llevó también a desarollar  PTSD.

También ansiedad severa y una falta extrema de concentración y memoria. La depresión de Josh le llevó a un pozo sin fondo. No veía la  luz.

Una noche, Josh decidió que se iba a quitar la vida, incluso redactó una nota de despedida. Pero antes de poner fin a sus días, decidió salir a fumar un último cigarrillo bajo la lluvia.

Fue entonces cuando oyó un sonido que provenía de los arbustos: un suave maullido.

Un gatito blanco y negro surgió de los arbustos.

El gato callejero se acercó hasta Josh y se frotó contra su pierna, dejando que Josh lo acariciara. Este pequeño acto de bondad, de vulnerabilidad, llevó a Josh a derrumbarse emocionalmente, y comenzó a lloarar sin poder evitarlo.

“Supe que había algo que no podía controlar”, confiesa Josh. “Dejé de pensar en todos mis problemas, y empecé a pensar en todos sus problemas, y lo que podía hacer para ayudarle”.

Josh y el gatito perdido formaron un vínculo especial. Todos los días salía con un plato de atún para el felino y él subía a su regazo para agradecerle el menú.

Josh consiguió ilusionarse y cada día esperaba con ganas el encuentro con su nuevo amigo de cuatro patas. Pero un día, el gato dejó de aparecer..

Josh se angustió, pero, afortunadamente, el trabajo del gatito ya había hecho su efecto. Josh ya había cambiado.

No solo estaba mucho mejor del PTSD, sino que estaba preparado para empezar una relación.

Josh comenzó a salir con una mujer llamada Becky, a quien conocía desde la escuela secundaria.

A los pocos meses de su relación, Josh y Becky visitaron un centro de adopcion de animales.

Josh se sorprendió cuando uno de los gatos llamó su atención  y le dio una palmada en el brazo, ¡era el mismo gato callejero con el que tanto había conectado!

Josh adoptó inmediatamente a su viejo amigo y lo nombró Scout. Rápidamente se convirtió, otra vez, en una parte importante de la vida de Josh.

El veterano guerra se mudó a Pittsburgh para estar con Becky, y se casaron un año después. Becky ya tenia tres gatos, peo Scout no tuvo problemas para incorporarse y ser uno más en esa gran familia.

Scout continuó cambiando la vida de Josh, incluso después del matrimonio de la pareja.

“Me hizo querer ser mejor persona y mejorar cada día”, explica Josh.

Josh comenzó a hacer más ejercicio, dejó de fumar, empezó a comer sano e incluso regresó a la escuela.

Tristemente, un día, Josh regresó a casa y no vio a Scout esperándolo en la puerta, como de costumbre. Cuando finalmente lo encontró, Josh se alarmó al ver que Scout tenía un comportamiento extraño. No se movía con agilidad.

Lo llevaron al veterinario, donde Scout fue diagnosticado con leucemia felina. Una transfusión consiguió darle al  gatito 2 semanas más de vida, el tiempo necesario para mimarle y disfrutar de él.

Una noche después del diagnóstico, Josh notó que Scout no podía respirar bien. Lo intentaron llevar al veterinario otra vez, pero el gatito murió en el camino.

“Me dolió tanto. Me salvó la vida, incluso antes de que fuera mi gato “, admite Josh.

Scout ya no está, pero dejó una huella difícil de olvidar.